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Se visten de gala

De los lunares a la casita de Bad Bunny: la diversidad decora las casetas del ferial de Badajoz

Las casetas de la feria se transforman en espacios escénicos que buscan sorprender al público con originales decoraciones temáticas

Photocall en El Quinto Pino de la casita de Bad Bunny.

Photocall en El Quinto Pino de la casita de Bad Bunny. / Jesus G. Hinchado

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Mari Carmen Mateos

Mari Carmen Mateos

Badajoz

La feria de Badajoz se ha convertido en un auténtico hervidero de creatividad y animación, donde la decoración de sus casetas juega un papel primordial para atraer al público, especialmente durante el cada vez más concurrido tardeo. Este año, el ferial presenta una atractiva dualidad que combina algunas tradiciones con guiños visibles a la cultura pop y la modernidad.

El clasicismo se impone con fuerza en varios rincones del ferial. Un claro ejemplo es la caseta La bien pagá, que destaca por una cuidada decoración flamenca donde los lunares rojos se convierten en los absolutos protagonistas, evocando la esencia más pura de la fiesta. El techo, decorado con farolillos negros y blancos, da el toque definitivo. En una línea similar de inspiración andaluza se sitúa El Cabo -novatos este año gracias a la unión de El Quinto Pino con catering La Gran Familia-, cuyos responsables se han inspirado en la feria de Córdoba para fusionar la tradición con detalles modernos evocando un patio que refresca el ambiente.

En claro contraste, la caseta de catering Machaco ha optado por una línea completamente opuesta. Aquí no hay temáticas específicas: su apuesta es la de la típica feria de siempre, un diseño clásico de toda la vida que busca la comodidad del feriante sin artificios.

Tradiciones y fenómenos de la cultura pop

La variedad estilística no termina ahí. La caseta Estoque by Bessö ha querido traer un pedazo de la capital de España hasta Badajoz, decorando su espacio con motivos inspirados en los chulapos y chulapas, lo que aporta un aire muy madrileño y castizo en pleno corazón de Extremadura. Por su parte, La Voltereta lleva el casticismo un paso más allá con una propuesta que rinde un homenaje a la cultura taurina. Su paleta cromática es toda una declaración de intenciones: el amarillo mostaza de las paredes combinado con el rojo y amarillo de los farolillos del techo. Este simbolismo se corona en la pared del fondo con dos cuadros: uno de un torero y otro de un toro.

En contraposición, la música urbana y las redes sociales también reclaman su protagonismo en el ferial. El Quinto Pino ha causado sensación al instalar un vistoso fotocol que recrea la famosa casita de Bad Bunny, convirtiéndose en el punto fotográfico obligado para los más jóvenes. Siguiendo esta tendencia, Catarsis no se ha quedado atrás y ha incluido el porche de esta misma casita como decorado principal en su fachada, un reclamo visual que conecta directamente con las tendencias actuales.

Esta mezcla de estilos -que va desde los lunares rojos y los patios cordobeses hasta la música urbana- demuestra que las casetas de Badajoz ya no son solo lugares para comer y bailar, sino espacios escénicos que buscan sorprender. La evolución del tardeo y la exigencia de un público que busca experiencias visuales y compartibles en redes sociales están obligando a los caseteros a superarse cada año, transformando el ferial en un gran escaparate de color, originalidad y contrastes culturales.

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