Estreno en la capital
Christian Magritte, ante su inminente debut en la Gran Vía: "Estoy viviendo un sueño"
Tras formarse con Juan Tamariz y actuar en Nueva York, el mago e ilusionista pacense desembarca este sábado 4 de julio en Madrid con una propuesta familiar e interactiva donde el público es el verdadero protagonista

El mago e ilusionista, Christian Magritte, ante su público en una una de sus actuaciones / A.M.
Alejandro Martín G.
Hay un instante preciso en la vida de todo artista en el que el abismo se transforma en escenario. Para Christian Magritte (Badajoz, 1990), ese momento comenzó a fraguarse con 19 años, cuando decidió dar un paso al frente y apostarlo todo por el ilusionismo. Hoy, tras haber llevado su talento y su trabajo hasta Nueva York, Magritte cumple una de las metas más "ilusionantes" de su trayectoria: debutar en el Teatro Escondido, en la Gran Vía de Madrid este sábado 4 de julio con un espectáculo familiar e interactivo donde los asistentes no serán simples observadores, sino los verdaderos encargados de hacer surgir la ilusión y el humor sobre las tablas.
La pasión de Christian Magritte con la magia nació a los 8 años tras ver una actuación del mago Emilio Santos en la fiesta de un familiar. Desde entonces, la magia siempre estuvo presente en el. Desde pequeño siempre intentaba ver programas de magia en la televisión, y en la semana de feria, mientras otros niños querían montarse en los "cacharritos", Magritte solo esperaba la llegada del circo y sus magos. Con 11 años, en un viaje a Londres, adquirió su primer set de magia en el centro comercial Harrods y comenzó un camino de aprendizaje adquiriendo por internet artículos de magia que provenían de tiendas profesionales de magia españolas.
Primeras actuaciones
Lo que empezó como breves demostraciones en los recreos de la escuela Virgen de Guadalupe pronto se transformó en actuaciones de cumpleaños y comuniones entre los 15 y 16 años, épocas en las que sus padres y su abuelo lo llevaban en coche a los eventos al no tener edad aún para conducir. Tras años actuando en distintas celebraciones, Magritte acudió al festival Extremagia en Don Benito con tan solo 18 años, empezó a conocer magos y a darse cuenta de que había muchos en Badajoz. Con tan solo 20 años, tomó la decisión de profesionalizarse y darse de alta como autónomo, después de aprender "de forma desinteresada" junto al director de los salesianos, mago e ilusionista gaditano Javier Luna. Para reafirmar su decisión, viajó a Salamanca con su amigo Claudio Otero durante dos semanas y allí trazó un "plan de empresa" de como le gustaría verse en cinco años. Algunos planes como "llenar el Teatro López de Ayala" u "organizar la primera convivencia entre magos españoles y portugueses" fueron los que incluyó en aquella lista.
Al recordar aquellos momentos de incertidumbre y compararlo con su llegada a la Gran Vía, Magritte explica que "si ahora mismo ese Christian tuviera que actuar con el actual, pues no se creería absolutamente nada de lo que le contaría. Estoy en un sueño."
Su filosofía desde entonces ha sido no dejar margen al error ni a la dispersión de objetivos, una mentalidad que él mismo define de forma muy clara: "Siempre he pensado que esa frase de "divide y vencerás" no me gusta. No hay que tener plan B porque si uno lo tiene, no pone toda la carne en el asador y no se esfuerza lo suficiente. Sabía que había venido a este mundo para ilusionar a la gente y para hacer realidad mi sueño.
De la escuela de Tamariz a actuar en Nueva York
En la base técnica y mental de Magritte se encuentra la influencia directa de Juan Tamariz, con quien compartió largas noches en vela. Más allá de las pautas sobre los escenarios, lo que el ilusionista pacense atesora con mayor fuerza es la ética profesional del maestro: "Siempre me decía que para ser buen mago tienes que ser buena persona. De Juan he aprendido eso, el amor a la magia, el cuidar los detalles, entre otras muchas cosas".
Ese bagaje y esos valores fueron los que exportó a Estados Unidos cuando fue contratado por la Embajada Española y el Instituto Cervantes, para actuar en Nueva York, ofreciendo espectáculos en diferentes colegios de barrios como Queens o el Bronx. "Tenía claro que aparte de mi magia, tenía que llevar mis valores, mis raíces y mis tradiciones ya que fui en representación de Badajoz y de Extremadura", explica Magritte. Además, el mago recuerda con especial asombro el sistema motivacional de algunos colegios americanos, donde cada mañana se emitían por megafonía frases célebres y reflexiones para inspirar a los alumnos, una dinámica que, según el, le hizo comprender por qué se le conoce como "el país de los sueños".
A pesar de haber cosechado grandes iniciativas y de haber intentado desarrollar proyectos innovadores, como el de Magia y Flamenco, junto a su mujer Raquel González y el bailaor extremeño Diego Andújar (propuesta que no salió adelante debido a la llegada del COVID), Christian ha sabido evolucionar y adaptar su repertorio para conectar con todo tipo de audiencias, desde eventos corporativos para grandes empresas hasta el formato familiar que presenta este fin de semana en Madrid.

Christian Magritte en una de sus actuaciones / La Crónica
Humor, sorpresa y mucho sacrificio
El espectáculo que llega a la Gran Vía es una propuesta interactiva de ritmo vivo donde el espectador es una pieza fundamental del engranaje. La combinación de ilusionismo y comedia está diseñada para que el público intervenga directamente en los números y cohabite con el misterio. Para Magritte, enfrentarse a un teatro lleno y trabajar con la improvisación de los asistentes requiere de una gran madurez artística y una sólida base de herramientas. "La clave está en tener muchos recursos. Cuando te subes a las tablas de un escenario, sabes perfectamente quién va a pillarte y quién va a disfrutar, siempre intentamos sacar al espectador que va a disfrutar".
La llegada a Madrid representa la cúspide de un esfuerzo continuo, pero Christian no ocultalas dificultades ni el coste personal que a veces exige la vida del artista autónomo y la alta autoexigencia. "He tenido episodios de ansiedad y depresión, de no saber bien quién era. Digamos que el personaje de Christian Magritte se comió a la persona real en diferentes momentos de mi vida", relató.
Así, Magritte ha sabido evolucionar y adaptar su repertorio para conectar con todo tipo de audiencias, desde eventos corporativos para grandes empresas hasta el formato familiar que presenta este fin de semana en Madrid.
Al final, la magia de la que habla Magritte no tiene nada de extraordinario. Sigue encontrándola en los "pequeños detalles", en esos instantes cotidianos que a menudo pasan desapercibidos. Por eso intenta vivir el presente, disfrutar del tiempo con los suyos y tenderles la mano siempre que puede. Porque, al fin y al cabo, está convencido de que "cuando nos ayudamos unos a otros, todos somos un poco mejores".
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