"Tenemos niñas de 10 años y adolescentes que pierden 15 kilos en semanas": la alerta de la unidad de trastornos alimentarios de Badajoz
La psiquiatra María Angustias García Herráiz, tras 26 años al frente del servicio provincial, advierte del aumento de menores de 15 años, casos más graves y nuevos perfiles vinculados a redes sociales, bullying y problemas emocionales

Angustias García, psiquiatra de la unidad de trastornos alimentarios de Badajoz, a las puertas del centro de salud de Cerro del Viento. / J. H.

La Unidad de Trastornos Alimentarios de Badajoz (Utca) atraviesa uno de los momentos más complejos desde su creación hace 26 años. Los pacientes son cada vez más jóvenes, los cuadros clínicos llegan mucho más graves y los profesionales detectan una transformación radical del problema, marcada por las redes sociales, la presión estética y las dificultades emocionales de niños y adolescentes. "Tenemos niñas de 10 a 12 años con trastornos alimentarios. Y adolescentes que pierden 15 kilos en dos o tres meses", resume María Angustias García Herráiz, psiquiatra y coordinadora de la Utca de Badajoz desde hace más de una década. Se refiere a las niñas porque las mujeres suponen más del 90% de las usuarias de esta unidad.
La especialista, que se jubilará próximamente después de toda una vida dedicada a la salud mental, reconoce que nunca había vivido una situación como la actual. "No tiene nada que ver con lo que veíamos hace 20 o 25 años", explica. Los datos que maneja la unidad reflejan una presión asistencial sostenida. Entre 2024 y 2025 apenas existen diferencias: más de 2.070 consultas anuales, entre 160 y 200 nuevos casos cada año y alrededor de 140 altas. Pero detrás de esas cifras hay una realidad que preocupa enormemente a los profesionales.
"El 20% de pacientes es menor de 15 años"
Cuando la Utca comenzó a funcionar en el año 2000 con el doctor Vaz al frente, los pacientes habituales eran adolescentes de entre 15 y 20 años con anorexia o bulimia. Hoy el escenario ha cambiado completamente. "Un 20% de los pacientes que vemos son menores de 15 años", explica García Herráiz. "Eso antes era algo excepcional y ahora es muy frecuente". La psiquiatra reconoce que cada vez reciben más llamadas desde colegios alertando de problemas relacionados con trastornos alimentarios o autolesiones. "Tenemos clases donde puede haber tres o cuatro niñas con este tipo de problemas", señala.
Las redes sociales se han convertido en uno de los grandes factores de amplificación de la enfermedad. La especialista insiste en que no son la causa única, pero sí un elemento decisivo para acelerar y agravar los casos. "Los trastornos alimentarios son multicausales. Hay factores familiares, sociales y de personalidad. Pero las redes sociales amplifican todo y adelantan la edad de inicio", sostiene.
La evolución también ha cambiado respecto a hace una década. Las antiguas páginas "pro Ana" o "pro Mía" han sido sustituidas por un universo permanente de influencers, modelos y cuerpos imposibles que los menores consumen a diario. "Ahora siguen a chicas que aparentemente tienen vidas perfectas y cuerpos perfectos. Se comparan continuamente. Además, tienen acceso a aplicaciones para contar calorías, esconder comida o perder peso", explica.
La unidad detecta incluso una nueva preocupación: la presión social alrededor de medicamentos para adelgazar. "Tenemos pacientes pidiendo agonistas GLP-1 continuamente porque ven a famosos o influencers utilizándolos", advierte García Herráiz sobre los fármacos que ayudan a perder peso. "Son medicamentos para diabetes y obesidad, pero muchas personas quieren usarlos simplemente para perder tres kilos".
Casos mucho más graves
La consecuencia directa es que los casos llegan mucho más deteriorados que antes. "Hace años las familias venían cuando empezaban a notar cambios. Ahora llegan con desnutrición severa, amenorrea y pérdidas de peso rapidísimas". La gravedad de algunos cuadros preocupa especialmente al equipo sanitario. Cerca del 20% de los pacientes presentan índices de masa corporal inferiores a 14, cuando el mínimo considerado normal se sitúa en 18,5. "Estamos viendo niñas con percentil cero. Es decir, con un peso extremadamente bajo para su edad".
La pandemia supuso además un punto de inflexión. El aislamiento, las dificultades para acceder al sistema sanitario y el deterioro emocional provocado por el confinamiento aceleraron muchos procesos que todavía siguen apareciendo en consulta. "Durante la pandemia se retrasaron diagnósticos y muchas pacientes aprendieron a esconder muchísimo mejor la enfermedad", explica. "Ahora llegan mucho peor".
