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Perjuicios

El No Ni Ná Gastrobar, atrapado entre obras en el Casco Antiguo de Badajoz y sin terraza desde hace dos meses

El gerente denuncia dificultades para acceder al negocio y reclama una mejor planificación de los trabajos: "Que terminen cada calle antes de iniciar otra. Me está pasando factura"

Vídeo | Un bar del Casco Antiguo de Badajoz, atrapado entre obras

Rebeca Porras

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Rebeca Porras

Rebeca Porras

Badajoz

Las obras que avanzan por varias calles del Casco Antiguo de Badajoz han terminado por cercar al Gastrobar No Ni Ná. Su gerente, Blas Monge, lleva alrededor de dos meses sin poder instalar con normalidad la terraza y asegura que los cortes y trabajos que rodean el establecimiento están dificultando también la llegada de clientes. No cuestiona la necesidad de renovar el pavimento ni el resultado de la actuación. Su queja se dirige a cómo se están organizando los trabajos. "Lo único que pido es que acaben una calle y luego se pongan a romper otra", reclama.

El establecimiento se encuentra en un punto especialmente complicado, en el entorno del cruce de Felipe Checa y Menéndez Valdés, donde coinciden distintas actuaciones. Según explica Monge, hay zonas levantadas en las que durante algunos días no observa operarios trabajando mientras las obras continúan extendiéndose hacia otros tramos.

"El miedo que tengo es que acaben de romper esta y se metan en Menéndez Valdés para arriba. Entonces me dejan en el cruce vendido", explica. Por eso insiste en que su reclamación no pasa por detener la actuación, sino por escalonarla para reducir las molestias a los negocios.

Dos meses sin terraza

Las consecuencias se notan especialmente en la terraza del restaurante. Monge calcula que lleva "dos meses, dos meses y medio" sin poder instalarla en condiciones normales. Durante este periodo ha ido colocando mesas donde las obras se lo permitían y recientemente recibió autorización para situar parte de ellas frente a La Corchuela.

La solución, asegura, resulta insuficiente. "Estoy pagando 13 mesas y resulta que puedo poner nada más que cinco o seis", lamenta. Una reducción de espacio que, según sostiene, está teniendo consecuencias económicas para el establecimiento.

"Claro que lo noto", responde al ser preguntado por las pérdidas. El gerente pone el foco especialmente en los gastos que el negocio debe continuar afrontando pese a las dificultades: 11 trabajadores, cotizaciones sociales, impuestos y proveedores. "Tengo todas las calles cortadas. No puedo", resume.

Según explica el hostelero, actualmente los clientes deben llegar desde la plaza de España o acceder por Francisco Pizarro debido a los cortes existentes. Una situación que, sostiene, desanima a quienes pretenden acudir al restaurante y afecta especialmente a los visitantes que desconocen las alternativas para llegar hasta el establecimiento.

"No tengo accesibilidad para nada", señala Monge, que pone como ejemplo las vueltas que deben dar quienes intentan alcanzar la zona. "Con el turismo me pasa lo mismo y con la gente que viene a mi negocio pasa lo mismo: no tiene acceso para entrar, no viene".

Blas Monge, junto a su negocio.

Blas Monge, junto a su negocio. / Rebeca Porras

"Va a quedar bonito, pero se puede hacer de otra manera"

Las obras consisten en la renovación del pavimento de estas calles, que ya contaban con plataforma única. Según explica el gerente, las antiguas baldosas se encontraban deterioradas y están siendo sustituidas por otras de mayor grosor para soportar mejor, entre otros usos, el paso de las máquinas barredoras.

Monge reconoce que la intervención era necesaria y valora el resultado que tendrá una vez finalizada. "La verdad es que va a quedar bonito, porque va a quedar muy bonito cuando lo terminen", afirma. Su crítica se centra exclusivamente en la planificación: "Hay maneras de hacerla en condiciones que no nos perjudiquen a los locales que estamos aquí".

El No Ni Ná no es el único negocio que acusa las molestias. El hostelero menciona también establecimientos próximos, como El Gallo con Botas, que igualmente encuentra dificultades para colocar mesas mientras la maquinaria y los trabajos ocupan la vía.

Su principal preocupación está ahora en los próximos movimientos de la obra. Teme que se continúen abriendo nuevos tramos antes de concluir los ya iniciados y que el restaurante quede todavía más aislado en pleno cruce. "Me da miedo que esto siga así y al final me quede totalmente incomunicado", sostiene.

Así está el entorno del No ni ná durante las obras.

Así está el entorno del No ni ná durante las obras. / Rebeca Porras

Monge insiste en que no se opone a las mejoras del Casco Antiguo, pero pide que su ejecución tenga en cuenta a quienes mantienen abiertos sus establecimientos durante los trabajos. "Que se hagan las cosas bien: terminamos una calle y empezamos otra".

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