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La actividad tendrá lugar el próximo jueves, 25 de junio

La religiosa de Monesterio, Manoli Sánchez, presentará en la parroquia su misión en Filipinas

Después de casi tres décadas de entrega a las misiones internacionales disfruta de un merecido retiro, con su familia, antes de su regreso

Manoli con niños filipinos en el Centro Misionero Asiático

Manoli con niños filipinos en el Centro Misionero Asiático / Cedida

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Monesterio

 Manuela Sánchez Vázquez, religiosa de las Servidoras del Evangelio de la Misericordia de Dios, es sinónimo de entrega, solidaridad y compromiso, más allá de nuestras fronteras. Tras casi tres décadas dedicadas a las misiones en Argentina o Filipinas, la misionera continúa en un proceso de reconexión, consigo misma, con el que continuar definiendo el siguiente capítulo de su vida.

Manoli, (como la conocen todos en Monesterio) vive unos meses rodeada de familiares y amigos, en un año de “renovación espiritual”, no exento de compromisos con su congregación o con la Archidiócesis y otros, con su comunidad parroquial, donde compartir experiencias y continuar recabando fondos económicos para sacar adelante los proyectos iniciados en Filipinas, país al que regresará para dar continuidad a una misión cuya principal labor es la evangelización, la ayuda social y el apoyo a jóvenes y personas enfermas.

Después de 9 años ininterrumpidos en el país asiático Manoli, afronta este periodo con ilusión. El próximo jueves, día 25 de junio, tras la misa, la Parroquia San Pedro Apóstol, acogerá una conferencia de la religiosa, en la que compartirá con sus paisanos los frutos de “tanta solidaridad” y el “avance” de los proyectos que se están ejecutando en el Centro Misionero Asiático, en parte, “gracias a las aportaciones económicas” que viene recibiendo.

Manoli Sánchez Vázquez, misionera extremeña en Filipinas

Manoli Sánchez Vázquez, misionera extremeña en Filipinas / Cedida

Dura realidad

 Su misión actual se desarrolla en la ciudad de San Carlos, en la isla de Luzón, un entorno donde la vida es “muy diferente y el índice de pobreza muy alto”. Manoli relata que, “aunque los chavales van al colegio, existe mucho absentismo escolar, sobre todo, cuando pasan al Instituto”. El país sostiene, la religiosa, “está marcado por una gran diferencia social”. Y es ahí, donde se desarrolla parte del trabajo evangelizador de su congregación. Ante esta situación, “el equipo de misioneras no descansa”, afirma.

 En su día a día, trabajan en el acompañamiento espiritual, la formación de laicos y el apoyo a jóvenes y enfermos. Su misión pasa por dar dignidad a quienes más lo necesitan y, en ese contexto, uno de sus mayores logros está siendo la construcción del Centro Misionero Asiático: “Un gran sueño”, cuya primera fase de construcción ya es una realidad, “gracias a una importante ayuda de 20.000 € del Fondo Solidario Diocesano y a los donativos de personas de Monesterio y su comarca”. El proyecto adelanta Manoli, pretende incluir una “casa de formación” para misioneras nativas.

 Para intentar hacernos comprender su misión, la religiosa incide en historias concretas; como la de Rosalinda, una chica procedente de una familia de clase baja que, gracias a la labor de su congregación, “ha conseguido su sueño de estudiar enfermería”. O, la durísima historia de tres niños huérfanos, que, “tras un proceso muy largo, ya están estudiando y crecen en compañía”.

Monesterio en el corazón

 En un encuentro con los oyentes de la emisora municipal, Radio Monesterio, Manoli Sánchez Vázquez se mostró profundamente conmovida y agradecida: “En Filipinas siempre hay un trocito de Monesterio”. Se siente “respaldada” por su pueblo. “Parroquia, cofradías y vecindario” forman parte de los pilares que, en parte, sostienen su proyecto misionero. “Me siento muy contenta y orgullosa de toda la ayuda recibida”, añade con satisfacción y agradecimiento.

 Lo próximo, el regreso a su misión. Aún faltan algunos meses. Hasta entonces, continúa con su labor de difusión y animación para dar visibilidad y continuar sensibilizando a la sociedad y, hacerlo de primera mano, a través de sus testimonios.

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