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Historias de vida

Manuel Gutiérrez, 34 años siendo Guardia Civil: "Ayudar también significa escuchar"

El agente, que ha ejercido durante 21 años en Aceuchal, asegura que la pandemia ha cambiado la vida nocturna

Para él, su profesión se centra en la escucha activa y el apoyo a la comunidad

Despedida del agente Manuel Gutierrez, la semana pasada .

Despedida del agente Manuel Gutierrez, la semana pasada .

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Gema Gallardo

Gema Gallardo

Aceuchal

A Manuel Gutiérrez le quedan muchas historias que contar después de 34 años vestido de verde. Algunas transcurrieron en carreteras cubiertas de nieve, otras dentro de un cuartel y muchas, probablemente las más importantes, en mitad de una conversación cualquiera con alguien que necesitaba ser escuchado. Ahora, a sus 58 años, acaba de pasar a la reserva. Y aunque reconoce que hubiese seguido "algún que otro año más", se va con una certeza: si pudiera volver atrás, volvería a elegir el mismo camino.

Su relación con la Guardia Civil comenzó desde muy pequeño. Su tío y su primo pertenecían al cuerpo, lo cual le permitió vivir la profesión "desde dentro". Después, llegó la mili, que por aquel entonces podía hacerse por la Guardia Civil. Fue entonces cuando terminó de tomar una decisión que marcaría las siguientes tres décadas de su vida.

No fue un camino sencillo. Por las mañanas trabajaba y por las tardes estudiaba para conseguir una plaza. El esfuerzo tuvo su recompensa: logró la plaza y, durante 34 años, trabajó en distintos destinos. Entre todos aquellos destinos, hubo días que quedaron grabados para siempre en su memoria.

Cinco kilómetros bajo nieve

Es el caso de la gran nevada de Madrid de 1996. Manuel había terminado su turno a las 22.30 horas, pero aquella noche el servicio estaba desbordado: las carreteras permanecían colapsadas, había personas atrapadas y las llamadas no cesaban. Apenas media hora después, a las 23.00 horas, volvía a estar trabajando.

Entre los servicios que recibió aquella noche, uno quedó especialmente grabado en su memoria. Un hombre se había quedado atrapado en una gasolinera y necesitaba medicación. Manuel y sus compañeros no dudaron en ir a buscarla. El vehículo no podía avanzar por la carretera, cubierta de nieve, así que tuvieron que continuar a pie. Cinco kilómetros, de noche y con una linterna como única ayuda. "Son servicios que te quedan siempre marcados", reconoce Gutiérrez.

La comunidad madrileña fue precisamente su primer destino: primero fue Fuentidueña de Tajo. Después, vendría Pinto. Años después volvió a Badajoz, donde paso por Valdecaballeros, Fuente del Maestre y, finalmente, Aceuchal. Allí ha pasado sus últimos 21 años de servicio.

Un cambio notable desde la pandemia

Eso le ha permitido comprobar cómo ha cambiado Aceuchal durante los últimos años. A su juicio, la pandemia marcó un antes y un después. "La noche se ha parado mucho", explica. Un cambio que también ha notado dentro del cuartel: "Hay menos agentes en la calle". Las jubilaciones, cuenta, no siempre se traducen en nuevas incorporaciones, mientras los turnos cambiantes hacen que sea una profesión que "exige estar en servicio las 24 horas del día".

Pero si algo ha aprendido durante todos estos años es que "ayudar también significa escuchar", especialmente a quienes acuden al cuartel buscando una solución. "Para esa persona puede ser un mundo", señala Manuel. Sin embargo, hay ocasiones en las que también se puede ayudar sancionando. Esta idea la pudo comprobar de primera mano con un joven al que denunció hace años. Tiempo después de aquel suceso, se acercó para darle las gracias y le contó que, gracias a aquella denuncia, había conseguido sacarse el carné de conducir.

Quizá por eso, cuando se para a pensar en lo que más va a echar de menos no piensa en patrullas, placas o uniformes, piensa en la gente. Especialmente en las personas mayores, con quienes siempre encontraba un momento para detenerse y conversar.

Después de tantos años, Manuel deja atrás un servicio activo, pero no la forma de entender la profesión. Se marcha con menos horas de uniforme, pero con miles de historias detrás. Entre todas ellas, ha encontrado una certeza: para ayudar a alguien, no hace falta más que estar ahí. Eso es lo que ha hecho durante 34 años y lo que seguirá haciendo aunque no lleve el uniforme.

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