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Entrevista

Agustín Fuentes, director de Contemporánea: "La mayor locura habría sido pensar hace 30 años que desde un pueblo no podíamos hacer algo importante"

El creador del festival nacido en Albuquerque hace tres décadas y su hija, Irene, su relevo natural, hablan sobre el pasado, presente y futuro de esta cita indie

Agustín e Irene Fuentes, en la buhardilla de su casa en Alburquerque, con miles de discos y cds.

Agustín e Irene Fuentes, en la buhardilla de su casa en Alburquerque, con miles de discos y cds. / LA CRÓNICA

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Marisol Torres

Alburquerque

Ya estamos en modo pop. Anoche disfrutamos de una verbena indie en Alburquerque (Badajoz) en la que lo dimos todo, pero antes tenemos que contaros la charla que hemos tenido con el director del Festival Contempopránea, Agustín Fuentes, y a su hija Irene, comunicadora y actriz en su tiempo libre y su relevo natural al frente de esta cita indie.

-¿Cómo desde una localidad pequeña, hace treinta años, nace una idea que se transforma en festival?

-(Agustín Fuentes) Nació de una mezcla de inconsciencia y necesidad. Yo era un melómano y en 1995 fui al primer FIB. Aquello me hizo pensar que algo parecido, aunque mucho más pequeño, podía hacerse en mi pueblo. Me entraron ganas de llevar a Alburquerque a las bandas nacionales que entonces estaban empezando y que apenas tenían espacios donde tocar.En 1996 no había prácticamente circuitos para la música independiente y mucho menos en un pueblo como Alburquerque. No teníamos industria detrás, ni grandes presupuestos, ni experiencia. Teníamos una idea y muchas ganas. Contempopránea nació de aquella experiencia: de pensar que si un festival podía reunir en Benicàssim a toda aquella escena, nosotros también podíamos crear un pequeño espacio en Alburquerque para las bandas nacionales que nos gustaban. Y aquello que empezó como una pequeña aventura acabó creciendo hasta convertirse en una parte de la historia del indie español. Treinta años después, sigo pensando que la idea inicial era la correcta: llevar buena música a un lugar donde, en principio, parecía que no tenía por qué ocurrir nada.

-¿Te tildaron de loco?

-(A. F.)Sí, y probablemente con razón. Hacer un festival de música independiente en Alburquerque hace treinta años parecía una locura. Pero hay proyectos que solo pueden existir si alguien está dispuesto a hacer algo que, en principio, parece imposible.La mayor locura habría sido pensar que desde un pueblo pequeño no podíamos hacer algo importante.

-El grupo que siempre te hubiera gustado traer, pero nunca se pudo.

-(A. F) Hay muchos. Pero si tengo que elegir uno, Morrissey. Es una de esas espinitas que se quedan ahí. Contempopránea siempre tuvo una pasión muy especial con The Smiths, y conseguir que Morrissey hubiera tocado en Alburquerque habría sido cerrar un círculo. Pero también he aprendido que un festival no se mide solamente por los artistas que consiguió contratar. A veces es más importante recordar que aquí tocaron grupos que todavía no eran conocidos y que después terminaron siendo grandes nombres.

-Lo mejor y lo peor del festival.

(A. F)- Lo mejor ha sido la gente. Sin ninguna duda. Contempopránea ha creado una gran familia. Hay personas que se conocieron aquí, que se hicieron amigas, que se enamoraron, que volvieron cada verano durante años. Y hay artistas que sienten que este festival forma parte de su propia historia. Lo peor también ha sido la parte que no se ve: los problemas con el Ayuntamiento local de entonces, las dificultades de organizar un festival en un pueblo pequeño, la falta de alojamientos e infraestructuras, los problemas de financiación y todos losmomentos en los que estuvimos a punto de no poder continuar. Pero quizá lo más duro ha sido comprobar que mantener un proyecto independiente durante treinta años cuesta mucho más que ponerlo en marcha.

-¿Cómo ves la evolución de los festivales?

-(A. F) La explosión de cientos de festivales en España ha disparado los costes de contratación hasta cifras inimaginables. Bandas que hace cuatro años actuaban por cantidades asumibles hoy multiplican por cinco o por seis aquellos cachés. A ello se suman producciones mucho más costosas, planes de autoprotección más exigentes y limitaciones de aforo que reducen considerablemente la capacidad de recintos históricos como el Paseo de las Laderas. La consecuencia es evidente: para organizar hoy el Contempopránea de hace siete años serían necesarios aforos de entre seis y ocho mil personas, una infraestructura hotelera que Alburquerque no posee y un presupuesto completamente diferente. Por eso sería injusto comparar esta celebración con las grandes ediciones del pasado. CPOP 30 nace con otra intención. No pretende reproducir un festival que pertenece a otra época. Pretende recuperar aquello que hizo diferente a Contempopránea cuando comenzó, la cercanía, el descubrimiento, el valor de las canciones y el encanto de un escenario que ningún gran recinto podrá sustituir.

-Y la música indie ¿Dejó de serlo para convertirse en música de masas?

