20 años, 20 historias
El fallo que obligó a demoler el Cubo
El Supremo declaró ilegal la planta superior en 2006 por su impacto visual en la Alcazaba. Una década después del derribo, la facultad opera integrándose con normalidad en el Casco Antiguo

Derribo de las plantas superiores del Cubo. / La Crónica de Badajoz
Rocío Asensio
Hace exactamente veinte años, en 2006, el Tribunal Supremo ratificaba la sentencia que declaraba ilegal el edificio de la Escuela Universitaria de Biblioteconomía y Documentación de Badajoz, conocido popularmente como 'El Cubo'. El fallo ponía fin a un largo proceso administrativo y judicial al dictaminar que el volumen y la altura de la construcción, de mármol blanco, rompían el entorno monumental de la Alcazaba y la Torre de Espantaperros.
Hoy, el ruido de las piquetas ha quedado atrás y las aulas albergan la actividad diaria de la Facultad de Ciencias de la Documentación y la Comunicación. El edificio ya no cuenta con aquella planta superior, pero la gestión interna de aquella demolición parcial sigue formando parte de la trayectoria del centro. El actual decano de la facultad, Daniel Martín Pena, analiza la situación actual de la institución una vez normalizado el entorno arquitectónico: «El momento del derribo del Cubo generó mucha confusión e incertidumbre. Hubo un debate fuerte dentro de la facultad entre el personal y el profesorado. Pero por suerte prevaleció el hecho de que esta facultad siguiese en el casco histórico de Badajoz; para la mayoría era lo importante, seguir en este enclave»

Daniel Martín Pena, decano actual de la Facultad de Ciencias de la Documentación y la Comunicación. / Cedida
Un conflicto entre patrimonio y utilidad pública
La construcción del edificio a finales de los noventa se proyectó como una medida para reactivar la zona alta del Casco Antiguo. Sin embargo, la Asociación Amigos de Badajoz recurrió el proyecto al considerar que contravenía el Plan General de Ordenación Urbana y afectaba al patrimonio histórico.
La resolución judicial de 2006 generó división de opiniones en la ciudad. Mientras los colectivos en defensa del patrimonio exigían el cumplimiento de la legalidad, asociaciones vecinales de la zona llegaron a solicitar un indulto para el inmueble, argumentando el elevado gasto público que supondría derribar una infraestructura educativa que ya estaba en pleno funcionamiento y que dinamizaba el barrio.
La logística del traslado en el verano de 2015
Pese a que la sentencia principal cumple ahora dos décadas, los recursos posteriores y las solicitudes de suspensión cautelar retrasaron la ejecución de las obras casi diez años. Los trabajos de demolición comenzaron finalmente en el verano de 2015.
Para la comunidad universitaria, el inicio de las obras supuso un complejo despliegue organizativo. Profesores y servicios administrativos tuvieron que trasladarse temporalmente, durante los meses de julio y agosto, al Edificio de Institutos Universitarios de Investigación ubicado en el Campus Universitario.
El cierre preventivo de la biblioteca y la pérdida de espacios
La biblioteca del centro, eje de los estudios originarios de Biblioteconomía, fue el área más afectada por la reforma estructural. La necesidad de reubicar los despachos eliminados de la planta superior obligó a realizar una profunda remodelación interna.
La sala de lectura tuvo que reducir drásticamente su tamaño para poder albergar las estanterías de libros, habilitando además pequeños habitáculos para crear cerca de siete nuevos despachos de profesorado. Incluso el acceso original a la biblioteca tuvo que ser completamente modificado. Asimismo, otras estancias de la facultad, como antiguos seminarios de tercer ciclo de doctorado, la zona del consejo de alumnos o la antigua reprografía pública, tuvieron que ser transformadas de urgencia para aprovechar cada metro cuadrado disponible.
'El Cubo': del problema urbanístico al espacio cultural
Con el paso de los años, la denominación que originó la polémica ha sido reutilizada por la propia facultad con fines institucionales. El centro cuenta actualmente con la Sala Cultural 'El Cubo', un espacio que aprovecha la denominación histórica del antiguo edificio para albergar actividades culturales y académicas.
La sala funciona como un punto de encuentro abierto a la ciudad. Javier Trabadela, actual profesor del centro , encargado de la gestión de este espacio, explica que el bautizo del lugar nació con una intención clara: «El nombre se lo puse yo para que no olvidemos los errores del pasado». Tras la demolición, una de las paredes de la polémica estructura original quedó integrada como muro de la sala de exposiciones. Trabadela detalla que el proyecto actual busca «dar unas primeras oportunidades a artistas noveles que comienzan», abriendo las puertas a creadores locales, asociaciones colectivas y ONGs. De hecho, la proyección del espacio ha superado las fronteras locales, logrando este año 2026 expandir sus muestras propias a otras sedes como Cáceres.

Javier Trabadela, encargado de la sala cultural El Cubo. / Cedida
Además, Trabadela tenía su despacho ubicado en la estructura original del antiguo 'Cubo' y vivió en primera persona la incertidumbre de la demolición. El docente califica la pérdida de los despachos como «un despropósito y un desperdicio», recordando que la mudanza estival al campus se afrontó «entre la sorpresa y la incredulidad» por quedarse sin unos espacios de trabajo vitales. A su regreso, la falta de espacio obligó a la plantilla a compartir despachos. El profesor insiste en que las dudas sobre los motivos artísticos de la sentencia persisten, pues «se derribaron solamente dos alturas y no las cuatro, y la primera planta se sigue viendo desde la plaza Alta». Argumenta que en cualquier lugar del mundo es habitual ver «edificios de varios siglos convivir con estructuras de hormigón o cristal del siglo XXI».
Integración en el entorno actual
Veinte años después del pronunciamiento del Tribunal Supremo y tras una década de la reforma física del inmueble, el edificio modificado de la Facultad de Ciencias de la Documentación y la Comunicación presenta una estructura integrada y de menor impacto visual sobre los baluartes medievales. La actividad universitaria continúa plenamente consolidada en el Casco Antiguo, habiendo asimilado la reforma arquitectónica como parte de la historia urbana de Badajoz.
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