45 FERIA DEL LIBRO DE BADAJOZ
"No hay vidas pequeñas. Cualquier vida merece ser protagonista de una novela. Todo depende de la mirada"
Chus García presenta en el paseo de San Francisco 'Encaje', un libro de relatos con historias que "tenía regurgitándolas después de muchos años, como si no hubiera podido digerirlas bien"

A. M. R.

Periodista, locutora, educadora infantil, poeta, reportera rural, profesora de yoga, cuentera virtual, imparte talleres literarios y además ha publicado su primer libro en prosa, de relatos, 'Encaje', que ha publicado la Editora Regional de Extremadura. Chus García ha pasado por la 45 Feria del Libro de Badajoz para presentarlo.
-¿Qué es 'Encaje?
-Es un homenaje a esa generación de titanio que se nos está yendo casi sin darnos cuenta, a gran velocidad, sobre todo después de la pandemia y que nos lo ha dado todo. Somos lo que somos gracias a esas mujeres y hombres que han luchado tantísimo por su familia. Unos pudieron emigrar, otros tuvieron que quedarse en sus pueblos, algunos consiguieron estudiar, otros tuvieron que seguir en las tareas del campo y de la casa, pero de todas esas mujeres y esos hombres rurales que llevamos dentro cada una y cada uno es de lo que habla 'Encaje'.
-Son ocho relatos.
-Relatos rurales muy pegados al terruño, a la naturaleza, al paso de las estaciones, al habla de cada pueblo. La mayoría son en Extremadura, algunos en Andalucía y también neutros. Es una herida que todas y todos podemos tener sobre todo en pueblos pequeños. Van pasando cosas que no somos capaces de digerir fácilmente: sucesos, tragedias o incluso alegrías muy grandes, cambios muy bruscos. Yo tenía algunas de esas historias, que le pueden pasar a cualquiera. Las tenía regurgitándolas después de muchos años, como si no hubiera podido digerirlas bien. He hecho un exorcismo, he sacado fuera todo eso y en eso se reconoce mucha gente. Porque al final son emociones que nos cuesta a todas y a todos mucho masticar y superar. Cuando se trata de memoria colectiva, de algo muy gordo que ha pasado en un pueblo, no hace falta que hable de personas reales, porque todas y todos tenemos a alguien que ha tenido un accidente a una edad y a todo el pueblo le duele, todos hemos tenido una jornada de caza o una matanza. La gente de Extremadura que estamos tan pegados al terruño tenemos muchas vivencias. Con las ganas de poner voz a las emociones que se nos van quedando atravesadas he escrito este libro. El resultado es que la gente lo disfruta mucho, se identifica, le trae muchos recuerdos y sobre todo se emociona profundamente.
-Son todas vivencias en el mundo rural.
-Hay una acción y una tensión. Una historia de un niño, de una mujer mayor sola desvariando, una historia de los años 50, otras contemporáneas, una jornada de caza. Hablo de emociones muy potentes con acento extremeño y, sobre todo, le doy mucha importancia a la fuerza que tenemos las mujeres y cómo luchamos toda la vida de manera invisible, aunque no se reconozca, y marcando a quienes cuidamos y a quienes luego tienen que cuidarnos.
-Vives en Fuente del Arco. ¿Elegiste vivir ahí?
-Sí, yo soy neorural. Vengo de Sevilla (aunque apenas conserva el acento), pero llevo 30 años en Fuente del Arco. Me crie en Sevilla y he elegido un pueblo muy pequeño para vivir.
-¿Qué te llevó a tomar esa decisión?
-Porque me gustaba más la infancia que había tenido mi marido para mis hijos que la que había tenido yo, que no podía jugar en la calle porque venían los coches. Me crie en Nervión, al lado del campo del Sevilla y de El Corte Inglés. No tiene nada que ver con las experiencias de mi marido. Era cabrerito con 9 años, con su hermano, se le perdían los chivos. Me gusta mucho la naturaleza y quería que mis hijos se criaran conociendo una huerta, las gallinas, el ganado...
-¿El libro se titula 'Encaje' por el de bolillos?
