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Cultura

Entrevista | Luis Pastor: «He vuelto a vivir a Las Villuercas ya a morir en mi tierra»

Luis Pastor en su concierto en Villafranca de los Barros

Luis Pastor en su concierto en Villafranca de los Barros

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Martín Rodríguez Caro

Luis Pastor lleva más de cinco décadas haciendo de la música una forma de vida y de expresión. A sus 74 años, el cantautor extremeño continúa subiéndose a los escenarios y mantiene intacta su mirada crítica sobre la sociedad, la cultura y la política. Desde su regreso a Extremadura, donde ha recuperado el contacto diario con su tierra, son numerosos los conciertos que está dando por la comunidad autónoma.

P: Lo primero, ¿qué tal está Luis y qué tal está el artista?

R: La persona y el cantante van unidos. En mi caso no hay mucha separación. Soy la misma persona en el escenario, en la calle, en la vida personal y en la cercanía con aquel que no conozco y se acerca a hablarme. Soy un hombre de calle, un chaval obrero, campesino, emigrante, pobre, que no olvida sus raíces. He vuelto a vivir a Las Villuercas y ahí estoy genial. A mi edad pienso que he vuelto a Las Villuercas a morir en mi tierra.

P: Ahora son muchos los conciertos que está ofreciendo en Extremadura ¿Es distinto cantar aquí?

R: Es distinto pasear por la calle y sentir la cercanía, el reconocimiento y el cariño de la gente. Aunque eso te pasa en otras ciudades, aquí te pasa más. Yo voy a Cáceres, Trujillo, Badajoz o Mérida y la gente te reconoce, se para y te agradece tus canciones, lo que aporta tu poesía y lo que dicen tus melodías. Aunque nunca he dejado de cantar aquí. Ahora vengo con más frecuencia porque estoy aquí, estoy empadronado y tengo un acceso más directo a las instituciones extremeñas, a los pueblos y a los ayuntamientos.

P: Hablando del mundo de la música, ya no quedan cantautores o, al menos, no como los de su generación ¿A qué cree que se debe?

R: Yo creo que ha habido un relevo generacional en estos últimos 30 años. Los cantautores de donde yo vengo, aquellos que nos hicimos cantautores en dictadura y pusimos la canción al servicio de la sociedad, de las luchas reivindicativas, de las injusticias y de la lucha contra la dictadura para tener un mundo mejor, éramos un movimiento político. Dábamos la cara en los escenarios, hablábamos entre canción y canción y algunos pagaban con cárcel, multas y persecuciones.

P: Cuando quejarse pasaba factura.

R: Sí. Cuando yo me retiré en el año 79 y volví en el 82 con un disco nuevo, me encontré con que la gente que antes me había apoyado, periodistas y críticos musicales, de pronto decían que, una vez muerto Franco, los cantautores ya no teníamos razón de ser. Como si nosotros solo hubiéramos hecho canciones políticas. Y, sin embargo, en el 82 y el 83 hice para Televisión Española un programa que se llamó Visto y no visto, donde un ciego cantaba en la calle canciones políticas compuestas esa misma semana sobre los problemas que existían entonces en el país y fue un éxito.

P: En sus inicios sufrió directamente la censura ¿Sigue existiendo hoy?

R: Sí, claro. Existe la censura política todavía, pero también hay una censura más sibilina, que es la censura económica. Antes sacabas un disco y todos los periódicos tenían críticos musicales que hablaban de él. Dabas un concierto de presentación y podía salir una página o dos en los periódicos. Eso ha ido desapareciendo. La cultura ha ido desapareciendo de los grandes medios de comunicación y, sobre todo, la música. Hoy existe otro lugar donde proyectarse, que es internet, pero es una jungla.

P: Si en sus inicios hacía diez canciones y la censura le decía que solo podían salir cuatro, solo salían cuatro. Ahora puede sacar las diez, pero también existe una censura social ¿Cuál considera más peligrosa?

R: A mí me censuraban y estaba vigilado en cada concierto por dos policías secretas. Han estado incluso en mi calle vigilándome. Fuimos perseguidos y nos prohibían conciertos. Pero hoy saben lo que hueles, lo que compras, lo que vendes, lo que descargas, lo que piensas. No sabes cómo trabajan, cómo generan las noticias que quieren que te lleguen y cómo evitan que te lleguen otras. Estamos en manos de esos algoritmos porque les hemos entregado la llave a través de este teléfono. Les hemos dado nuestras claves para que nos espíen, nos vigilen y determinen lo que va a ser la vida y el futuro en este siglo. Esa es para mí la gran censura y la diferencia con el tiempo en el que yo era joven.

P: ¿La situación actual de la música es también un reflejo de la sociedad que tenemos?

R: Sí, yo creo que sí. Igual que los gobernantes. Hay una forma de hacer política que engancha con los sentimientos y no con las ideas políticas. Hay jóvenes que no tienen otros referentes y se apuntan a determinadas tribus, dejándose llevar por la simbología, por los cánticos y por discursos que transmiten odio. Hoy parece que incluso se presume de no haber leído un libro.

P: Después de cinco décadas en la música, ¿qué le queda por hacer?

R: Música. Yo digo, vacilando, que soy un cantautor emérito, porque tengo un heredero maravilloso que es mi hijo. Yo me veo quizá no componiendo tanto porque tengo mucha obra ya.

P: ¿Habrá composiciones nuevas, aunque no tantas?

R: No tantas, porque tengo una obra muy amplia. Nunca digo de este agua no beberé, pero cuando preparo un concierto tengo que elegir entre unas 400 canciones y solo puedo cantar unas pocas. Hay canciones que hace años que no canto. Tengo tal obra hecha que podría vivir de lo que he hecho, aunque evidentemente algún disco más sacaré.

P: Decía Robe Iniesta que su mejor canción todavía no la había hecho ¿Luis Pastor cree que ya ha hecho su mejor canción?

R: Yo creo que sí, yo ya la he hecho. Cuando escucho Soy, que está grabada desde 2003, pienso que he hecho muchas canciones después, pero creo que ninguna va a llegar a lo que para mí significa esa canción y a la conexión que tiene. Da igual dónde la cante. En cualquier lugar del mundo se genera una emoción y muchas veces una lágrima.

P: Sin embargo, con más de 70 años sorprendió con Extremadura Fado.

R: A mí también me sorprendió haber hecho Extremadura Fado con más de 70 años. Si lo escuchas, es casi un disco de principiante, de adolescente, con una energía poética y enamorada. Quise enamorar por WhatsApp a una extremeña que era mucho más joven que yo y en 20 días escribí ese disco. Componía por las mañanas y le mandaba estrofas por la tarde con la ilusión de un quinceañero. Mi hijo y sus músicos alucinaban. De unos versos a una trompetista de Badajoz que no correspondió mi amor nació este disco dedicado a Extremadura.

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