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Iglesia

"Hoy es un día histórico": Juan Antonio Morquecho se convierte en el primer diácono permanente de Mérida-Badajoz

La Catedral acoge la ordenación presidida por el arzobispo José Rodríguez Carballo

El almendralejense, casado y padre de un hijo, inicia este ministerio vinculado al servicio y la caridad

Vídeo | Juan Antonio Morquecho se convierte en el primer diácono permanente de Mérida-Badajoz

Diego Rubio Paredes

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Rebeca Porras

Rebeca Porras

Badajoz

Juan Antonio Morquecho ya es el primer diácono permanente de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. La Catedral Metropolitana de Badajoz ha acogido esta mañana una celebración histórica para la Iglesia diocesana, presidida por el arzobispo José Rodríguez Carballo, en la que este almendralejense de 55 años, casado y padre de un hijo, ha recibido la ordenación diaconal.

El momento supone la implantación efectiva del diaconado permanente en la Archidiócesis, una realidad presente en otras diócesis y que ahora da sus primeros pasos en Mérida-Badajoz. Morquecho llega a este ministerio después de una larga trayectoria vinculada a la acción caritativa y pastoral. Durante casi tres décadas ha trabajado en Cáritas y también ha prestado servicio como delegado para el laicado.

El nuevo diácono afronta esta etapa como una vocación propia, no como un paso previo al sacerdocio. Así lo explicaba en una entrevista concedida a La Crónica de Badajoz: "Hace casi dos años me lo propuso la diócesis. Don José quería instituir el diaconado permanente en la diócesis, donde todavía no estaba instaurado, y me pidieron que me lo pensara". Una decisión que no tomó solo. "Lo hablé con mi familia, con mi mujer y con mi hijo, lo valoramos y dijimos que sí", señalaba.

Al servicio de todos

El diaconado es el primer grado del orden ministerial, junto al sacerdocio y el episcopado. En muchos casos se recibe como paso previo a la ordenación sacerdotal, pero el diaconado permanente tiene una identidad propia y puede ser recibido por hombres célibes o casados. En el caso de Morquecho, su vida familiar forma parte también de este camino.

Las funciones del diácono se desarrollan en tres ámbitos principales: el servicio de la Palabra, la caridad y la liturgia. Entre sus tareas se encuentran asistir al obispo y a los sacerdotes en las celebraciones, administrar solemnemente el bautismo, ser ministro ordinario de la comunión, presidir matrimonios, celebrar exequias, dirigir celebraciones de la Palabra, leer las Sagradas Escrituras, instruir y animar al pueblo de Dios, e incluso pronunciar la homilía cuando corresponda.

No se trata, por tanto, de una figura meramente auxiliar, sino de un ministerio llamado a hacer visible una Iglesia servidora. Morquecho lo resume desde una clave profundamente espiritual: "No se trata solo de hacer cosas". Para él, habrá tareas pastorales, caritativas, litúrgicas y relacionadas con el anuncio de la Palabra, pero el centro está en otro lugar: "Se trata de configurarme cada vez más con Cristo servidor, con ese Cristo que lava los pies a sus discípulos".

Arropado por su familia

El nuevo diácono permanente ha vivido este proceso arropado por su entorno más cercano. Su familia, su parroquia de San Roque de Almendralejo y muchas personas que lo conocen desde hace años le han acompañado en este camino con emoción. "Mi familia lo está viviendo con muchísima ilusión, igual que mi parroquia de San Roque de Almendralejo", afirmaba antes de la ordenación.

El primer diácono permanente de la Archidiócesis, Juan Antonio Morquecho.

El primer diácono permanente de la Archidiócesis, Juan Antonio Morquecho. / Diego Rubio Paredes

También reconocía el cariño recibido durante este tiempo: "Me he sentido muy arropado y acompañado desde el primer momento. He recibido muchísimo cariño y afecto". Para su comunidad parroquial, el acontecimiento tiene un valor especial. Allí lo conocen desde que tenía 15 años y sienten que uno de los suyos ha sido llamado a abrir una nueva etapa en la Iglesia diocesana.

