Seguridad vial
“Nos jugamos la vida”: vecinos de Pozo Navarro en Badajoz claman por una línea continua en la entrada de su urbanización
Los conductores realizan adelantamientos dobles y triples a gran velocidad desde la curva situada a unos 200 metros del acceso al residencial

David Guilherme

El día a día de los vecinos de la urbanización Pozo Navarro de Badajoz, situada en el kilómetro 10,5 de la N-432 (conocida como carretera de Sevilla), se ha convertido en una maniobra de alto riesgo. La combinación de obras en proceso, el flujo de tráfico a alta velocidad tras las nuevas rotondas y el no tener una salida y entrada segura, mantiene en vilo a esta comunidad. Lo que comenzó con la reclamación de un carril de acceso, promete transformarse en una batalla prioritaria por la seguridad vial y la propia vida.
La indignación vecinal se avivó tras la ejecución de las recientes obras en la vía. Según explican los afectados, el proyecto inicial del Ministerio de Transportes abarcaba las actuaciones hasta el kilómetro 10,5, donde se ubica el acceso a la urbanización. Sin embargo, aseguran que los trabajos se recortaron unos 500 metros atrás, dejando a la comunidad fuera del trazado proyectado, sin el ansiado carril de servicio y sin una línea continua que garantice el acceso seguro a las viviendas.
Riesgo en la curva
El principal temor de los vecinos radica en la pintura de la calzada. A escasos 200 metros de la entrada al residencial existe una curva con una línea discontinua. Los vehículos procedentes de Badajoz, tras dejar atrás la última rotonda, toman la recta a gran velocidad. Al ver que pueden adelantar en plena curva, muchos conductores lo hacen a dos e incluso tres vehículos sin percatarse de que los residentes están aminorando la marcha para girar hacia sus viviendas a la izquierda.

Curva a unos 200 metros de la entrada, donde se comienzan a producir los adelantamientos. / David Guilherme
"Te pones con el intermitente, tal como indica la Guardia Civil, y de repente te sale un coche adelantando a toda velocidad", relata Gabriel Broceño, uno de los vecinos de los afectados. Los testimonios se acumulan entre los residentes. Mari Carmen Durán rememora cómo se vio obligada a continuar recto hasta una gasolinera a varios kilómetros y poder dar la vuelta de noche al percatarse en el último segundo que un vehículo la adelantaba mientras ella iniciaba el giro: "Fue un susto enorme. Tuve que seguir porque el coche me metía para mi casa. Pensé que me mataba aquí mismo". Además, Joaquín Cosme, el portavoz, advierte sobre la falta de visibilidad que provocan los setos de la curva, algo que incrementa más el riesgo de colisión.
Las consecuencias de esta situación ya se han cobrado sustos graves y siniestros en el pasado. Los vecinos recuerdan accidentes en los que los coches han terminado estampados en la cuneta tras intentar esquivar un adelantamiento indebido. "Aquí nos jugamos la vida. Es una vía peligrosa y ya hemos tenido sustos con algún vecino que ha acabado en un accidente", dice Cosme.
Petición formal sin respuesta
Ante el silencio administrativo, la urbanización dio un paso formal el pasado 13 de marzo. A través de un escrito dirigido al ingeniero jefe de la Demarcación de Carreteras del Estado en Extremadura, el presidente de la comunidad solicitó oficialmente que, aprovechando las obras en marcha, se valorase el cambio de la línea discontinua a continua con acceso a la entrada del residencial. Una medida simple y de bajo coste que obligaría a los vehículos a mantener su carril y permitiría a los residentes maniobrar con garantías. Sin embargo, hasta la fecha no han recibido respuesta.
El malestar se extiende también al ámbito tributario. Los residentes denuncian un agravio comparativo al sentirse desatendidos por las administraciones públicas: "Pagamos contribución urbana, basura, alcantarillado y todos los impuestos municipales como si viviéramos en el centro de la ciudad cuando esto es suelo rústico. Pero cuando se trata de nuestra seguridad en los accesos, nos ignoran", lamenta Broceño.
La reclamación cuenta con el respaldo unánime de los propietarios de la urbanización Pozo Navarro. La consigna es clara: no piden grandes infraestructuras, sino una línea continua que evite una tragedia inminente que se producirá "más pronto que tarde". La pelota está ahora en el tejado del Ministerio de Transportes, de quien depende mirar por la seguridad de un grupo de vecinos que clama antes de que se produzca un accidente grave.
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