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Musicólogo internacional

Jordi Savall en Badajoz: "La música es el único lenguaje sin malentendidos"

El maestro catalán, que actúa en Badajoz este 5 de junio en el López de Ayala, se define como un "explorador" que rescata partituras olvidadas para mantenerlas vivas

Jordi Savall en una imagen de archivo.

Jordi Savall en una imagen de archivo. / Lorena Sopena / Europa Press

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Mari Carmen Mateos

Mari Carmen Mateos

Badajoz

Hay creadores que no se limitan a interpretar el arte, sino que lo consideran algo sagrado. Jordi Savall (Igualada, 1941) es uno de ellos. Violagambista, director de orquesta, y una de las figuras más importantes e influyentes de la música a nivel mundial, ha dedicado su vida a rescatar del olvido partituras sepultadas por el polvo del tiempo. Sin embargo, su ingente labor dista mucho de la labor meramente académica. Además, este viernes 5 de junio estará con su grupo Hesperiòn XXI en el Teatro López de Ayala en el concierto extraordinario 30 aniversario Sociedad Filarmónica de Badajoz con motivo del Festival Ibérico de Música.

Echando un vistazo a toda su trayectoria, nos podría llevar a pensar en usted como un 'arqueólogo musical'. ¿Ves correcto referirse así hacia ti?

Yo diría que más que un arqueólogo soy un explorador. Un arqueólogo descubre unas ruinas y las hace ver, pero las deja como ruinas. Pero yo descubro unas músicas de Perú de 1700 y las mantengo vivas, como estaban en la época y como pasará en el concierto del Festival Ibérico de Música con las últimas 2 piezas que tocaré, que fueron anotadas en Lima en 1780 en Lima. Pero no son ruinas, son piezas que tienen su vida y los que vengan al concierto van a disfrutar estas músicas con los ritmos de una fuerza y de una intensidad increíbles. Por tanto, el explorador, es el que descubre maravillas de otras épocas que habíamos olvidado.

¿Qué le llevó a descubrir y enamorarte de un instrumento tan desconocido como la viola de gamba?

De hecho fue un golpe de amor. Amor a primera vista me gusta llamarlo. Yo estuve diez años estudiando el violonchelo y ya tocaba música de la viola de gamba que me gustaba mucho. Un día, volvía de un curso en Santiago de Compostela y el profesor me dijo que yo tocaba música de la viola de gamba con el violonchelo. Cuando llegué a Barcelona, me había llamado un señor de un grupo de música antigua de la ciudad para preguntarme si quería tocar el instrumento porque sabía que se me daba muy bien el chelo. Lo que me hizo decidirme por él fue cuando estuve estudiando en la Biblioteca Nacional de París durante una semana y descubrí cinco libros maravillosos con piezas preciosas que nadie tocaba en ese momento (1966). Me enamoré de la música que se compuso con ese instrumento.

Hablando de tu trabajo de explorador musical. ¿Cómo llegas hasta esas piezas musicales de tantos siglos atrás y qué sigues aprendiendo de ellas?

Porque hay unos manuscritos que existen y yo los estudio y los interpreto. Ahora estoy aplicando lo que aprendí con la música antigua a las piezas del siglo XIX. Músicas del Renacimiento, de la época medieval [...] lo estoy aplicando a descubrir las músicas de Beethoven, de Mozart, de Joseph Haydn, de Robert Schumann. Interpreto todas estas obras que ya conocíamos pero de una forma distinta, con los instrumentos y el estilo de la época. Aquí descubrimos otro mundo. La manera en la que se toca hoy en día es un estilo moderno y hay miles de formas de interpretarlo. En nuestra orquesta lo hacemos con la música como se tocaba antes y convertimos al músico en un peregrino que lleva una mochila en la cual ha aprendido todo el recorrido y se le permite descubrir cosas nuevas al espectador.