La normativa de la Iglesia permite acceder al diaconado permanente a hombres célibes, casados o viudos, con una edad máxima de 60 años. Los célibes deben asumir el compromiso de celibato perpetuo y haber cumplido 25 años. En el caso de los casados, deben tener al menos 35 años, contar con el consentimiento de la esposa y, si son mayores de edad, también de los hijos. Además, se requiere estabilidad familiar y al menos cinco años de vida conyugal.

La celebración de esta mañana en la Catedral no solo marca un hito en la vida de Morquecho. También abre una nueva página para la Iglesia diocesana, que suma el diaconado permanente a su realidad pastoral y lo hace con un rostro conocido, cercano y muy vinculado al servicio a los demás.

"Es un día histórico para nuestra diócesis"

El arzobispo de Mérida-Badajoz, José Rodríguez Carballo, ha destacado en declaraciones a este diario, la importancia de la ordenación del primer diácono permanente de la archidiócesis, un acontecimiento que ha calificado como "histórico". "No podemos decir lo contrario: es un día histórico para nuestra diócesis y lo vivimos con mucho gusto", ha señalado.

El arzobispo de Mérida-Badajoz, José Rodríguez Carballo, antes del acto.

El arzobispo de Mérida-Badajoz, José Rodríguez Carballo, antes de presidir el acto. / Diego Rubio Paredes

Rodríguez Carballo ha explicado que, por primera vez, la diócesis contará con un diácono permanente, una figura que permite compatibilizar el servicio eclesial con la vida laboral y familiar. En este caso, ha recordado, el nuevo diácono continuará con su trabajo ordinario en Cáritas y asumirá también distintas misiones dentro de la Iglesia. "Está casado y, por tanto, su primera misión es con su mujer y su hijo", ha subrayado.

Preguntado por lo que supone esta incorporación para la Archidiócesis, el arzobispo ha matizado que "no se trata de ganar o perder", sino de "respetar los dones que el Señor da a cada uno". En este sentido, ha recordado que la vocación al diaconado "fue siempre una vocación muy apreciada en la Iglesia" y que tiene sus raíces en los primeros tiempos del cristianismo, cuando los apóstoles eligieron a siete hombres "probados en la virtud, en la fe y en la sabiduría" para atender determinadas tareas de servicio sin abandonar la predicación.

"Éramos una de las pocas diócesis de España que no tenía diaconado permanente"

José Rodríguez Carballo

— Arzobispo de Mérida-Badajoz

El arzobispo ha reconocido que, con el paso del tiempo, el diaconado permanente se perdió en la Iglesia latina, pero fue recuperado por el Concilio Vaticano II. Desde entonces, ha añadido, muchas diócesis han ido incorporando esta figura. "Éramos una de las pocas diócesis de España que no lo tenía. En este momento creo que quedan cinco; las demás ya lo tienen", ha afirmado.

Sobre Juan Antonio, el arzobispo ha explicado que su elección responde a un proceso de discernimiento y acompañamiento. "La vocación nunca la escogemos nosotros; es el Señor quien la da a través de la Iglesia", ha indicado. Según ha relatado, fue la propia Iglesia, a través del arzobispo, quien le ofreció esta posibilidad, que él aceptó desde el primer momento.

El proceso, ha añadido, fue más sencillo porque la diócesis conoce desde hace tiempo su compromiso en el ámbito del servicio y de la evangelización, así como su formación previa en filosofía y teología. "Eso hizo que, con un año de acompañamiento, pueda dar este paso", ha explicado.

La Catedral de Badajoz, durante la ordenación del primer diácono permanente de la Archidiócesis.

La Catedral de Badajoz, durante la ordenación del primer diácono permanente de la Archidiócesis. / Diego Rubio Paredes

El arzobispo ha avanzado además que actualmente existen otros candidatos al diaconado permanente, aunque sus procesos requerirán más tiempo. "La formación es fundamental", ha concluido.

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