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Social

'Vacaciones en Paz': el programa que une a familias de Badajoz y niños saharauis cada verano

Carmen González, una voluntaria, relata los desafíos y la recompensa de acoger a los menores y superar las barreras culturales

La diputación ha destinado más de 34.000 euros para desarrollar el programa este año

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David Guilherme

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Mari Carmen Mateos

Mari Carmen Mateos

Badajoz

El salón de plenos de la Diputación de Badajoz ha recibido entre aplausos, risas e ilusión, a los niños del programa 'Vacaciones en Paz', donde se ha vuelto a demostrar que, detrás de las cifras, se esconden realidades humanas capaces de transformar hogares enteros. Este año, la Asociación NUR Saharaui Extremadura ha dado un salto al gestionar la llegada de 135 menores procedentes de los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia), un éxito que ha encontrado en la capital pacense uno de los testimonios más veteranos.

La Diputación de Badajoz ha respaldado esta iniciativa: NUR ha recibido 12.900 euros y la Federación Sáhara Extremadura (FEDESAEX) 9.100 euros dentro de la convocatoria de acción social, destinados principalmente a sufragar las actividades que realizan los menores durante su estancia en Extremadura y los gastos derivados de sus desplazamientos a España. Además, NUR ha concurrido a la convocatoria de cooperación internacional, obteniendo 12.100 euros para financiar la compra de alimentos destinados a los campamentos de refugiados

Carmen González: dos décadas de entrega

Si hay una voz que encarna el espíritu y la evolución del programa en Badajoz, es la de Carmen González. Vecina de la ciudad, atesora una trayectoria desde que comenzó en el año 2004. Tras una primera etapa de acogida que se prologó hasta 2010, ahora se encuentra inmersa en el quinto año de esta nueva fase, abriendo de par en par las puertas de su casa a Salma, una niña de 12 años cuya adaptación ejemplifica los complejos muros culturales que el cariño es capaz de derribar.

"El primer año fue un poco duro porque como no hablaba nada de español, no entendía", relata Carmen, quien recuerda con nitidez la angustia de los primeros días, cuando la menor lloraba y se negaba a comunicarse por teléfono con su entorno de origen: "No quería hablar con su madre biológica". Aquella barrera idiomática inicial se convirtió en el principal reto de la familia pacense, que volcó sus esfuerzos en ganarse la confianza de la pequeña y de su madre. El punto de inflexión no tardó en llegar: "El día que habló con su familia parecía que nos había tocado la lotería a mi marido y a mí".

Más allá del idioma, Carmen detalla una de las anécdotas sobre el choque cultural y las costumbres habitacionales del desierto que se había encontrado Salma. "Cuando vio la cama de matrimonio le entró una alegría, porque ellos quieren estar acostados con gente. Están en las jaimas todos acostados: la madre, el padre, los tíos... Todos allí. Cuando la metes en una habitación sola es muy duro para ella". Para evitar ese mal trago al principio, Salma pasó las primeras noches durmiendo junto al matrimonio, algo que afianzó su seguridad en un entorno desconocido. "Ahora estamos muy bien y es un ambiente muy bonito", celebra Carmen.

Este año cuenta además con un seguimiento médico prioritario para Salma debido a que padece Diabetes. Según dice, los controles médicos se han vuelto más flexibles y a los niños llegados desde el Sahara no se realizará analítica. "A ella sí le van a hacer análisis porque tiene azúcar. Si no hubiese tenido ese problema, no se lo hubieran hecho", explica, aclarando la excepción sanitaria de este año en las revisiones pediátricas del programa.

"Ellos aprenden, pero nosotros aprendemos más"

La experiencia de Carmen contrasta con casos como el de Lola Zambrano, portavoz de las familias de acogidas. Ella llegó al programa hace cinco años tras incorporarse de urgencia porque "faltó una familia a última hora". Lola insiste en el valor del aprendizaje mutuo: "Ellos aprenden, pero nosotros aprendemos más que ellos".

Por su parte, los propios niños ponen voz a la felicidad más pura del verano. Mohamed, un pequeño que pasa sus vacaciones en Extremadura, ha tomado el micrófono para agradecer "a Badajoz, a todas las familias y a España", antes de confesar su pasión por el fútbol. En Villafranca de los Barros, otro menor con el mismo nombre comparte su verano y subraya que lo mejor de la experiencia es "la playa, la piscina, la feria y los juguetes".

Casa de acogida en Valverde de Mérida

Ante la magnitud del programa, la Asociación NUR ha innovado este año con la apertura de 'Casa NUR' en Valverde de Mérida, un albergue que acoge a siete niños saharauis que no encontraron familia durante el proceso. El presidente de la asociación, Juan José Solís, subraya la importancia del respaldo de las intuiciones y agradece a la Diputación de Badajoz por sostener tanto 'Vacaciones en Paz' —para menores de 8 a 12 años— como el programa 'Madrasa', que permite a los jóvenes saharauis estudiar en la región durante el resto de meses.

Además, Solís anima a las familias a ser casa de acogida, ya que ellos se encargan de todos los trámites para que la familia solo deba entregar la documentación que acredita que no tienen delitos de índole sexual ni antecedentes penales.

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