-(A. F) El indie dejó de ser una etiqueta musical para convertirse en una industria. Cuando empezamos, ser independiente significaba estar fuera del circuito comercial. Hoy muchos grupos que llamamos indie llenan grandes recintos y encabezan festivales de miles de personas. Pero para mí el indie sigue existiendo. Está en las bandas que todavía no conoce nadie, en los grupos que hacen canciones porque tienen algo que contar y no porque sepan cuántas entradas van a vender. Y ahí es donde Contempopránea quiere seguir estando. Porque después de treinta años hemos aprendido algo, lo verdaderamente independiente no es el tamaño de un escenario, sino la libertad para decidir qué música quieres defender.

-¿Cómo se siente una niña que ha crecido rodeada de vinilos?

-(Irene Fuentes) Muy afortunada. Sé que gran parte de mi personalidad y de mi sensibilidad se la debo precisamente a haber crecido rodeada de música. Cuando era pequeña y todavía no existían las plataformas de streaming, entrar en la buhardilla de mi casa era un poco como abrir la app de Spotify, pero mucho mejor aún, con miles de discos que podía escuchar, tocar, observar sus portadas, leer y descubrir. Además, siempre he tenido a mi propio DJ en casa: mi padre. Él sabía qué vinilo poner en el tocadiscos y, muchas veces, sabía qué grupo o qué canción me iba a gustar incluso antes que yo. Gracias a él he descubierto muchísima música y he aprendido también a escucharla de otra manera. Con los años, esa pasión se ha convertido también en algo que compartimos. Me encanta coleccionar vinilos y, cuando viajo, buscar alguna tienda de discos es casi obligatorio. Al final ya no se trata solo de comprar un vinilo; la clave está en encontrar alguna joya que aún no tengamos en casa y poder sorprendernos el uno al otro. Se ha convertido en una pequeña tradición, en una forma de compartir algo con mi padre y de mantener esa conexión que hemos tenido siempre a través de la música. Crecer así es una suerte y por supuesto, te marca. ¿Imaginas una película sin banda sonora? No tendría sentido. Con la vida ocurre lo mismo. Todos necesitamos canciones que acompañen nuestros recuerdos, nuestros momentos y a las personas que queremos. Al final, todos tenemos una banda sonora para nuestra propia historia.

-¿Tu primer recuerdo de Comtempopránea?

-(I. F.)No sé si es el primero, pero sí de los primeros. Recuerdo entrar al festival con mis abuelos paternos y mi prima Carmen (nos encantaba vestirnos igual con las camisetas de CPOP y decir que éramos hermanas), paseábamos por las Laderas viendo los puestos del mercadillo para comprarnos chapitas chulas. Las coleccionábamos. Después nos llevaban a ver a mis padres, que siempre estaban trabajando. Nos sentábamos en los “poyetes” a escuchar a los grupos, a veces mi padre nos subía a la plataforma de la mesa de sonido para poder ver bien los conciertos. Recuerdo con especial cariño los de La Casa Azul y el de Amaral. También recuerdo las pruebas de sonido. Desde que era niña me encantaban los grupos que tocaban en Contempopranea, pero, como era muy pequeña y los grupos tocaban muy tarde, no podía quedarme a verlos, a si que mi padre me llevaba por las mañanas a las pruebas de sonido. En concreto, recuerdo con mucha nostalgia, la de The Delgados. El grupo favorito de mi infancia. Fui muy feliz ya que pude conocer a Emma Pollock y hacerme una foto con ella.

-Si te diera a elegir tres grupos. ¿Cuáles serían?

Uf… Realmente es una decisión bastante difícil para mí. Tengo que hacer varios “grupos de grupos”. Por un lado, el grupo de grupos veteranos. Me quedaría con Lori Meyers, Los Planetas y La Bien Querida. Y, por otro lado, un grupo de bandas más recientes. Serían Carolina Durante, El Buen Hijo y Nadie Patín. Aunque podría seguir diciendo nombres, me quedo muchos en el tintero… Y seguramente si mañana me preguntaras habría alguno nuevo o diferente. Esa es también la suerte de haber crecido con tanta música alrededor: es imposible quedarse solo con tres.

-Una canción…sólo una. ¿Es posible?

-(I. F.)Esto es más difícil aún. Pero bueno, voy a decir ‘Everybody Come Down’ de The Delgados. Siempre me pone feliz escuchar esa canción. Quizás porque me lleva a mis primeros momentos en Contempopránea.

-¿Lo mejor del Contempop?

