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Cuatro generaciones y un legado centenario

Medio siglo en el corazón de Badajoz: la historia de Castellano Joyeros

Celebra 50 años en la ciudad, un hito que refleja la tradición familiar y la adaptación a los tiempos, desde su primera ubicación en la calle San Juan hasta su consolidación en la calle Obispo

Vídeo | La joyería Castellanos de Badajoz cumple 50 años

Santi García

Rebeca Porras

Rebeca Porras

Badajoz

Medio siglo después de su llegada a la calle Obispo San Juan de Ribera, Castellano Joyeros celebra 50 años en una de las vías más céntricas de Badajoz. Una historia de tradición familiar, esfuerzo constante y adaptación a los tiempos que ha convertido a esta firma en un referente emocional para la ciudad.

Aunque la tienda actual cumple cinco décadas, el origen del negocio se remonta a mucho antes. "Somos la cuarta generación de este proyecto que empezó hace más de cien años", explica Rafael Castellano, uno de los propietarios junto a sus hermanos. La aventura comenzó con su bisabuelo, continuó con su abuelo y tomó forma definitiva con sus padres, quienes abrieron la joyería que hoy sigue latiendo en pleno centro.

De la calle San Juan al gran salto

La primera ubicación estuvo en la calle San Juan, frente a la iglesia de la Concepción. Después vendría Meléndez Valdés y, finalmente, en 1976, el gran salto a la calle del Obispo. "Fue un cambio radical", recuerda Rafael, que por entonces solo tenía 4 años. De una tienda pequeña pasaron a un espacio de tres plantas, con taller propio y hasta 15 profesionales trabajando en él. Casi 1.000 metros cuadrados que, en su momento, parecían una apuesta arriesgada. "No había en toda España joyerías como esta", añade Cristina Castellano, también propietaria de la tienda, que tenía ocho años cuando se produjo el traslado.

"La calle estaba en obras. Hemos visto construirse casi todos los edificios que nos rodean", cuenta. Salvo el Casino y el antiguo instituto Bárbara de Braganza, el entorno creció al mismo tiempo que la joyería.

Clientes observan y seleccionan piezas en el interior de la joyería.

Clientes observan y seleccionan piezas en el interior de la joyería. / Santi García

Núcleo comercial

Los hermanos coinciden en que el centro ha cambiado mucho. "La vida y la actividad que tenía antes no tiene nada que ver con la de ahora", lamenta Rafael. Las dificultades de acceso y aparcamiento han restado dinamismo a una zona que fue durante décadas el epicentro comercial.

Aun así, la fidelidad de los clientes se mantiene. Generaciones enteras han comprado aquí alianzas, anillos de compromiso, pendientes de brillantes o piezas personalizadas. "Esta mañana una clienta me decía que compró aquí sus alianzas hace 48 años", apunta Cristina.

Cristina Castellano en la joyería.

Cristina Castellano en la joyería. / La Crónica

Artesanía y modernidad

Castellano Joyeros ha sabido combinar la artesanía tradicional con las técnicas más modernas. Mantienen taller propio y fabrican piezas a medida, pero también han adaptado su estructura al comercio digital. La antigua planta de decoración es hoy oficina y centro de gestión de la página web.

El sector, reconocen, ya no es el de antes. El precio del oro ha transformado el consumo y algunas piezas clásicas, como las cadenas gruesas, son ahora menos accesibles. Sin embargo, "la sortija con brillante, la piedra de color o los pendientes siguen teniendo su público", asegura Rafael.

Rafael Catellano en el interior de la joyería.

Rafael Catellano en el interior de la joyería. / Santi García

Discreción y momentos únicos

A lo largo de estos años han salido de sus vitrinas piezas muy especiales. Algunas vinculadas a hermandades, como la Corona de la Soledad. Otras, encargos privados que permanecen en la más estricta confidencialidad. "Esto es secreto profesional", subraya Cristina con una sonrisa, tras confesar que recientemente ha vendido cinco anillos de compromiso a compañeros de clase de su hijo, sin revelarle jamás sus nombres, hasta que ellos mismos hagan el anuncio.

Porque si algo define a la casa es la confianza. "Vendemos momentos especiales: pedidas, bodas, bautizos, comuniones… Formas parte de la alegría de las personas", dice Rafael.

El esfuerzo como clave

Cuando se les pregunta por la clave de estos 50 años, Cristina asegura que "es el esfuerzo y estar pendiente del cliente todos los días". Muchas horas de trabajo, muchos sábados sin descanso y una dedicación que no siempre se ve desde fuera.

El futuro, admiten, es incierto. La quinta generación aún está por decidir su camino, pero la voluntad es que el legado continúe. "Estamos trabajando para cumplir otros 50 años más", señala Rafael, mientras que su hermana reconoce que le gustaría que siguiera siendo un negocio familiar, quizá con una web y una pequeña tienda de apoyo. "Creo que hay posibilidades de que esto siga adelante".

Castellano Joyeros (Badajoz) en el año de su inauguración, 1988.

Castellano Joyeros (Badajoz) en el año de su inauguración, 1888. / Cedida

Medio siglo después de aquella apuesta que muchos tildaron de "locura", Castellano Joyeros mantiene vivo su encanto en la calle del Obispo, formando parte -como ellos mismos dicen- de la historia viva de Badajoz.

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