Has sido embajador de la Unión Europea para el Diálogo Intercultural y también Artista por la Paz por la UNESCO. Viendo la situación actual que vive el mundo, ¿sigue siendo un firme defensor de que la música puede ayudar a unir los pueblos como siempre ha hecho?

Estoy más convencido de ello que nunca porque la música sigue siendo el único lenguaje que tenemos. Con el cual nos podemos comunicar con toda la humanidad. Es el único lenguaje en que no hay malentendidos. Es único. Cuando hay un conflicto, lo primero que se ataca es el patrimonio cultural porque es lo que nos define. El ser humano no es una cosa abstracta. Está ligado a unos padres que nacieron en una ciudad, que hablan una lengua, que son herederos de una cultura que muchas veces es millonaria y todo esto es un tesoro intangible. Son cosas que pueden desaparecer de un día a otro.

Cambiando de tercio y mirando al panorama musical de masas de hoy en día, nos encontramos con fenómenos globales masivos como Rosalía o Bad Bunny. Desde su perspectiva, ¿cómo valora estos éxitos de masas y lo ves como un renacer de la música popular?

Hay que reconocer que artistas como Rosalía o Bad Bunny tienen una capacidad innata para conectar con las multitudes que no se puede ignorar ni subestimar de ninguna manera. Aunque ellos utilicen estéticas, ritmos electrónicos y herramientas comerciales muy distintas a las que nosotros manejamos, rescatan esa música popular, la cultura de cada lugar. Este último, sus ritmos vienen de las músicas tradicionales del Caribe. Son músicas que vienen de la época de la esclavitud y se guardaron porque los esclavos salvaran sus vidas cantando esas canciones. Por esto se han continuado cantando tanto y, debido a eso, escuchar cantar de esta forma nos toca tanto, porque viene de algo auténtico. Aprovecha las raíces para poner su cultura en el mundo. Sus ritmos tienen una fuerza extraordinaria y un enganche inmediato.

Siguiendo en el acercamiento de la música tradicional a los más jóvenes, el concierto de Año Nuevo en Viena tuvo más popularidad por la forma en la que el director enganchó al espectador. ¿Este tipo de eventos de música clásica son relevantes para seguir acercando la música?

No creo que sea lo que haya acercado a los jóvenes a la música porque son conciertos muy protocolarios. Todo está previsto y siempre es el mismo repertorio. Los músicos tocan y parecen salidos de un museo todos vestidos de la misma forma y moviéndose de la misma manera. Está todo calculado. El público va tanto para escuchar la música como para hacerse ver. He estado allí y no es esto lo que va a animar a la gente. Solo va a conseguir que alguien que nunca había escuchado ese tipo de música la oigan. Pero no es lo que va a entusiasmar. El público se animará si ve a un chico de conservatorio tocar una música bellísima, improvisando y mostrando cómo esas músicas antiguas se pueden tocar y bailar como las de pop. Lo que va a acercar la música a los jóvenes es tocar ritmos que nos tocan porque son auténticos.

En 1974 creas el grupo Hespèrion XX -actualmente Hespèrion XXI- que lo que pretende es recuperar y difundir música anterior al siglo XIX. ¿Con qué objetivos lo crea más allá de este motivo principal?

Yo pensé en hacer música anterior a esa época y darles de nuevo la vida. Pero no tocándolas solamente como se hacía en el siglo XIX, sino que las haríamos también de una forma que las pudiésemos escuchar como si fuera música de hoy. Eso es lo que he hecho toda mi vida. Tú puedes ir al Museo del Prado y ver un cuadro de la época medieval o de Miguel Ángel... Pero no hay ningún museo donde puedas ver las músicas de diferetnes etapas. Por tanto, yo me considero un museo viviente de la música porque en ese concierto haremos de guías de museo al público, que podrá escuchar obras del siglo XV, XVII o del códice de Perú. Los asistentes las escucharán con la misma emoción que la transmitían los músicos que la tocaron en la época. Esa es la gran maravilla.

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