La fiesta de las flores
Campo Maior abre "el mayor jardín del mundo" hasta el 16 de agosto
Miles de visitantes, entre ellos cientos de extremeños, han llenado desde primera hora las calles de la localidad portuguesa, convertida durante nueve días en un gigantesco jardín de flores de papel tras once años de espera

Jota Granado
Campo Maior ha vuelto a florecer. Once años después de la última edición, las Festas do Povo han abierto este sábado sus calles a miles de visitantes para descubrir el resultado de meses de trabajo de todo un pueblo. Flores, animales, jardines, motivos orientales, referencias a Grecia, frutas y hasta el canto de los colibríes acompañan desde hoy a quienes recorren casi diez kilómetros de calles convertidas en un gigantesco jardín de papel.
Decenas de autobuses han llegado desde primera hora de la mañana de distintos puntos de Portugal, pero también desde Extremadura. Montijo, Zafra, Castuera, Arroyo de la Luz, Fregenal de la Sierra, Badajoz, Albalá o Casas de Don Pedro son algunos de los municipios desde los que partieron visitantes para no perderse el regreso de una de las celebraciones más singulares de la Raya.
Y Campo Maior los recibió con los brazos abiertos
“Este es un día de Portugal en Campo Maior”, resumía el alcalde de la localidad, Luís Rosinha, ante la multitud congregada en la inauguración. El regidor ponía así palabras a una jornada en la que la frontera parecía diluirse entre las calles engalanadas y en la que portugueses y españoles compartieron el mismo asombro ante una decoración que llevaba meses guardada en el más absoluto secreto.
Porque detrás de cada flor que ahora cuelga sobre las cabezas de los visitantes hay muchas noches de trabajo. Papel de seda, papel Pinocho y otros materiales han sido cortados, moldeados y unidos con alambres, cintas, cuerdas y estructuras de madera para dar forma a millones de flores y elementos decorativos. En algunos casos, el trabajo comenzó hace casi un año.
No hay apenas un tramo de calle que no invite a detenerse, mirar hacia arriba y sacar el teléfono para conservar una imagen de un espectáculo que, en apenas unos días, desaparecerá
En la calle de San João Batista, Saturnina Piris y alrededor de una veintena de vecinos llevan trabajando desde febrero. “Todas las noches, de las ocho de la tarde a la una de la mañana”, explica. El cansancio acumulado, sin embargo, queda relegado a un segundo plano al contemplar el resultado.
“Es una alegría muy grande ver nuestro trabajo concluido”, cuenta Saturnina. Para ella, que llegó a Campo Maior desde Esperança pero lleva muchos años vinculada al municipio, las Festas do Povo son también una cuestión de orgullo: “Para nosotros es un orgullo muy grande”.
Un jardín de papel que sorprende en cada esquina
La sorpresa es precisamente una de las claves de esta fiesta. Cada calle guarda su propia temática y obliga al visitante a levantar la mirada continuamente para descubrir nuevos detalles. Uvas, naranjas, girasoles y flores multicolores conviven con flores de cerezo, composiciones inspiradas en Oriente y otras decoraciones en Grecia.
También aparecen pavos reales, loros, espantapájaros y enormes composiciones florales. En una de las calles, los colibríes no solo se ven: también se escucha el sonido de su canto mientras se pasea bajo las flores.
La decoración convierte cualquier rincón en un escenario para una fotografía. No hay apenas un tramo de calle que no invite a detenerse, mirar hacia arriba y sacar el teléfono para conservar una imagen de un espectáculo que, en apenas unos días, desaparecerá.
Entre las novedades y homenajes de esta edición destaca la calle dedicada a Rui Nabeiro y a su esposa, Alice. Las columnas aparecen cubiertas con frases del histórico empresario de Campo Maior, fallecido en 2023, cuya memoria continúa profundamente ligada a la localidad.
Pero si hay una imagen que resume el espíritu de las Festas do Povo no está en una de las grandes composiciones, sino en las manos que las han hecho posibles.
“Las manos que hacen la tradición”
El presidente de la República Portuguesa, António José Seguro, fue el encargado de presidir la inauguración y quedó deslumbrado por el resultado. En su intervención quiso poner el foco precisamente en aquello que no se ve cuando el visitante entra por primera vez en una calle cubierta de flores: el tiempo, la paciencia y el trabajo colectivo.
“Las Festas do Povo muestran al país y al mundo que cuando una comunidad se une en torno a un sueño común, es capaz de alcanzar resultados extraordinarios”, ha afirmado.

