Reconciliación con su ciudad
Jesús Gordillo, escritor: "Estaba muy equivocado: Badajoz tiene muchísima más historia y patrimonio de lo que esperaba"
El autor pacense debuta en el thriller con 'El cielo del Tejón', una novela que convierte a la ciudad en la gran protagonista a través de una leyenda sobre el misterioso túnel que la atravesaba

Jesús G. Hinchado

El escritor Jesús Gordillo Tapia (Badajoz, 1978) ha presentado su última novela, la décima que escribe. En ella, El cielo del Tejón, se reconcilia con su ciudad natal haciendo de la capital pacense la auténtica protagonista de la historia. El thriller que firma recorre muchos escenarios del Casco Antiguo y parte en el convento de las Adoratrices, en la plaza de San José.
A lo largo de las páginas de esta creación desarrolla una "vieja leyenda" que sigue estando muy presente: el supuesto túnel que "uniría a la Alcazaba con el fuerte de San Cristóbal". Este "ejercicio de catársis" le ha acercado mucho a Badajoz de la que cree que tiene "un enorme mestizaje y un patrimonio mucho más rico de lo que imaginaba".
¿Qué cuenta El cielo del Tejón?
—El cielo del Tejón parte de una vieja leyenda de Badajoz sobre un supuesto túnel que uniría la Alcazaba con el fuerte de San Cristóbal. Apenas existe información sobre él, así que busqué contexto histórico y una leyenda que me permitieran construir la historia alrededor de ese túnel.
¿Cómo se desarrolla esa historia?
—La protagonista es una empleada de un hotel ficticio situado en el centro de Badajoz. Una noche se cruza con una monja anciana que ha salido desorientada del convento de las Adoratrices y le entrega una moneda de oro única. A partir de ese momento comienza una investigación en la que el patrimonio de la ciudad va guiando cada paso hasta descubrir qué hay detrás de la leyenda del túnel: si existió, si no existió o si todavía sigue ahí.
Entonces, ¿es una novela ambientada en el pasado?
—No. La historia transcurre en la actualidad, aunque continuamente recurre al pasado para explicar el contexto histórico del túnel. Es una novela contemporánea que utiliza la historia y el patrimonio de Badajoz como hilo conductor.
¿Cómo definiría la novela?
—Es un thriller. No me gustan demasiado las etiquetas ni los subgéneros, pero es un thriller de investigación en el que la simbología, las leyendas y el patrimonio van llevando al lector de una pista a otra.
Badajoz es mucho más que el escenario de la novela.
—Es la protagonista al cien por cien. De hecho, escribí el libro casi como un ejercicio de catarsis. Soy de Badajoz de toda la vida y siempre había pensado que era una ciudad a la que costaba cogerle cariño porque su patrimonio es muy tosco y ha estado muy maltratado. Pero durante la documentación me di cuenta de que estaba muy equivocado. Badajoz tiene muchísima historia, muchísima simbología, un enorme mestizaje y un patrimonio mucho más rico de lo que imaginaba.
¿Ha descubierto una ciudad distinta mientras escribía?
—Muchísimo. Cuando empiezas una novela así buscas contexto histórico para sostener la ficción y yo pensaba que iba a encontrar poco material. Fue justo al contrario. Me sorprendieron muchísimas cosas de Badajoz que desconocía y comprendí que hay un patrimonio extraordinario y un sinfín de leyendas esperando ser contadas.
La documentación ha sido una parte importante del proceso.
—Sí. Además de consultar el Archivo Histórico Municipal, una parte importante de la novela transcurre en el convento de las Adoratrices. Llamé a muchas puertas hasta que finalmente me permitieron entrar. Me recibieron de maravilla y pude conocer espacios que normalmente no están abiertos al público. Aquella visita fue decisiva para darle el tono que necesitaba la novela.
¿Qué fue lo que más le impresionó del convento?
—Me sorprendió muchísimo y, al mismo tiempo, me dio pena. Es un edificio precioso que se está deteriorando. Da la sensación de que falta conciencia sobre la necesidad de conservar un patrimonio que forma parte de nuestra historia. Como ese hay muchos edificios en Badajoz que merecerían mucha más atención.
¿Hay algún rincón que le marcara especialmente?
—La antigua ermita de San José, integrada hoy en la capilla del convento. Es un lugar con una energía muy especial. Como apenas puede visitarse, mantiene una atmósfera muy singular, a medio camino entre la vida cotidiana de las hermanas y la belleza de un templo histórico.
Además del convento, ¿qué otros lugares aparecen en la novela?
—Hay muchos rincones del casco histórico, especialmente por la zona de la plaza de la Soledad y de la antigua ermita de la patrona. Pero prefiero no revelar demasiado porque el lector irá descubriendo esos lugares conforme avance la investigación.
¿También aparecen personajes históricos reales?
—Sí. Al contextualizar históricamente la leyenda aparecen reyes, papas y personajes relacionados con la construcción de la ciudad. Uno de ellos es Adel Pina, al que incorporo de forma ficcionada porque su figura resulta clave dentro de la investigación que plantea la novela.
¿Cómo está siendo la acogida de El cielo del Tejón?
—Estoy muy contento. Era un reto porque es mi décimo libro, pero supone un cambio respecto a lo que escribía habitualmente, que estaba más cerca del misterio y el terror. Tenía dudas sobre cómo responderían mis lectores y la verdad es que está funcionando muy bien. A los lectores de Badajoz les está encantando reconocer los escenarios y, además, la novela también está conectando con lectores de fuera gracias a la propia trama.
¿Ya trabaja en un nuevo proyecto?
—Sí. Después del enorme trabajo de documentación que ha supuesto esta novela, ahora me apetecía cambiar completamente de registro. Estoy escribiendo una novela de terror sobrenatural. Es una historia mucho más intuitiva. Aquí pesa más el corazón que la documentación.
¿Volverá a convertir Badajoz en escenario de otra novela?
—De momento no. Siento que tenía una deuda con Badajoz y ya la he saldado. Es verdad que durante la investigación encontré material suficiente para escribir otra novela, incluso deseché una trama que podría dar para un libro entero. Pero ahora mismo prefiero dejarlo aquí. Mi relación con Badajoz ha mejorado mucho gracias a este libro y no quiero forzarla. Digamos que esta novela ha sido una terapia de pareja entre la ciudad y yo, y de momento ha funcionado.
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