Muchos problemas de fondo
Sin embargo, García Herráiz insiste en que el problema va mucho más allá de la comida o del peso. "El trastorno alimentario es como un iceberg. Lo visible es el ‘quiero adelgazar’ o el ‘no quiero comer’. Pero debajo hay baja autoestima, problemas emocionales, inseguridad, bullying o sensación de no sentirse querido". Precisamente el acoso escolar y los abusos sexuales son dos de los factores que más preocupan actualmente al equipo de la Utca. "Eso probablemente es lo más duro que vemos", admite.
También inquietan especialmente los cuadros asociados a autolesiones o intentos de suicidio, sobre todo cuando existen otros problemas de salud mental añadidos. "Las pacientes más complejas son aquellas que además tienen trastornos de personalidad, trastorno obsesivo compulsivo o dificultades emocionales muy profundas". La psiquiatra considera además que la estructura familiar y la forma de relacionarse con los hijos ha cambiado enormemente en estos 26 años.
"Cada vez vemos más familias desestructuradas o con menos tiempo compartido. Antes las comidas y las sobremesas servían para detectar cómo estaba un hijo. Ahora eso ocurre mucho menos". En su opinión, la sociedad actual ha delegado parte de la educación emocional de los menores. "Controlamos mucho las tareas, las actividades o el rendimiento, pero hemos perdido tiempo para enseñarles a regular emociones", afirma.
La unidad que da servicio público en la provincia trabaja además con recursos muy limitados. Actualmente el equipo está formado por una psiquiatra, una psicóloga y una enfermera a tiempo completo para toda la provincia de Badajoz, además del apoyo parcial de otra enfermera un día a la semana. "Empezamos tres psiquiatras y llevo muchos años siendo la única", recuerda la especialista.
Nuevos perfiles en la unidad
Pese a ello, el servicio desarrolla terapias individuales, grupos de padres y programas específicos para pacientes con trastorno por atracón, otro de los perfiles que más ha aumentado en los últimos años. "Vemos muchísimas mujeres con obesidad asociada a atracones continuados", explica. "Son pacientes que también necesitan atención psicológica especializada". En paralelo, los profesionales han tenido que adaptarse a nuevos perfiles clínicos que apenas existían hace dos décadas. Entre ellos, menores transexuales, adolescentes con trastorno del espectro autista o pacientes neurodivergentes: "Son casos mucho más complejos porque la enfermedad se convierte en una forma de control frente al miedo o la inseguridad", señala García Herráiz.
La Utca ha atendido menos de diez pacientes trans en los últimos años, aunque los especialistas consideran que representan una realidad emergente que obliga a adaptar tratamientos y enfoques terapéuticos.
"Nunca tiramos la toalla"
A pesar de todo, la psiquiatra reivindica la importancia de mantener la esperanza y recuerda que muchos pacientes logran recuperarse incluso después de años de enfermedad. "Hace poco dimos el alta a una mujer que llevaba quince años en tratamiento", cuenta emocionada.
"Nunca tiramos la toalla con nadie". En más de dos décadas de trabajo, la unidad apenas ha registrado dos fallecimientos directamente relacionados con desnutrición, aunque sí ha habido otros casos vinculados a intentos autolíticos o complicaciones graves. "Hay pacientes que cronifican la enfermedad y sabemos que probablemente nunca van a curarse completamente", reconoce. "Pero eso no significa abandonarlas. También es nuestro trabajo cuidarlas".
La propia García Herráiz admite que convivir diariamente con este nivel de sufrimiento deja huella también en los profesionales. "Siempre les digo a las residentes que esto es como una zona radioactiva y que los problemas deben quedarse aquí, en la consulta", explica. Las tres profesionales no se encuentran solas, además del apoyo que reciben del Servicio Extremeño de Salud, pertenecen a la Asociación Española para el Estudio de la Conducta Alimentaria (Aeetca) de la que la psiquiatra es vocal.
Adiós a un cuarto de siglo
Ahora, a las puertas de su jubilación tras prolongar incluso dos años más su carrera profesional, mira atrás con emoción. "Este trabajo ha sido una satisfacción enorme. He aprendido cada día de los pacientes y de las familias". Pero antes de irse deja una advertencia clara a la sociedad: "Estamos viendo cómo los trastornos alimentarios empiezan antes, evolucionan más rápido y llegan mucho más graves. Y eso debería preocuparnos mucho".
Porque detrás de los filtros, los móviles, las redes sociales y la presión constante por alcanzar un cuerpo perfecto, la Unidad de Trastornos Alimentarios de Badajoz está viendo crecer una emergencia silenciosa que ya no afecta solo a adolescentes: empieza en la infancia y avanza cada vez más deprisa.
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