Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Testimonio

Juan Antonio Morquecho, primer diácono permanente de Mérida-Badajoz: "La Iglesia me pidió que me lo pensara y descubrí que era una llamada de Dios"

Será ordenado el próximo 27 de junio por el arzobispo José Rodríguez Carballo y se convertirá en el primero de la historia de la archidiócesis

Juan Antonio Morquecho, primer diácono permanente de Mérida-Badajoz.

Juan Antonio Morquecho, primer diácono permanente de Mérida-Badajoz. / Jesús G. Hinchado

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Jonás Herrera

Jonás Herrera

Badajoz

Juan Antonio Morquecho (Almendralejo, 1971) será el primer diácono permanente de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. El próximo 27 de junio recibirá la ordenación de manos del arzobispo José Rodríguez Carballo en un acontecimiento histórico para la Iglesia de Badajoz. Vinculado durante décadas a Cáritas y al trabajo pastoral, afronta este paso como una vocación propia, diferente a la sacerdotal, y como una llamada al servicio que recibe por parte de Dios.

Juan Antonio Morquecho, ¿qué va a ocurrir el 27 de junio en la catedral de Badajoz?

El 27 de junio me ordenará José Rodríguez Carballo, el arzobispo de nuestra diócesis como diácono permanente.

¿Qué compromisos adquiere una vez que le ordenan como diácono permanente de la diócesis?

Me confieren uno de los grados del sacramento del Orden, el del diaconado. Por ello, entro a formar parte del clero de la diócesis, no como sacerdote, porque yo no me ordeno presbítero, sino diácono. A partir de ahí tendré que ejercer mis funciones como diácono en la diócesis con las tareas que don José me encomiende pastoralmente.

¿Qué tipo de tareas puede desempeñar un diácono permanente?

El diácono es el icono de Cristo servidor en una Iglesia servidora. Su función fundamental es el servicio. Está configurado sacramentalmente con Cristo servidor para servir dentro de la comunidad cristiana. Puede anunciar la Palabra, predicar la homilía, proclamar el Evangelio, impartir catequesis, celebrar bautismos y matrimonios, presidir exequias sin Eucaristía y servir en el altar. También tiene una importante labor pastoral vinculada a la caridad, la atención a los pobres, a los enfermos y a las personas que sufren.

¿Por qué ha dado el paso Juan Antonio Morquecho?

Hace casi dos años me lo propuso la diócesis. Don José quería instituir el diaconado permanente en la diócesis, donde todavía no estaba instaurado, y me pidieron que me lo pensara. Llevo 29 años trabajando en Cáritas y también he prestado servicio como delegado para el laicado. Conocían mi perfil, muy vinculado al mundo de la caridad, lo hablé con mi familia, con mi mujer y con mi hijo, lo valoramos y dijimos que sí.

Decía que tu mujer tiene que consentir tu ordenación. ¿Cómo es ese consentimiento?

Primero es un consentimiento que hablamos entre los dos. Esta decisión supone un compromiso no solo mío, sino de toda la familia. Nosotros llevamos muchos años viviendo el servicio en la Iglesia, pero al estar casado ella también tiene que decir que sí. Además existe un consentimiento formal por escrito que acompaña a la solicitud que presento al arzobispo. Este año mi mujer, Lucía, y yo cumplimos 25 años de casados. Nuestro hijo, Juan, tiene 15 años.

¿Cómo ha sido el proceso de discernimiento durante este tiempo?

Ha sido sobre todo un proceso de preparación. Ya tenía los estudios eclesiásticos necesarios, por lo que no tuve que realizar la formación teológica completa que se extiende durante tres años. Se me asignó un tutor, un sacerdote de Almendralejo, con quien he trabajado durante todo este tiempo aspectos pastorales, litúrgicos y también el modo en que yo y mi familia estábamos viviendo este proceso.

¿Cómo está viviendo su entorno más cercano este acontecimiento histórico para la archidiócesis?

Mi familia lo está viviendo con muchísima ilusión, igual que mi parroquia de San Roque de Almendralejo. Me he sentido muy arropado y acompañado desde el primer momento. He recibido muchísimo cariño y afecto. Para la comunidad también es algo muy especial porque me conocen desde que tenía 15 años y sienten que es uno de los suyos quien va a vivir este momento.

¿Cómo espera contribuir a la Iglesia diocesana?

Fundamentalmente desde el ser. No se trata solo de hacer cosas. Habrá tareas pastorales, caritativas, litúrgicas y relacionadas con el anuncio de la Palabra, pero sobre todo se trata de configurarme cada vez más con Cristo servidor, con ese Cristo que lava los pies a sus discípulos. Y quiero subrayar algo: todo lo que pueda conseguir será más obra de Dios que mérito mío.

Es el primero, ¿creen que llegarán más diáconos permanentes tras de usted?

Sí, estoy convencido. Ya hay candidaturas que están siendo estudiadas por parte de la delegación episcopal. Es bueno que vengan más. Yo simplemente soy el primero.

¿Cómo espera vivir el momento de la ordenación el próximo 27 de junio?

Lo primero que espero es que no haga mucho calor (ríe). Más allá de eso, quiero vivirlo con intensidad, concentrado en lo que estamos celebrando y siendo consciente de lo que significa recibir el sacramento del Orden. También quiero vivirlo unido al pueblo de Dios de nuestra diócesis, al obispo, a los sacerdotes y a todos los laicos.

¿Ha sentido el acompañamiento del arzobispo durante este proceso?

Sí. Ha estado muy pendiente y muy cercano. Hemos mantenido varias entrevistas y siempre que me ve me pregunta cómo estoy viviendo este camino.

¿Puede ser el diaconado permanente una solución a la falta de vocaciones sacerdotales?

No. El diaconado permanente no es una solución a la falta de sacerdotes. Es una vocación diferente que tiene valor por sí misma y que debe abrirse paso en nuestra Iglesia diocesana. Igual que existe la vocación sacerdotal o la vocación laical, existe la vocación diaconal. Ninguna sustituye a otra, todas son necesarias.

Si echamos la vista atrás, ¿el joven de 15 años que empezó en la parroquia de San Roque de Almendralejo imaginó alguna vez este momento?

La verdad es que no. Quizá en algún momento de joven pude plantearme el sacerdocio, pero después de tantos años, ya casado y con mi vida hecha, jamás pensé que viviría algo así. Cuando me lo propusieron me dejó completamente descolocado. Pero entendí que era una llamada de Dios y decidí seguir adelante.

¿Qué significa para usted que la iniciativa partiera de la propia Iglesia?

Me dio mucha tranquilidad. No fue algo que yo buscara. Fue la Iglesia la que me pidió que me lo pensara. Cuando la Iglesia te llama, entiendes que Dios también está llamando. Eso me dio mucha paz y mucha seguridad para dar el paso.

Tracking Pixel Contents