Continúa la investigación
El Museo Arqueológico de Badajoz instala 20 cámaras de seguridad cuatro meses después del robo del Tesoro de Villanueva
El nuevo sistema de 20 cámaras cubre el interior y el perímetro del recinto y está previsto incorporar nuevas medidas en los próximos meses
José Luis Quintana apunta a un posible robo por encargo, aunque no hay detenidos

Cámara de seguridad en el patio interior del Museo Arqueológico de Badajoz. / Jota Granado

El Museo Arqueológico Provincial de Badajoz da un paso decisivo para subsanar la grave brecha de seguridad que facilitó uno de los golpes patrimoniales más impactantes de la historia reciente de la región. Cuatro meses después del robo del Tesoro de Villanueva, la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura ha confirmado que el nuevo circuito cerrado de videovigilancia ya está en marcha y operativo en el recinto. Además, está previsto que se incorporen nuevas medidas de seguridad en los próximos meses.
Fuentes del ejecutivo autonómico han precisado que el despliegue del sistema está completado. Durante la mañana de ayer se rematararon la integración de "una o dos cámaras" del paquete total, un proceso ya culminado tras subsanar pequeños problemas de enlace mediante conexión por internet. Con la resolución de estos ajustes técnicos finales, el centro dota por fin a sus salas e itinerarios de una cobertura de supervisión constante de la que carecía.
Un blindaje de 20 cámaras para interiores y perímetro
El nuevo esquema de protección tecnológica se basa en una red formada por 20 cámaras de videovigilancia distribuidas en diferentes puntos estratégicos. Los dispositivos cubren tanto las salas de exposición y los pasillos interiores como el perímetro exterior del edificio, situado dentro del recinto amurallado de la Alcazaba. La empresa adjudicataria del contrato concluye así las labores de medición, cableado e integración técnica que venía desarrollando durante las últimas semanas.
Este despliegue busca evitar que se repita la vulnerabilidad detectada la madrugada del pasado 25 de abril. En aquella ocasión, los asaltantes aprovecharon la oscuridad y el aislamiento de la fachada posterior del museo para subir con una escalera de mano, forzar la reja de una ventana y acceder al interior tras doblar apenas dos barrotes. Los delincuentes actuaron con precisión: se dirigieron de forma directa a la hornacina del hall de la sala Tartesos, reventaron la citrina provisional donde se exhibía el tesoro y huyeron en cuestión de minutos.
El botín sustraído asciende a 144 monedas de oro de los siglos XVIII y XIX -de las 149 que componían la muestra, ya que dejaron cinco en el lugar-, con un peso cercano a los cuatro kilos y un valor económico de mercado que supera el medio millón de euros atendiendo únicamente a la cotización del metal, a lo que se suma un valor histórico e institucional incalculable.
Cierre de una fractura institucional
La inexistencia de videovigilancia la noche de los hechos no solo entorpeció de manera crítica el trabajo de la Policía Científica y de la Brigada de Patrimonio Histórico -al no disponer de ninguna imagen de los intrusos ni de sus movimientos previos como supuestos visitantes-, sino que avivó un agrio cruce de reproches entre administraciones. Durante semanas, la Delegación del Gobierno y la Junta de Extremadura debatieron públicamente a cuál de las dos instituciones le correspondía financiar e instalar los sistemas tecnológicos, dado que la titularidad del inmueble es estatal pero la gestión está cedida a la comunidad autónoma desde hace cuatro décadas.
La puesta en marcha de estas 20 cámaras pone fin a ese vacío operativo, reforzando la protección de otros fondos de inestimable valor que custodiaba el centro, piezas desde el Paleolítico Inferior -750.000 a.C- hasta el siglo XVI d.C.
Una investigación compleja sin detenidos
En el plano legal, la Policía Nacional continúa "sin novedades", tal y como han confirmado. Por el momento, mantienen abiertas varias líneas de investigación, aunque no se han producido detenciones ni se ha localizado el paradero de la colección hallada en 1987 en Villanueva de la Serena. En este sentido, preguntado por los medios este pasado lunes en Hernán Cortés el delegado del Gobierno en Extremadura, José Luis Quintana, apuntaba a un posible robo por encargo y continúa abierta sin que hasta ahora se hayan practicado detenciones.
En el momento en el que se abrió la investigación, la policía trabajaba sobre dos hipótesis principales: un robo por encargo ejecutado por profesionales de alta cualificación para abastecer el mercado negro del coleccionismo internacional, o bien el destino hacia la fundición para su transformación en lingotes de oro, una opción trágica que destruiría de forma irreversible el valor histórico de las piezas. Con la activación de las nuevas cámaras, el museo busca garantizar que un episodio así no vuelva a repetirse en sus dependencias.
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