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En su XV edición

Los Palomos congregan a 32.000 personas en Badajoz y caen las incidencias sanitarias

La organización destaca la consolidación del evento como un espacio seguro y se han reducido casi un 40% las atenciones médicas

Escenario de la Alcazaba durante la actuación de J Kbello.

Escenario de la Alcazaba durante la actuación de J Kbello. / Jota Granado

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Mari Carmen Mateos

Mari Carmen Mateos

Badajoz

Al cierre de Los Palomos 2026, estos han vuelto a demostrar que son mucho más que una fiesta. Fueron 32.000 personas las que disfrutaron de la jornada grande de esta edición que conmemoraba los quince años desde que unas declaraciones homófobas encendieran la mecha de la movilización en Badajoz. La normalidad, la alegría y un ambiente marcadamente pacífico fueron la tónica dominante en una cita que ya es el corazón del orgullo y la diversidad en Extremadura.

Reducción del número de atendidos

Desde el punto de vista organizativo, Badajoz vivió una edición multitudinaria pero de las más tranquilas. Así lo avalan los datos facilitados por Cruz Roja, que reflejan una reducción del 39,5% en el número de intervenciones respecto a la edición de 2025. En total, el dispositivo sanitario atendió 32 incidencias leves, entre las que destacaron ocho intoxicaciones por consumo de alcohol, siete síncopes, seis traumatismos, cuatro enfermedades comunes y cuatro heridas accidentales.

Fueron tres personas las que requirieron atención por verse involucradas en reyertas que, según confirmó la Policía Nacional, "no fueron nada graves" y se saldaron sin incidencias de relevantes. En total, cuatro pacientes tuvieron que ser derivados a centros sanitarios para la realización de pruebas complementarias o permanecer en observación, sin que ninguno presentara un cuadro de gravedad. Asimismo, el compromiso con la inclusión se hizo patente a través del servicio de accesibilidad de Cruz Roja, que facilitó la entrada al recinto a cuatro personas con movilidad reducida.

Entrada al escenario de la Alcazaba con uno de los puntos de atención de Cruz Roja.

Entrada al escenario de la Alcazaba con uno de los puntos de atención de Cruz Roja. / Jota Granado

"La LGTBIfobia no tiene cabida"

Desde la Fundación Triángulo, organizador del evento, la valoración del "día grande" no puede ser más positiva. Destacan el "espectacular" ambiente de la jornada que contó con un día soleado. Para la organización, el descenso de casi un 40% en las incidencias sanitarias consolida a Los Palomos como un espacio seguro y maduro. "Nos encantaría que las incidencias fuesen cero, pero con esa acumulación de gente es imposible", señalan, ensalzando la excelente respuesta ciudadana a lo largo de los diez días de actividades.

"El día grande volvimos a demostrar que la LGTBIfobia no tiene espacio ni cabida en las calles de esta ciudad ni de nuestra región", afirman con rotundidad desde la fundación, celebrando que la propuesta artística de este año fue valorada "de diez" por los asistentes.

Kimet: memoria y honor

El momento más emotivo de la noche llegó con la lectura del manifiesto, definido por la organización como "la columna vertebral" de sus reivindicaciones. El texto echó la vista atrás quince años para recordar cómo el colectivo LGTBI+ transformó el rechazo en "un mapa del respeto", rindiendo homenaje a las personas silenciadas y represaliadas durante el franquismo. Uno de los discursos más aplaudidos de la noche fue la intervención de Kimet, de 81 años, quien disfrutaba de Los Palomos tras una vida de silencio impuesto, personificando la memoria viva de la lucha del colectivo y poniendo voz a quienes fueron vejados por su sexualidad.

Kimet, durante su lectura del manifiesto.

Kimet, durante su lectura del manifiesto. / Jota Granado

El manifiesto de 2026 no se limitó a la diversidad afectiva y sexual, sino que alzó la voz contra el "viento peligroso" de los discursos de odio y la xenofobia en las instituciones y las redes sociales. Bajo la proclama 'Primero, la humanidad', las portavoces recordaron que "los derechos no llevan pasaporte".

El escenario se convirtió así en un altavoz de la inclusión, donde se reivindicó el espacio de las personas trans, las familias diversas, los migrantes LGTBI+, las personas con discapacidad y aquellos mayores que aún temen salir del armario. "Estos Palomos también son suyos", sentenció el texto, cerrando una edición histórica con la promesa de seguir ensanchando los márgenes de la dignidad durante, al menos, otros quince años más.

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