Recuerdo a los asesinados
Badajoz homenajea a los guardias civiles víctimas del terrorismo: "Me volaron la mano con un lanzagranadas"
Antonio Guerra, quien vivió un atentado en 1982, ha compartido la experiencia que le llevó a perder una mano en un atentado en Bilbao
FOTOGALERÍA | Badajoz homenajea a los guardias civiles víctimas del terrorismo: "Me volaron la mano derecha con un lanzagranadas" / David Guilleume

La memoria de la lucha contra la barbarie terrorista tiene nombre y apellidos, rostros que, como el de Antonio Guerra, encarnan a la vez la tragedia y la vocación de servicio. Guerra, cabo primero de la Guardia Civil en situación de retirado, es una de las tantas víctimas -28 extremeños, 16 de Badajoz- que hoy le ponen cuerpo al recuerdo: el 17 de abril de 1982, un ataque con lanzagranadas en Bilbao le arrebató la mano derecha y le provocó graves secuelas. Su presencia y su historia de superación han marcado la tónica de un homenaje en la que el cuerpo ha reivindicado que el sacrifico de quienes lo dieron todo por la libertad, jamás caerá en el olvido.
El eco de ese respeto ha vuelto a ponerse de manifiesto hoy en el patio de la Comandancia de la Guardia Civil de Badajoz- En un acto breve pero de una profunda carga simbólica, representantes civiles y militares se han dado cita a primera hora de la mañana para conmemorar el Día de la memoria y recuerdo de las víctimas del terrorismo del cuerpo. EL homenaje, que ha comenzado puntual a las 9.00 horas y que ha durado algo menos de diez minutos, ha servido para ensalzar el orden constitucional y de la democracia.
Con la presencia del delegado del Gobierno en Extremadura, José Luis Quintana, el acto ha contado con una destacada representación de autoridades, entre las que se encontraban el jefe de la zona de Extremadura, el general de brigada Andrés Velarde; el jefe de la Comandancia de Badajoz, el teniente coronel Manuel Delgado Fuentes; sumado a demás oficiales y mandos de la región y pacenses.
Un compromiso ético y de gratitud
El homenaje ha dado comienzo con la lectura de una declaración institucional por parte de la portavoz de la Guardia Civil de Badajoz, Conchi Nieto. Esta ha subrayado el arraigo de este reconocimiento dentro del cuerpo: "El recuerdo a las víctimas del terrorismo de la Guardia Civil es un compromiso de gratitud y un motivo de estímulo para el cumplimiento del deber". Asimismo, ha recordado que a través de este homenaje anual, que se replica en todas las comandancias españolas, se busca "mantener su memoria viva y reivindicar su mensaje ético".
Tras discurso inicial, el patio de la comandancia se ha convertido en el escenario de la tradicional ofrenda floral ante la bandera de España, que permanecerá arriada a media asta durante toda la jornada en señal de luto. Dos guardias civiles -un hombre y una mujer- han portado con solemnidad una corona de laurel en representación del cuerpo. Justo detrás, la Asociación de Víctimas del Terrorismo ha depositado un ramo de flores a los pies de la enseña nacional, mientras se oficiaba un breve responso religioso a cargo del capellán.
Durante el acto, han sonado los acordes de la pieza militar 'La muerte no es el final', que ha sido recitado por el personal militar. Además, ha sonado la Sinfonía n.º 6 'Pastoral', de Beethoven. La portavoz del cuerpo recitó un soneto dedicado a los caídos, aquellos que dieron su vida por España: "Lo demandó el honor y obedecieron, los requirió el deber y lo acataron; con su sangre la empresa rubricaron, con su esfuerzo la Patria engrandecieron".
Antonio Guerra: memoria viva frente al olvido
Más allá del estricto protocolo militar, el valor humano ha quedado reflejado en el testimonio de Antonio Guerra. Natural de la provincia de Badajoz, pero destinado en el País Vasco en los años más duros de la actividad terrorista en España, Guerra recuerda perfectamente detalles de aquel 17 de abril de 1982.
"Tuvimos un atentado en un cuartel que aún estaba en obras y que la banda pretendía volar por los aires el día de la inauguración con 50 kilos de Goma-2 -dinamita-", relata con entereza el que fue cabo primero. "Me volaron la mano derecha. Me tiraron con un lanzagranadas y me la cayeron al suelo. Yo la puse encima de la mesa y llamé por la emisora y dije: Venid porque tenemos un herido". Aquel ataque le provocó una altísima pérdida de sangre y una posterior lesión cardiaca.

Antonio Guerra, quien perdió una mano en un atentado en Bilbao. / David Guilleume
Sin embargo, su historia es un ejemplo de resiliencia. Apenas diez días después del atentado, ingresado en el Hospital Militar de Sevilla, ya ensayaba la escritura con la mano izquierda. Cuando los mandos generales le instaron a pedir lo que deseara, su respuesta fue: "Yo quiero quedarme en activo". Poco después, el 1 de septiembre de ese mismo año, Guerra ingresaba en la academia de cabos. "Allí estuve cinco mese saltando el potro y el plinto, unas veces cayéndome y otras levantándome, pero saqué la promoción adelante". Tras su recuperación, prestó servicio durante once años en Badajoz al frente del Seprona, manejando incluso motos.
Hoy en día, Antonio Guerra canaliza sus vivencias a través de una labor pedagógica esencial, impartiendo charlas en centros educativos e institutos coordinadas por el Ministerio del Interior y las asociaciones de víctimas. Su meta es clara: evitar que las nuevas generaciones olviden lo que significó el terrorismo. "Les explico mi historia y cómo fue el atentado. Los chavales necesitan saber lo que es el terrorismo", defiende el cabo retirado.
Son 243 guardias civiles los que han sido asesinados por motivos terroristas desde el 7 de julio de 1968. Por ellos, y por los más de 500 heridos y supervivientes como Antonio Guerra, Badajoz ha reafirmado que su entrega no caerá en el olvido, y que su recuerdo permanecerá siendo el motor de sus compañeros.
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