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Badajoz a medida: La moda que habita el Casco Antiguo
El Casco Antiguo de Badajoz se convierte en un refugio creativo donde la costura y la comunidad tejen un modelo de negocio alternativo

La moda está muy presente en el Casco Antiguo de Badjoz / M. C. M.

El Casco Antiguo de Badajoz tiene un sonido propio. No es solo el murmullo de la gente pasando por la Plaza de España o las campanas de la catedral. Es el traqueteo de una máquina de coser que sobrevive al paso del tiempo detrás de un sencillo escaparate. En una era dominada por el clic inmediato y la moda rápida, dos mujeres, María Engo e Isabel Pulido, han decidido que su trinchera creativa sea el centro histórico. No es solo una elección comercial, es un manifiesto de vida.
María Engo: Diez años de ‘Custuroterapia’
En el número 24 de la calle Virgen de la Soledad, el tiempo parece ir a otra velocidad. María Engo cumple este año una década al frente de ENGO Atelier, el mismo rincón donde desembarcó en 2016 tras formarse en Diseño de Moda en Madrid. Su regreso a Badajoz no fue una casualidad, sino una declaración de intenciones. Se instaló en este local atraída por un barrio que, en esa época, vibraba con promesas de auge y proyectos de revitalización que recuerda con cierta nostalgia.
“Elegí el Casco Antiguo por su encanto, por esa vida que tenía”, explica María. Aunque reconoce que mantener un negocio en esta zona requiere un mayor esfuerzo. Por ello, ha convertido el atelier en un centro de intercambio generacional donde une su pasión por la moda con la enseñanza. A través de sus clases de costura, patronaje y confección, ha acuñado un término que ya es lema entre sus alumnas: la ‘custuroterapia’, un espacio donde desconectar de la rutina y hacer nuevas amistades.

María Engo en su atelier de la calle Virgen de la Soledad. / M. C. M.
Para María, el diseño es cuestión de tiempo y respeto, donde el concepto de moda rápida no existe. “Cada prenda que confecciono suele llevar unas 30 horas de trabajo”, explica. Es un proceso minucioso que comienza tomando medidas y realizando bocetos, y que continúa con la búsqueda de la materia prima. Y aquí, María, confía en la calidad de cercanía: sus telas provienen de Portugal y de comercios emblemáticos de Badajoz como Galerías Madrid o Luana & Murga. Incluso reivindica el valor oculto de los mercados locales, donde asegura que se pueden encontrar tejidos de muy buena calidad. Dice que el valor de la moda lenta radica en la durabilidad y en la identidad: “Hay un público que todavía sabe apreciar una prenda pensada exclusivamente para su cuerpo”.
Trabajar en el Casco Antiguo le ha permitido desarrollar una relación íntima con el barrio, hasta el punto de haber residido frente a su taller. Sin embargo, la falta de accesibilidad, las casas antiguas sin ascensor y la necesidad de una mejora en los servicios de las calles son obstáculos. Pese a que sabe que en zonas como Valdepasillas tendría mayor visibilidad, se mantiene fiel a su rincón. Aun así, su taller sigue siendo un punto de atención: cuando comienzan sus clases, el escaparate se llena de curiosos que quieren ver qué ocurre dentro.
Isabel Pulido: De “caja de zapatos” a refugio de vanguardia.
Apenas a unos minutos de distancia, en la calle Muñoz Torrero, Isabel Pulido regenta un espacio que es, en sí mismo, una obra de arte. Lo que en 2008 compró como una “caja de zapatos”, se ha convertido, tras una buena reforma y mucho mimo, en un atelier moderno y acogedor que desafía cualquier prejuicio sobre los locales del centro.
Natural de Villalba de los Barros, Isabel, que recaló en Badajoz tras una fructífera etapa en Madrid, encontró en estas calles la materia prima para su creatividad. “Lo que yo hago es expresión pura, y lo único en esta ciudad que me puede inspirar son las calles del Casco Antiguo: el músico que pasa, el pintor, la arquitectura de los edificios... todo eso me enriquece”, confiesa. Aunque en momentos de duda se ha dejado tentar por otras zonas comerciales de Badajoz, siempre acaba regresando a la misma conclusión: la orfandad estética de los locales modernos.

La diseñadora Isabel Pulido frente de algunas de sus creaciones. / M. C. M.
Para ella, el centro histórico es el alma y la historia de Badajoz, y aunque reconoce que la movilidad y el acceso a veces suponen un freno para el cliente externo, defiende la necesidad de crear un "circuito dinámico" que integre el barrio en el día a día de todos los pacenses.
A pesar de que el mercado extremeño aún abraza con timidez el concepto de artesanía, Isabel sigue volcando su mundo interior en cada colección cápsula, donde la costura deja de ser un oficio para convertirse en una forma de narrar su propia historia de vida. No le asusta el silencio del Casco Antiguo ni la dificultad de atraer a un público que, a menudo, prefiere la inmediatez de las grandes superficies. Ella confía en el “boca a boca” y en la visibilidad que le otorga locales cercanos.
El futuro de su negocio va unido al destino de estas calles, y sueña con una red dinámica de comercio alternativo que eduque al ciudadano, recordándole que el verdadero lujo no está en estrenar cada día, sino en poseer algo creado con tiempo, alma y sentido. “La gente joven tiene que ver que en Badajoz hay opciones de diseño tan potentes como en el barrio de Malasaña de Madrid. Es una cuestión de conciencia y de valorar lo que nos hace únicos”, concluye.
Dulce Locura: Donde la moda se hace comunidad
En la calle Francisco Pizarro, Margo González custodia desde hace 15 años un concepto que desafía a las grandes superficies. Dulce Locura no es solo una tienda; es un "club social femenino" donde la moda convive con la lectura y el compromiso vecinal. Margo, que compartió pupitre con María Engo en la Escuela de Artes y Oficio de Badajoz, entiende el Casco Antiguo como el corazón de Badajoz. Por eso, junto a su pareja, decidieron residir en la Plaza Alta.

Margo González en su zona de taller dentro de Dulce Locura. / M. C. M.
Aunque dejó atrás las colecciones cápsula para centrarse en una cuidada selección de marcas nacionales, el alma de su atelier sigue viva: Margo adapta cada prenda a sus clientas, sin cobrarlo, solo por el placer de que la ropa siente perfecta a sus clientas. Defensora de la red de apoyo entre comerciantes y de la belleza de lo cotidiano, Margo reivindica la autenticidad del barrio. Para ella, lo importante es apostar por un comercio con nombre propio en el que cada chaqueta y cada libro ayudan a que el centro siga latiendo con identidad.
A pesar de su amor por el barrio, Margo no es ajena a las dificultades de emprender en el corazón del Casco Antiguo. Señala la falta de apoyo para fomentar el comercio local y los retos logísticos que supone la peatonalización sin alternativa para los clientes y proveedores. "Deberían facilitar más el tránsito para negocio y vecinos. A veces, descargar, es un laberinto de permisos", lamenta Margo.
Al final de todo, Dulce Locura es mucho más que un negocio: es un acto de amor por una zona que defiende que debe ser lo más visible de la ciudad. Para Margo, la verdadera "locura" no es resistir en el Casco Antiguo, sino darle mimo, amor y crear comunidad.
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