20 años, 20 historias
El protocolo que prometió cambiar la Alcazaba de Badajoz: de las promesas a la realidad
El protocolo, firmado en 2006, implicó al Ministerio de Vivienda, Junta de Extremadura y Ayuntamiento de Badajoz e inició la mayor transformación del monumento a pesar de retrasos y polémicas

Interior del recinto de la Alcazaba de Badajoz durante la última reforma. / Santi García

La Alcazaba árabe de Badajoz es la alcazaba más grande de Europa y un símbolo inconfundible de la silueta urbana de la capital pacense. El 17 de mayo de 2006, se firmó el Protocolo General para la recuperación de la Alcazaba, destinado a marcar un antes y un después en el monumento. Dos décadas después, la fisonomía del monumento es radicalmente distinta a lo que había. El camino no ha sido sencillo: ha estado mercado por retrasos, debates y polémicas respecto a su conservación. Pero, lo que es innegable, es que los compromisos fijados en aquel papel iniciaron la mayor transformación patrimonial de la ciudad en su historia reciente, a pesar de quedar mucho para recuperar la totalidad del monumento.
Un acuerdo a tres bandas
Aquella primavera de 2006, la firma del protocolo se vivió con solemnidad pero con euforia contenida. El acuerdo sentó en la misma mesa a tres administraciones con un reparto financiero ambicioso: el entonces Ministerio de Vivienda asumió el 50% de la inversión, mientras que la Junta de Extremadura y el Ayuntamiento de Badajoz se comprometieron a aportar el 25% cada una.
El proyecto arrastraba años de promesas incumplidas y disputas políticas. De hecho, el propio ayuntamiento, con Miguel Ángel Celdrán como alcalde, llegó a mostrar escepticismos los días previos a la firma, exigiendo que el protocolo incluyera “partidas económicas reales y plazos fijos” para evitar que se convirtiera en un mero movimiento de cara a las elecciones autonómicas. Finalmente, el texto se firmó con una estimación presupuestaria de 12 millones de euros.
La entonces ministra, María Antonia Trujillo, no dudo en calificar el acto como “un hito histórico”, asegurando que la maquinaria se pondría en marcha de inmediato con la creación de una comisión de seguimiento. La hoja de ruta original dibujaba tres grandes áreas: la recuperación del patrimonio histórico –murallas, torres y puertas-, la mejora paisajística del entorno y la adecuación de los espacios para usos turísticos, proyectando un centro de interpretación.

Restos de las Ermitas de la Alcazaba de Badajoz, aún sin recuperar. / Andrés Rodríguez
La firma generó tanta expectación como desconfianza en el tejido asociativo de la ciudad. Apenas unos días después del acto oficial, la asociación Amigos de Badajoz alzó la voz para exigir que el protocolo se tradujera en una “obra al 100%” y no en un simple “lavado de cara estético”. Entre las demandas que se recogieron, figuraban algunas de prioridad absoluta: la recuperación urgente del tramo de muralla comprendido entre la Puerta de Carros y la Puerta del Alpéndiz, una de las zonas que presentaba un estado más crítico de abandono y peligro de derrumbe. Las obras acabaron acarreando años de retrasos que dieron la razón a aquellos escépticos del acuerdo.
Millones de inversión y fases ejecutadas
Con el paso de los años, las demandas ciudadanas y los compromisos institucionales se han ido traduciendo en andamiajes, excavaciones arqueológicas e inversiones millonarias que superaron aquellos 12 millones iniciales. El Ministerio de Fomento –que heredó las competencias de Vivienda- ejecutó la restauración entre la Puerta de Carros y la Puerta del Alpéndiz, con una inversión inicial que rozó los 2,8 millones de euros. A esa cuantía, se le sumaron otros 1,3 millones procedentes del fondo reservado del 1% Cultural para consolidaciones estructurales de la fortaleza árabe. A lo largo de estas dos décadas, las fases han abordado hitos como la recuperación del adarve y las murallas, y la consolidación arqueológica del interior –que ha sacado a la luz vestigios de la época taifa y almohade-.
Hoy en día, la Alcazaba de Badajoz goza de una vida cultural, universitaria y una proyección turística impensable hace dos décadas. No obstante, este vigésimo aniversario coincide con varias polémicas. La reciente finalización de la obra que de acceso al recinto por la Puerta del Capital llevó más de dos años realizarla. Además, el robo del Tesoro de Villanueva en el Museo Arqueológico Provincial ha puesto de manifiesto varios problemas de seguridad en el recinto, mientras que el derrumbe de una parte de la muralla hace en agosto de 2025 entre la torre de Espantaperros y la Puerta del Capitel preocupan por el estado de conservación del monumento.

Desprendimiento en la muralla, junto a la torre de Espantaperros. / Santi García
Veinte años después, la Alcazaba ya no es aquel monumento olvidado. El protocolo de 2006 cumplió, aunque fuese mínimamente, la promesa de no dejar olvidado el monumento más representativo de la ciudad. Ahora, el gran reto es seguir protegiéndola, cuidándola e invirtiendo para que la historia de la Alcazaba siga escribiéndose muchos años más.
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