-Porque uno de los relatos de posguerra es en Acebo, con una mujer, Carmen, que murió en septiembre y ella fue la que me inspiró. Siempre me enseñaba sus encajes cuando iba a allí. Me sentaba a hablar con ella y con su marido, que tenía silicosis porque había trabajado en la mina. Empecé a indagar un poquito y encontré que había toda una historia de abundancia en los años más difíciles de nuestro país. Porque los alemanes y los ingleses estaban unos en Portugal y otros en España luchando por el wolframio. A raíz de esa historia del wolframio y los encajes de bolillos construí el relato. Daría para una novela.
-¿La vas a escribir?
-Estoy en ello. De esa historia de Acebo me encantaría irme a la Costa del Sol a hablar de los años 60 y 70, de cómo evolucionaron algunos alemanes que después de la guerra se quedaron aquí, entre Mallorca, Canarias, Portugal, el sur de España. Me gustaría ir a hablar con todos esos abuelitos y abuelitas, porque todavía algunos viven y muy bien. Será una novelita corta. El relato es largo. Sería la continuidad
-El prólogo de 'Encaje' es de Jesús Carrasco.
-Coincidimos en Siberiana y a partir de ahí hemos mantenido el contacto. Vino a Zafra y a Llerena a presentar 'Elogio de las manos' y le dije, mira Jesús estoy metida en este lío, voy a publicar con la Editora Regional y para mí sería un lujo que tú me dijeras dos o tres palabras. Pero como es tan currante, se lo tomó como un encargo y el año pasado por estas fechas, cuando estaba terminando su novela, que acaba de sacar, me mandó todo un ensayo sobre 'Encaje' que le agradezco muchísimo.
-Jesús Carrasco habla en el prólogo de 'vidas pequeñas'. ¿Hay vidas pequeñas?
-Esa es la pregunta. No hay vidas pequeñas. Cualquier vida merece ser protagonista de una novela. Todo depende de la mirada. Y esa mirada a lo cotidiano, a lo pequeño, a lo que pasa desapercibido, es en lo que yo he querido fijarme. Porque las vidas de mi madre y de mi suegra son de película. Y la de mi suegro, ni te cuento, que era superquerido y superpopular. Sin hablar de ellos exactamente, sí de posibles historias que pueden haberles pasado. La intrahistoria, que decía Unamuno. Siempre me ha interesado más que la historia. Además, eso es algo que la gente que vive en pueblos no valora, hasta que no viene alguien de fuera y lo mira. Por eso ahora interesa tanto la literatura rural, porque cuando tú vienes de fuera y tienes que comprender todo un mapa genealógico, de relaciones, de parentescos, de lugares, hasta que tú te haces con ese mapa, realizas un análisis sociológico sin darte cuenta. Si tienes un poco de sensibilidad literaria, cualquier cosa que te cuentan se dispara en tu mente.
-Tanto que hablamos de la España vaciada, tú que vives en un pueblo, ¿cómo se salva?
-Se salva sobre todo reconectándonos con la tierra, con la naturaleza, con los oficios que no deberían perderse nunca, con todo el legado que nos ha dado esa generación de la que hablaba. En lugar del mensaje de que hay que estudiar para irse del pueblo y ascender en la vida, el mensaje debe ser que hay que estudiar para poder elegir, porque tal vez la elección sea volver al pueblo y seguir construyendo desde aquí. Porque hoy día el teletrabajo lo permite. Tengo poemas que hablan de todo eso. Ese mensaje es un error. Los que se fueron están deseando jubilarse para volver. Los que se desarraigaron ya no tienen ni casa en el pueblo. Se fueron con traumas o con mucho esfuerzo y no quieren mirar atrás. Pero para la mayoría de la gente es como una herida abierta, para un montón de generaciones. El pueblo es el paraíso de los que están en las ciudades. Un paraíso al que les gustaría volver. Entonces, yo creo que en ese equilibrio de gente que vuelve con su paguita y la que decida emprender desde su pueblo, desde la casa que ya tiene y puede arreglar, hay que echarle imaginación y sobre todo hay que amar lo tuyo. Dejarte de globalización y pensar que lo local es universal y lo universal es lo que pasa en el pueblo, en pequeño.
-Hay esperanza.
-Tenemos que salir de este complejo de inferioridad que tenemos en el sur y creernos lo que somos y lo que podemos seguir siendo y haciendo.
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