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Festividades

Cruces de mayo: una ruta entre flores y tradición

Las diversas formas de la tradición de esta festividad se manifiestan por muchos pueblos pacenses, de maneras muy diferentes pero compartiendo una simbología común

Cruz de la Hermandad de la Santa Cruz de Feria en la Puerta del Perdón

Cruz de la Hermandad de la Santa Cruz de Feria en la Puerta del Perdón / Cedida

R. Asensio

Badajoz

Cuando el calendario alcanza el mes de mayo, la provincia se desprende de la sobriedad de la Cuaresma para abrazar una de sus tradiciones más plásticas y participativas. Aunque su día grande es el 3 de mayo, ya se vive entre los últimos preparativos. Entre el aroma a jara y las flores, ya se perciben los primeros atisbos de una tradición que convierte nuestras plazas y rincones en museos efímeros

La excelencia textil y el espíritu vecinal

En Feria, la cruz trasciende lo ornamental para convertirse en una joya textil. En esta localidad, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, las cruces no se decoran, se "visten" con encajes de bolillos, sedas antiguas y alhajas familiares. El trabajo de las camaristas, que custodian este saber durante generaciones, permite al visitante sumergirse en un retablo vivo de una delicadeza asombrosa.

Por su parte, en Azuaga la fiesta es sinónimo de convivencia y música. Los vecinos se agrupan por barrios para dar vida a altares donde no faltan alfombras, macetas y mantones. Es aquí donde el ambiente de "puertas abiertas" alcanza su máxima expresión, mientras se recorren las calles al son de coplas populares dedicadas a la Santa Cruz, se comparten los sabores más auténticos de la Campiña Sur.

Herrera del Duque celebra sus Cruces de Mayo con rosarios todos los sábados del mes y los días 1 y 31, recorriendo el camino desde el Puerto de Consolación hasta la ermita para comer dulces típicos. El día grande es el 3 de mayo, cuando los vecinos decoran las calles con cruces de flores e imágenes. Esa tarde, tras el rezo de los tradicionales “Mil Jesuses”, la jornada termina compartiendo un chocolate con torta de bizcocho artesana. 

Piedra, historia y relevo

En Alburquerque, la celebración adquiere un matiz histórico único. Al integrarse en el barrio judío y el casco antiguo, las flores silvestres y los elementos rústicos de la Sierra de San Pedro contrastan con la severidad de las paredes de piedra. Es un ejemplo perfecto de cómo el tejido asociativo puede convertir cada rincón en una pieza artística de valor incalculable.

Por otra parte, en Monesterio, la tradición se refuerza con un concurso que este año incorpora un reconocimiento a la mejor decoración infantil. La iniciativa busca involucrar a los más jóvenes en el diseño y montaje de los altares, asegurando el relevo generacional de esta costumbre durante el mes de las flores. 

Un patrimonio para los sentidos

El valor etnográfico de estas celebraciones es incalculable. Son, también, una gran oportunidad para ofrecer lo mejor de la despensa extremeña. Es tiempo de hornazos y dulces tradicionales, de productos de la dehesa y de celebraciones al aire libre.

Desde la Campiña Sur hasta la Sierra Suroeste, el mapa de las cruces es, en definitiva, el mapa de una provincia que sabe cuidar sus raíces sin renunciar a compartirlas con todo aquel que se acerque a descubrir el milagro de mayo en Badajoz.

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