Este mismo año
María Rico dice adiós a Abalorios DCandalija tras 15 años: la jubilación de una de las comerciantes más conocidas de Badajoz
La empresaria pacense, con medio siglo de vida laboral a sus espaldas, se despide del negocio con un balance "muy positivo": "He dejado mucha salud aquí, pero también me llevo muchísimo cariño"

María Rico de León en su tienda, Abalorios DCandalija. / Jesús G. Hinchado

A veces una jubilación no supone únicamente bajar una persiana. También implica cerrar una etapa de vida, despedirse de una rutina construida durante años y asumir que un negocio termina formando parte de la historia sentimental de una ciudad. Eso es lo que ocurre con María Rico de León, empresaria pacense que, tras 15 años al frente de Abalorios DCandalija, ha decidido iniciar el camino hacia la jubilación dejando atrás uno de los establecimientos más reconocidos del pequeño comercio especializado en Badajoz.
María tiene 66 años, en noviembre cumplirá 67, y habla de su despedida con serenidad y orgullo. Lo hace después de más de medio siglo trabajando y de haber convertido un pequeño local dedicado al mundo de los abalorios y la bisutería artesanal en un espacio conocido por varias generaciones de clientes.
De inicios modestos a referente
"La vida es esa, ¿no? Trabajar y tirar para adelante", resume con naturalidad al recordar una trayectoria marcada por el esfuerzo constante.
El negocio, explica, no siempre fue como hoy lo conocen los pacenses. Los inicios fueron mucho más modestos. "Empezamos en un local más pequeñito al lado y luego ampliamos a uno muy grande. Hemos crecido y nos ha ido muy bien", recuerda. Durante años, especialmente antes de la pandemia, Abalorios DCandalija vivió una etapa de gran crecimiento.
Sin embargo, como tantos pequeños comercios, el establecimiento también tuvo que adaptarse a nuevos hábitos de consumo, al auge de las compras online y a la competencia de productos de bajo coste procedentes de grandes plataformas internacionales.
Aun así, María reivindica el valor del comercio especializado y el trato directo con el cliente. Para ella, la diferencia nunca estuvo solo en vender piezas, sino en asesorar, garantizar calidad y generar confianza. "Nuestro lema es realmente ser honestos con el cliente, que es lo que se merece", afirma.
Su mayor valor, los clientes
Quizá uno de los recuerdos más gratificantes que conserva tenga que ver precisamente con eso: escuchar el regreso satisfecho de quienes confiaron en sus recomendaciones. "La mayor satisfacción es cuando la gente vuelve y te dice: 'María, estoy feliz, estoy contenta'", explica. Especialmente cuando se trataba de personas con alergias a determinados materiales y que encontraban en la tienda una solución segura.
Pero detrás de la historia del negocio también hay renuncias personales. Muchas. Horarios interminables, ferias, mercados solidarios y jornadas de trabajo que, admite, terminaron pasando factura. "Ha sido trabajo de no dormir. Ha sido trabajo de meterte aquí a las nueve y dejar la salud aquí", confiesa.
Ese desgaste físico y mental es, precisamente, una de las razones que explican su decisión de retirarse. En los últimos tiempos ya había comenzado a flexibilizar horarios, intentando escuchar más a su cuerpo y menos a las exigencias del negocio."Yo ya me he dejado mucha salud en este negocio", reconoce. Ahora abre más tarde, cierra a mediodía y mira, por primera vez en muchos años, por su propio bienestar.
El adiós
El adiós, no obstante, no será inmediato ni abrupto. La empresaria tiene previsto continuar hasta noviembre y estudiar qué hacer con el negocio. Le gustaría encontrar a alguien joven que recogiera el testigo y aprovechara el potencial de un espacio que, insiste, todavía tiene mucho recorrido.
"Este negocio tiene una proyección empresarial muy grande para gente joven", asegura. Habla de combinar abalorios con mercería, ropa casual, talleres de macramé o incluso formación artesanal. "Si yo tuviera quince o veinte años menos, a esto le pegaba un crecimiento amplio", sostiene convencida.
Sus hijos, explica, han tomado otros caminos profesionales, por lo que no existe relevo familiar. Aun así, la jubilación no significa desaparecer del todo. "No quiere decir que vaya a dejar de trabajar, de alguna forma voy a seguir", aclara. Lo que no quiere, dice, es "la esclavitud del horario".
Después de 50 años cotizados y varias etapas profesionales, desde el sector asegurador hasta otros negocios, María evita elegir una sola como la mejor. Pero sí hace balance de esta última aventura empresarial en pleno la calle República Argentina de Badajoz.
"Hago un balance muy positivo", resume.
Y quizá esa frase explique mejor que ninguna otra el cierre de una etapa: la de una mujer trabajadora que convirtió una tienda en refugio creativo para muchos pacenses y que ahora, sin ruido, comienza a despedirse de una vida entera detrás de un mostrador.
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