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Los afectados piden al ayuntamiento que actúe

Quejas en la calle de Virgen de la Soledad de Badajoz por la invasión de palomas: "Esto es el palomar del Casco Antiguo"

Un edificio histórico deshabitado de tres plantas que hace esquina con San Juan parece ser el foco

Los negocios de hostelería denuncian los perjuicios que les causan por la suciedad que acarrean

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Ascensión Martínez Romasanta

Ascensión Martínez Romasanta

Badajoz

Media humanidad está luchando contra las palomas y no encuentra la forma de controlarlas». El pensamiento es de José Rodríguez, cuando pasa por la esquina de la calle Virgen de la Soledad con San Juan en Badajoz. Un grupo de vecinos se ha juntado para quejarse y se une a la reunión. Desde hace años sufren las consecuencias de la proliferación de palomas, que parecen anidar en el edificio que da entrada a la calle, el número 1, un inmueble histórico de tres plantas deshabitado y abandonado, salvo el bajo, que ocupa el Carmen Gastrobar.

Las aves entran y salen, sobrevuelan la esquina, se posan en el cableado adosado a las fachadas, en el voladizo del bar, en las cornisas, en los balcones de enfrente, en las sillas de la terraza de esta céntrica cafetería y en las de El Corte de Espín y en la estructura metálica de la fachada del Aftasí. En el suelo los excrementos ensucian la plataforma única recién renovada, que se limpió el día anterior. De nada ha servido porque las manchas se superponen.

«Yo pido responsabilidad a quien le pago el alquiler durante 14 años»

Laura García, gerente del Carmen, es tajante: «Las palomas son un foco de infección». 14 años lleva sufriéndolas y no ha encontrado respuesta a sus quejas. «Yo pido responsabilidad a quien le pago el alquiler durante 14 años»: los dueños del edificio. Porque «no pueden tenerlo abandonado, debe tener un mantenimiento», exige y denuncia además que en el ayuntamiento «se pasan la pelota». Laura describe lo que sufren a diario, menciona la suciedad que mancha las sillas y las mesas. «El toldo parece de lunares». No solo el aspecto, sino que los clientes que se sientan en la terraza están expuestos a sus excrementos. «Es muy desagradable, son ratas voladoras».

Excrementos en la cornisa.

Excrementos en la cornisa. / E. D.

Propietarios e inquilinos de esta esquina están hartos de la proliferación de las palomas a las que no saben cómo poner freno. «Ya no sabemos qué hacer, esto es el palomar del barrio», se lamenta Jesús Oreja, que está preparando el local donde estuvo ‘La Antigualla’ para reabrirlo como ‘Sí cariño’. Es el encargado y socio. «Todavía no lo hemos abierto y ya lo estamos sufriendo, esto es un problema que lleva muchos años».

"No es plato de bueno gusto estar sentado en un velador y que de repente te gaiga encima"

Sobre todo se quejan de la suciedad, de cómo afecta a los negocios «y que pueden llegar a contagiar enfermedades». Se plantean poner veladores, conscientes de que «va a ser muy complicado cómo nos puede afectar por la estética, estás viendo un edificio completamente sucio». Alerta de que los excrementos lo «corroen todo». Además, «no es plato de buen gusto estar sentado en un velador y que de repente te caiga encima». Teme que las palomas se extiendan como en Lisboa.

Saben que no es un problema que se circunscriba a esta esquina. El Palacio de Capitanía se terminó de pintar hace escasas semanas y la fachada ya está manchada por las palomas.

Cableado totalmente manchado.

Cableado totalmente manchado. / A. M. R.

Según Jesús, se están poniendo soluciones en otros barrios, pero cree que en el Casco Antiguo no se está haciendo. «Queremos fomentar el turismo, atraer visitantes, la revitalización de la que tanto hablan, el comercio, y deberíamos empezar por este tipo de plagas».

No saben cuánto tiempo lleva deshabitado este edificio de la esquina. Las ventanas del piso superior parecen abiertas y en el interior se ven somieres colocados para intentar impedir que entren palomas. No cumplen su cometido. Los excrementos se acumulan en el habitáculo que existe por encima de la puerta anexa a la principal. Al menos hay dos palomos en un nido en el rincón. Es habitual que en este espacio haya nidos con crías. Dentro del edificio, nadie sabe qué hay, salvo los propietarios, pero todos imaginan que estará cubierto de suciedad. En el balcón superior han colocado también mallas, que impiden entrar a las aves y también salir.

Las palomas en su hábitat de la calle Virgen de la Soledad.

Las palomas en su hábitat de la calle Virgen de la Soledad. / A. M. R.

Carmen León y Emiliano Durán son propietarios del local de copas de enfrente. «El edificio es un palomar entero», se lamenta Carmen, que no sabe cuántos años llevan con este problema. «Más de diez o quince años» y ahora «hay más que nunca». Son incalculables. «No se sabe». Carmen insiste en que «hay un foco insalubre que afecta a los negocios de hostelería». «Tienen que limpiar mesas y sillas continuamente y lo mismo ocurre con los escaparates». No entiende que no se ponga remedio. «Estos negocios crean empleo y pagan sus impuestos».

Carmen cuenta que hace dos años presentó un escrito en el ayuntamiento. No hubo respuesta. Asegura que también se han puesto en contacto «reiteradamente» con los propietarios para que le pongan solución. Pasado este tiempo vuelve a plantearse una recogida de firmas. «Los vecinos estamos dispuestos a todo». Una veintena se sienten afectados directos, entre propietarios e inquilinos. Algunos han tapado los cables con chapa con la esperanza de que así evitarían que las palomas se posasen. Lo que han conseguido es que aniden dentro.

Piden al ayuntamiento que inste a los propietarios a la limpieza del edificio, a que tomen medidas contra la anidación y se coloquen jaulas. En el ayuntamiento responden que no se están tomando medidas extraordinarias, más allá del plan que ya existe de control de las palomas y que se está actuando en toda la ciudad. Apuntan por otro lado que hay edificios privados que toman sus propias medidas.

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