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Problema real

Pavos reales sueltos en una urbanización de Badajoz: sobresalto vecinal por la irrupción de las aves en las parcelas

Propietarios de Campo Pino alertan sobre la incursión constante de dichos animales procedentes de una finca en la que se han desentendido de su custodia

Los afectados se quejan de que dañan sus huertos y los tejados de sus viviendas

Algunos de los pavos que se adentran dentro de las parcelas, subidos en el tejado de una de las casas

Algunos de los pavos que se adentran dentro de las parcelas, subidos en el tejado de una de las casas / Cedida

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Alejandro Martín G.

Badajoz

La tranquilidad que habitualmente caracteriza a la urbanización Campo Pino, en Badajoz, se ha visto truncada en el último medio año. Lo que comenzó siendo una presencia anecdótica de preciosas aves en los alrededores de las viviendas se ha transformado en un auténtico quebradero de cabeza para los propietarios. Una bandada de descontrolada de pavos reales, originada en una finca en la parte superior vinculada, según algunos vecinos, a un antiguo promotor, ha convertido este enclave residencial en su particular territorio de paseo, donde saltan de parcela en parcela sin encontrar ningún tipo de impedimento que frene su avance.

Esta problemática afecta a la calidad de vida de algunos residentes, quienes ven cómo sus propiedades sufren ciertas agresiones desde primera hora de la mañana. Las aves, que se desplazan en grupo y sin ningún tipo de supervisión, han perdido el miedo a la presencia humana, aunque huyen al percatarse de la llegada de los vecinos. Sin embargo, el tiempo que pasan en el interior de los recintos privados resulta más que suficiente para destrozar el esfuerzo de meses en los cultivos hortícolas y provocar deterioros en los elementos arquitectónicos de algunas edificaciones, generando un clima de frustración e impotencia.

Origen descontrolado e incursiones matinales

Según algunos vecinos, el foco del conflicto se sitúa en una parcela ubicada en la zona alta de la urbanización. Los animales pertenecían inicialmente a un antiguo promotor de la zona, pero al quedar totalmente abandonados a su suerte, comenzaron a reproducirse de manera libre entre ellos. En la actualidad, resulta totalmente imposible calcular el número exacto de ejemplares que forman parte de este grupo de aves, el cual campa a sus anchas por las inmediaciones sin que nadie asuma la titularidad ni la responsabilidad sobre su mantenimiento y custodia.

Un pavo real entre los setos de una parcela.

Un pavo real entre los setos de una parcela. / David Guilherme

La rutina de estas aves está perfectamente sincronizada con el amanecer. Tal y como ha detallado uno de los vecinos, Antonio Vaca, los pavos hacen acto de presencia de forma puntual sobre las siete de la mañana, momento en el que aprovechan para introducirse en las fincas ajenas. Vaca señala que las aves se desplazan saltando los límites de las parcelas colindantes y arruinan por completo los huertos particulares, dejando los cultivos inservibles y sembrando el desconcierto entre los propietarios que madrugan para cuidar sus terrenos, lamentando además que los animales destrozan todo a su paso antes de que les dé tiempo a reaccionar.

Perjuicios económicos y daños en los tejados

El impacto de esta irrupción va mucho más allá de los desperfectos en los huertos, pues alcalza cierta gravedad en los tejados. Debido al peso y la envergadura de los animales, los pavos provocan el desplazamiento y la rotura de las tejas al subirse sistemáticamente a las cubiertas de las casas con el objetivo de pasear sobre ellas. Esto provoca que se produzcan filtraciones de agua cuando llueve.

Uno de los casos lo narra Carlos Ares, quien ha sufrido en primera persona las consecuencias de esta situación. El propietario ha explicado los desperfectos sufridos en su vivienda particular: "He tenido que reparar el tejado hace unos meses debido a que los pavos se suben a él y corren encima". La situación obligó a Ares a acometer una obra de gran calado que incluyó la limpieza integral de la superficie, la aplicación de pintura antihumedad y la instalación de fibra de vidrio para sellar la cubierta.

La factura de este problema no se limitó exclusivamente al tejado, sino que repercutió de forma directa en el interior de la vivienda. Ares lamenta el desembolso económico que ha tenido que afrontar: "Ha habido que pintar la habitación porque tiene humedades. He tenido gastos innecesarios porque nadie se preocupa de esta situación".

Esto ha llevado a algunos residentes a intentar canalizar sus quejas de manera formal a través de los órganos de representación de la urbanización, recordando que la presencia de aves sin control sanitario en zonas residenciales supone también una preocupación añadida que requiere la intervención inmediata de las autoridades competentes.

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