Testimonio
Un pacense diagnosticado con una enfermedad degenerativa descubre 21 años después que está sano
A José Domingo Jiménez, vecino de Guadiana, su reumatólogo le detectó una espondilitis anquilosante cuando tenía 26 años y, tras casi dos décadas de tratamiento, su nuevo médico ha rectificado el diagnóstico: nunca tuvo esta patología
"Me había desahuciado a mí mismo y me he privado de todo. Hace poco más de un mes que lo sé y aún lo estoy asimilando", asegura

Santiago García Villegas

A José Domingo Jiménez Jaramillo la vida le cambió el 14 de octubre de 2005. Tenía 26 años y le diagnosticaron una enfermedad crónica y degenerativa, que 21 años después ha descubierto que nunca ha tenido. Está sano y lo ha sabido con 47 años y tras casi dos décadas de tratamiento. Ha sido un "alivio", pero también "un shock".
"Me había desahuciado a mí mismo y me he privado de todo. Hace poco más de un mes que lo sé y aún lo estoy asimilando", asegura este pacense.
Su historia comenzó por unos dolores de espalda. Un reumatólogo del Hospital Universitario de Badajoz (en el 2005 aún Infanta Cristina), tras realizarle pruebas, le diagnosticó una espondilitis anquilosante, una enfermedad inflamatoria que, con el tiempo, puede hacer que las vértebras de la espina dorsal se unan, limitando la movilidad y provocando un dolor crónico (en los casos más graves, hay pacientes que acaban en silla de ruedas).
Efectos secundarios
A José Domingo el juicio médico le cayó como un jarro de agua fría. Los primeros cuatro años estuvo tratándose con pastillas y después comenzó otro tratamiento intravenoso con infliximab, un fármaco cuyos efectos secundarios le provocaban fuertes dolores de cabeza, musculares, picores, sensibilidad cutánea y fatiga -síntomas que a día de hoy, pese haberlo dejado hace años y medio, cuenta que sigue padeciendo- y que, además, reduce a mínimos las defensas.
"Iba del trabajo a casa y de casa al trabajo. No salía, he vivido 15 años como si estuviera confinado"
Pasó 16 años acudiendo a la séptima planta del hospital para que le colocaran el gotero con la medicación entre 4 y 5 horas por sesión y su enfermedad se convirtió en el centro de su vida. "Yo no quería ser una carga para nadie", dice. Por eso, decidió romper la relación con su entonces novia y se recluyó. "Iba del trabajo a casa y de casa al trabajo. No salía, he vivido 15 años como si estuviera confinado", compara José Domingo, quien confiesa que llegó a pensar en quitarse la vida si llegaba el momento en que no pudiera valerse por sí mismo.
Su enfermedad no solo era una pesada carga para él, también sus padres han sufrido mucho por ver cómo su hijo renunciaba a sus ilusiones. "Para mis padres psicológicamente ha sido muy duro, mi madre hasta quería que fuera a First Day, pero yo no he querido tener relaciones con ninguna mujer y, cuando me surgía, las esquivaba", relata.
José Domingo tenía revisiones anuales, le hacían radiografías, analíticas, resonancias, pero su diagnóstico se mantuvo inalterable. Fue así hasta que en 2024 su reumatólogo se jubiló y lo atendió otro especialista. "Me dijo que estaba bien, que no veía nada en la resonancia". Interrumpió de inmediato el tratamiento con infliximab y le siguieron realizando pruebas. Un año y medio después, el pasado 25 de febrero, le confirmaron que su diagnóstico había sido erróneo. No padecía ninguna enfermedad degenerativa.
"Mucha rabia"
Esa noche no durmió, el sentimiento de alivio se mezclaba con el de incredulidad y con el de rabia, "mucha rabia por haber perdido tantos años que no voy a poder recuperar", lamenta.
No sabe qué llevó a ese diagnóstico erróneo y tampoco se explica cómo en 21 años no se detectó el error. "Es incomprensible", afirma. Es lo mismo que le dicen quienes conocen su historia. Quizás se pasaron evidencias que podrían haber llevado a revisar su caso: mientras otros pacientes acababan sin fuerzas para nada tras el tratamiento con infliximab, él se echaba una cabezada y se iba a trabajar (se dedica a instalar pladur). La enfermera se sorprendía y él pensaba: "seré más fuerte".
Según asegura, su primer reumatólogo llegó a decirle dos años antes de jubilarse al ver una de las resonancias que "o iba todo muy bien o que se había equivocado". Pero ahí se quedó y José Domingo siguió creyendo en el diagnóstico inicial. "Mi madre, a día de hoy, dice que cómo se iba a equivocar el médico, que a ver si el que está equivocado es este".
Reclamación al SES por mala praxis
Ha sido la expareja de José Domingo quien ha contactado con el abogado José Luis Díaz para exponerle el caso. El letrado defiende que ha habido mala praxis y va a presentar una reclamación patrimonial contra el Servicio Extremeño de Salud (SES). "No hay dudas de que el daño psicológico y moral de estos 21 años es irrecuperable y ahora están los peritos valorando los daños físicos y las secuelas, que son muchas y que pueden ser más en el futuro", explica Díaz.

El abogado José Luis Díaz. / S. GARCÍA
Si la Administración no responde, acudirán al Juzgado de lo Contencioso-Administrativo. "No tengo dudas de que lo van a tener que indemnizar", asegura el abogado.
José Domingo quiere ahora aprovechar el tiempo, que no recuperarlo porque es "imposible". Ha vivido condicionado por una enfermedad que no tenía y ahora tiene que pensar en los planes de futuro que siempre había descartado.
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