Visitantes en la fiesta de las flores de Campo Maior. / Jota Granado
Seguro ha definido Campo Maior como un ejemplo de comunidad y ha destacado que el verdadero valor de la celebración no está únicamente en la belleza de las calles, sino en todo lo que ocurre antes de que estas abran sus puertas.
“Las fiestas se hacen muchas noches de trabajo compartido, de conversación y de convivencia”, ha señalado durante su discurso. Y resume una de las claves de esta tradición con una expresión especialmente gráfica: “Las manos que hacen la tradición”.
Son esas manos las que han conseguido que una localidad de poco más de 8.000 habitantes vuelva a movilizar a miles de personas. Más de 7.000 vecinos y voluntarios han participado en la preparación de esta edición, que vuelve once años después de la anterior.
Para quienes llegan desde fuera, el resultado también supera las expectativas.
José Antonio Moreno ha viajado desde Montijo con un grupo de amigos. Ya había visitado las fiestas cuando era pequeño y decidió regresar ahora que Campo Maior volvía a abrirse al público.
“Me ha parecido muy currado, muy currado”, asegura después de recorrer las primeras calles. La decoración le ha recordado incluso a las conocidas fiestas de Gràcia de Barcelona por la variedad de temáticas y el trabajo desarrollado por los vecinos.
Desde Casas de Don Pedro también ha llegado un grupo de unos 60 visitantes. Fátima Arroba Moreno explica que llevaban tiempo esperando este momento: “La gente viene entusiasmada, con muchas ganas”, cuenta.
Para ella, los ocho euros de entrada que han pagado de manera anticipada, ahora cuestan diez euros, están más que justificados por el esfuerzo que hay detrás: “Esto lleva muchísimo trabajo, muchísimo trabajo”.
Una fiesta que vuelve a unir a la Raya
La conexión con Extremadura se ha hecho evidente desde primera hora. Badajoz no solo ha estado representada por los cientos de pacenses que han cruzado la frontera, sino también por el propio alcalde, Ignacio Gragera, y por el Cuarteto de la Orquesta Ibérica, encargado de poner música al inicio de la celebración con dos piezas durante el acto inaugural.
Gragera ha reivindicado precisamente ese vínculo que une a ambos lados de la frontera.

El alcalde de Badajoz ha asistido a la inaguración. / Jota Granado
“Nos sentimos muy orgullosos de nuestra condición de rayanos, de gente que disfruta de la Raya y de este vínculo especial que tenemos entre España y Portugal”, ha afirmado.
Pero las Festas do Povo no entienden de fronteras. Ni siquiera de generaciones. Son los vecinos quienes deciden cuándo volver a hacerlas y quienes asumen el esfuerzo necesario para levantar de nuevo un jardín efímero que durante nueve días será visitado por miles de personas.
Las expectativas son enormes. El alcalde de Campo Maior confía en superar las cifras de 2015 y apunta a que podrían alcanzar los 400.000 visitantes durante los nueve días de celebración.
“Son ellos los grandes responsables de que esto se haga, mostrando su orgullo, su capacidad, su voluntad y su amor al pueblo”, ha señalado Rosinha en referencia a los vecinos.
João Manuel Nabeiro, presidente de la Asociación de las Festas do Povo, ha resumido el momento de apertura con una frase que parecía describir lo que ocurría en las calles: “Se abre una semana mágica para Campo Maior”.
Y así ha sido. Después de once años de espera, los secretos guardados durante meses han quedado finalmente al descubierto. Las calles han florecido, los visitantes han comenzado a recorrerlas y Campo Maior ha vuelto a convertirse en una de esas estampas que justifican cruzar la frontera.
Hasta el próximo 16 de agosto, el papel seguirá siendo flor, los techos de las calles seguirán ocultando el cielo y miles de personas podrán comprobar el resultado de un trabajo que empezó muchos meses atrás.
Como recuerda el lema que aparece en las pantallas del municipio durante estos días: “Bienvenidos al mayor jardín del mundo”.
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