La traca final de su primera gira
Sanguijuelas del Guadiana llena la Alcazaba de Badajoz con una verbena al más puro estilo extremeño
La banda de Casas de Don Pedro protagonizó una noche memorable ante 8.500 asistentes, reviviendo sus inicios en una cochera y rindiendo un homenaje a Extremoduro

David Guilherme
Andrea Vaca
Hay conciertos que se recuerdan por un repertorio impecable y otros por la conexión absoluta entre escenario y público. El de Sanguijuelas del Guadiana en la Alcazaba de Badajoz será rememorado por ambos. Más de 8.500 personas, con un ambiente festivo y familiar, transformaron el recinto monumental en una auténtica verbena de pueblo, donde convivieron niños sobre los hombros de sus padres, grupos de amigos y seguidores que llevan años acompañando a la banda. Una celebración en la que cada canción encontró respuesta inmediata desde el público.
La velada comenzó con La Kaíta, encargada de abrir el concierto con un repertorio que preparó el ambiente para la gran cita. Más tarde, volvería a subir al escenario junto a la banda en uno de los momentos más emotivos de la noche. Antes de cantar con ella, los integrantes de Sanguijuelas del Guadiana recordaron que habían crecido escuchando "el cante del Porrina de Badajoz, de la Marelu y, sobre todo, de La Kaíta", confesando que, tras ensayar con ella el día anterior, habían quedado "embelesaos" con su voz y que no podían dejar pasar la oportunidad de compartir escenario.
El lugar donde comenzó todo
El concierto también fue una mirada a sus propios orígenes. En uno de los discursos más aplaudidos de la noche, el grupo recordó aquella cochera donde empezó todo. "No sabéis la emoción que tenemos de ver esto así. Hace diez años, en una cochera como esta, tres amigos empezaron a destrozar sus primeras canciones. Allí pensamos, por primera vez, que queríamos dedicarnos a la música y soñamos con estar algún día en un sitio como este, rodeados de toda la gente que nos quiere. Hoy la cochera es de todos los que estáis aquí: de los que estuvisteis cuando empezamos, de los que estáis hoy y de los que vendrán en los próximos conciertos":
El mensaje conectó especialmente con un público en el que abundaban vecinos de pequeños municipios extremeños. "¡Vivan los pueblos!", exclamaron desde el escenario, reivindicando unas raíces que siguen siendo parte esencial de su identidad.
A partir de ahí, el concierto avanzó sin apenas descanso con un repertorio de diecinueve canciones. ‘Amapolas’ abrió una noche que continuó con himnos ya imprescindibles como ‘Revolá’ y ‘Cabales’, entre muchas otras. Cada estribillo encontraba respuesta inmediata en una Alcazaba convertida en un inmenso karaoke.
Homenaje a Extremoduro
Uno de los momentos de mayor intensidad llegó con el homenaje a Extremoduro. Antes de interpretar ‘Na que perder’, el grupo explicó que las canciones de Robe fueron decisivas para despertar su vocación. El recuerdo fue todavía más personal cuando evocaron su concierto en ese mismo escenario hace cuatro años. "Fue uno de los mejores conciertos que hemos vivido y el impulso que nos dio para perseguir este sueño, que es vivir de la música y hacer nuestras propias canciones". Entonces pidieron al público que levantara sus vasos para brindar por el artista y por Extremadura.
Sin embargo, la noche también sirvió para demostrar que Sanguijuelas del Guadiana ya mira hacia el futuro. El grupo estrenó dos canciones inéditas. Una de ellas, escrita apenas dos días antes del concierto, fue presentada con una reflexión sobre la velocidad a la que está cambiando su vida. "Cuando las cosas van tan rápido es complicado estar presente en los días importantes. Esta canción la escribimos hace dos días para estar presentes esta noche y disfrutarla con vosotros".
El concierto también dejó espacio para los agradecimientos. El grupo quiso reconocer públicamente el trabajo de los técnicos, personal de barras y todo el equipo que les acompaña en la gira, nombrando uno a uno a quienes hacen posible el espectáculo y provocando una nueva ovación del público.
Con ‘Cabales’ llegó el cierre de una noche en la que la emoción estuvo presente de principio a fin. Más que un concierto, Sanguijuelas del Guadiana ofreció una declaración de principios: reivindicaron las cocheras donde nacen los sueños, los pueblos que los vieron crecer, la música de quienes les inspiraron y el orgullo de volver a casa cuando el camino empieza a hacerse grande.
La Alcazaba respondió como solo responden las grandes ocasiones: cantando, saltando y abrazando cada canción. Porque anoche, Badajoz no solo acogió un concierto, sino que celebró el triunfo de unos músicos que siguen sintiendo que, aunque ahora llenen recintos históricos, todo empezó en una cochera.
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