- (I. F.)Tiene tantas cosas buenas… Aunque creo que lo mejor que tiene es darnos la posibilidad de descubrir nuevas bandas. Al final, yo creo que mi padre hace lo que siempre hizo conmigo en la buhardilla de casa, ponerme los vinilos que me iban a gustar. Vas a Contempopránea porque te gustan los cabeza de cartel quizás, pero, sabes que siempre vas a volver a casa escuchando bandas que no conocías y que te han fascinado y que probablemente en unos años se conviertan en grupos que llenen grandes festivales. De forma que todos ganamos: las bandas emergentes, porque se les ha dado una oportunidad y el público, porque se lleva nuevos grupos, nuevas canciones y nuevos nombres que incorporar a la banda sonora de su vida. Esto también hace que sea un festival al que no solo vas de fiesta, vas a escuchar canciones, a disfrutar, a emocionarte y a dejarte llevar. La música sigue siendo realmente la protagonista. Recuerdo que un año traje a una amiga que venía de fuera. Era su primera vez en Contempopránea. Me dijo que no podía parar de mirar al público, más que al propio escenario, porque nunca había visto a tantas personas disfrutar de la música de esa manera. Creo que esta pequeña anécdota resume muy bien lo que tiene de especial este festival. Hay algo en la forma en la que el público vive las canciones que es difícil de explicar hasta que estás allí. Para mí, Contempopránea es como un gran paraguas de colores, de esos que una abre para refugiarse en días lluviosos o, en días calurosos, capaz de regalarte un pequeño rincón de sombra. Un lugar al que acudir, en el que encontrarse con personas que sienten la música como tú y que, de una forma u otra, siempre encuentra la manera de cobijarte. Quizás por eso, después de tantos años, sigue sintiéndose un poco como volver a casa.

- De la nueva forma de hacer música y de llegar a la gente joven, qué opinas?

- (I.F.) Es una pregunta que da para mucho. Creo que la forma de hacer música, pero sobre todo la forma de consumirla y descubrirla, ha cambiado muchísimo. Y evidentemente hay que adaptarse a los nuevos tiempos: a las redes sociales, a TikTok, a las nuevas plataformas… Al final, hoy un artista puede conseguir que su música llegue a miles de personas de una manera que hace unos años era impensable, y eso también tiene una parte muy positiva. El problema es que creo que hemos pasado de descubrir canciones a consumir fragmentos. Los jóvenes conocen un tema porque lo han escuchado veinte segundos de un estribillo cientos de veces en TikTok, pero nunca han escuchado la canción completa, y mucho menos el disco. La juventud apenas escucha la radio y la forma de descubrir música está cada vez más condicionada por las redes sociales, los algoritmos y aquello que se hace viral. Y ahí sí creo que se está perdiendo un poco esa esencia que había antes: escuchar un disco de principio a fin en el radio cassette, ir a una tienda de discos, ver videoclips… Había un componente de búsqueda y de descubrimiento que ahora es diferente. Pienso que, como dice La Moda, “los tiempos que vivimos eran los mejores y no lo sabíamos”. Pero eso no significa que actualmente no se haga buena música. Todo lo contrario. Hay bandas y artistas actuales haciendo auténticas maravillas; el problema muchas veces es llegar hasta ellos en medio de tantísimo contenido.Y precisamente creo que ahí festivales como Contempopránea tienen una responsabilidad muy bonita. En una sociedad tan marcada por lo inmediato y por los grandes nombres, es importante conservar esa esencia del festival: que alguien venga atraído por un cabeza de cartel y, entre concierto y concierto, descubra una banda que jamás habría encontrado por sí mismo.

-¿Cómo imaginas el Contempop del futuro siendo la directora que serás del mismo?

- (I.F.) Me encantaría que siguiera siendo un lugar mágico. Que mantuviera esa forma tan particular de entender la música y de compartir canciones. Una cita indispensable en el verano de los jóvenes. Me gustaría que Contempopránea fuera más que un festival: que se convirtiera en un verdadero encuentro cultural alrededor de la música y del arte. Me imagino un Contempopránea en el que pudiera traer a las bandas emergentes de la escena independiente que están en mis playlists favoritas y poder compartirlo con los demás jóvenes. Que durante esos días pudieran suceder muchas cosas. No solo conciertos, también talleres donde alguien pueda acercarse por primera vez a un instrumento, encuentros para jóvenes que están empezando una banda y quieren aprender cómo hacer crecer su proyecto, charlas con músicos, exposiciones, arte, fotografía… Que hubiera espacios para crear, aprender y descubrir. Me gustaría que Contempopránea siguiera siendo un escenario para quienes empiezan. Que tocar aquí no fuera algo inalcanzable para una banda nueva, sino todo lo contrario: que los proyectos que realmente tienen algo que contar encuentren un escenario, un público dispuesto a escucharlos y una oportunidad para crecer. Y hay algo que para mí sería fundamental: que nunca se convirtiera en un festival masivo. Contempopránea tiene que conservar ese carácter especial, gourmet, donde puedas disfrutar de la música sin agobios, encontrarte con la gente, hablar, descubrir un grupo y sentir que durante unos días has desconectado del ritmo tan acelerado que tenemos el resto del año. Sé que esa idea quizá sea cada vez más difícil de defender. Vivimos en una época en la que todo tiene que ser más grande, más rápido y más inmediato, y a veces parece que cuesta apreciar las cosas sencillas. Pero también creo que precisamente por eso hacen falta lugares así. Cada vez necesitamos más espacios donde parar, disfrutar y conectar de verdad con la música, con las canciones y con las personas.

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