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Hacer el agosto con...

Fernando Cumbres, abogado penalista: "Llevaría a Trump a La Siberia extremeña para hablar de los aranceles del jamón y el vino"

Entre papeles pasará parte de su verano este letrado, que está al frente de algunos de los casos más mediáticos que se siguen en los juzgados de Extremadura. Intentará ‘exprimir’ agosto para tratar de compatibilizar las obligaciones, la familia y el descanso que merece otro intenso curso de pleitos en su despacho

El abogado Fernando Cumbres en su despacho de Badajoz, donde pasará parte del verano.

El abogado Fernando Cumbres en su despacho de Badajoz, donde pasará parte del verano. / LA CRÓNICA

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Belén Castaño Chaparro

Belén Castaño Chaparro

Badajoz

¿Qué significa para usted «hacer el agosto»: ganar más, trabajar mejor o disfrutar más?

-- Pues me espera un mes de agosto intenso, porque hay que preparar el nuevo año judicial, que se presenta cargado. Ahora mismo tenemos entre manos dos procedimientos de asesinato en Badajoz y Plasencia, que serán con jurado, y además de otras causas importantes, tenemos que presentar en septiembre varias demandas y querellas. Pero lo que más me quita el sueño este agosto es una obra: la ampliación de nuestro despacho.

¿Qué cambia este mes en su día a día?

-Trato de reducir al máximo mi actividad y, si es posible, pisar entre poco y nada el despacho. Aprovecho para hacer cosas que durante el año no puedo hacer, desde leer cosas que no sean autos y sentencias, a dormir la siesta sin la angustia de que suene el teléfono o jugar a la PlayStation. Confieso que estoy comenzando a escribir un libro, pero hasta ahí puedo leer, no sé si llegará a buen puerto.

¿Cuál es su refugio favorito en Extremadura cuando aprieta el calor?

--Huir del calor en Extremadura se presenta como un reto casi imposible, más para una persona que como yo no lo soporta. Recientemente, pasé unos días en el Jerte, que junto a La Vera son ese oasis, esa joya natural de nuestra región. Pero desde hace años me encanta escaparme al menos un fin de semana al Balneario del Raposo y visitar a amigos de la zona de Zafra.

¿Es de río o de montaña, o, por el contrario, se va a la playa?

-Pues la verdad es que soy poco amigo de pisar la playa durante la mañana. ¡Maldito calor! Pero disfruto muchísimo dando un paseo por ella por la tarde. Mi verano favorito es aquel que combina la cultura con el ocio. El año pasado tuve la oportunidad de visitar Colombia con unos amigos, un viaje increíble y muy recomendable.

¿Qué mito del verano le gustaría desmontar?

-- Ese mito que dice que en agosto los juzgados cierran y los abogados ‘bajamos la persiana’ hasta el mes de septiembre. Y eso no es cierto, porque muchos procedimientos, sobre todo laborales y penales, continúan y el abogado debe estar siempre ahí al pie del cañón. Los clientes nos necesitan en uno de los peores momentos de su vida y eso no entiende de fechas, ni vacaciones; es un sacrificio por desgracia necesario en nuestra profesión.

¿Desconecta en agosto?

-¡Ya quisiera yo! Pero mi problema es que visto la toga como el monje viste el hábito. Esta profesión se lleva y se profesa cual religión y contamina todas las esferas de tu vida, así que hay poco margen a desconectar y más si te reúnes con otros compañeros. Y si ya le sumas el teléfono móvil, tienes como resultado un autónomo al cuadrado.

¿Qué libro está leyendo?

- Ahora mismo estoy enganchado a la trilogía de Julio César, de Santiago Posteguillo. Confieso que soy un friki de la historia, sobre todo lo que tenga que ver con el Imperio Romano, como buen emeritense, o la Segunda Guerra Mundial. Así detrás de César irá el resto de libros de Posteguillo. Aunque tengo pendiente ‘Corrieron regueros de sangre’, el último libro de mi buen amigo el excomisario Aurelio Fernández, que sigue los hechos de la Toma de Badajoz durante la Guerra Civil. Lectura obligada, porque hay que conocer la historia para evitar que sus males y errores se repitan.

¿Qué canción resume su mejor verano?

- Soy muy de indie o, como dice mi mujer, de «la música de los tristes». Pero el indie es la música de los festivales de verano, y ahí no pueden faltar Iván Ferreiro, Vetusta Morla o Lory Meyers. Pero el auténtico ‘Dios’ es nuestro inmortal e irrepetible Robe Iniesta.

¿Gazpacho o salmorejo, tortilla de patatas con o sin cebolla, cerveza o vino blanco?

-¡Con cebolla, por Dios, con cebolla! O incluso con chorizo o pimientos, pero sin nada es un sacrilegio. ¡Y acompañada de una Cruzcampo bien fresquita! Pero los auténticos e indiscutibles reyes de los veranos extremeños son el melón, la sandia y los tomates.

¿A quién invitaría a compartir unos días de verano en Extremadura y qué plan le propondría?

-- Llevaría a Trump a La Siberia extremeña, para que se le ‘refresquen’ las ideas y luego hablaríamos de los aranceles del jamón, el vino, el aceite y la aceituna. De cómo unos extremeños exploraron y colonizaron América o el malagueño Bernaldo de Gálvez consiguió que Estados Unidos se independizaran de Gran Bretaña. Le explicaría que ‘Extremadura is already great’.

Cuando llegue septiembre, ¿qué le gustaría poder decir que ha conseguido este agosto?

-- Me encantaría haber disfrutado de más tiempo, y sobre todo de calidad, con mis hijos, Víctor y Alonso, de 4 y 2 años, que son los que realmente le dan sentido a todo lo que hago, pero la realidad es que junto a mi mujer son quienes más pierden diariamente con mi ritmo frenético de trabajo. Por eso, cada vez que puedo, trato de darnos a toda la familia ese pequeño lujo que es pasar tiempo juntos.

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