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SELECCIÓN

De la patera a la selección: Edna Imade, el 'fichaje' más esperado de España para la final de la Nations League

La atacante de la Real Sociedad, nacionalizada hace apenas unos días, se convierte en la gran novedad de España para la final tras su explosión goleadora y una vida marcada por la superación

Edna Imade en su primer día con la selección española

Edna Imade en su primer día con la selección española / RFEF

Maria Tikas

Maria Tikas

La historia de Edna Imade (Marruecos, 5 de octubre del 2000) no comienza en un campo de fútbol, ni en una ciudad europea donde el futuro parece sencillo. Empieza mucho antes: en el desierto del Sáhara, con una madre que huía de la guerra, y continúa en una patera que avanzaba de noche hacia España con dos bebés de tres meses en brazos. Hoy, aquella niña que llegó sin nada a Algeciras está a punto de debutar con la selección española en la final de la Nations League ante Alemania. El trayecto entre un punto y otro es tan improbable que parece un guion escrito para emocionarse.

Su madre, Floren, cruzó el desierto embarazada y dio a luz a los mellizos (Edna y Paul) en Marruecos. Desde allí se lanzó al mar buscando un futuro que no existía en Nigeria. Al llegar a la costa española, la familia sufrió su primer golpe: el padre fue deportado en ese mismo momento y ella se quedó sola con dos bebés. Se asentaron en Carmona, un pueblo sevillano que se convirtió en hogar gracias a la ayuda de gente que, como cuenta siempre la propia delantera, les "tendió la mano" cuando más lo necesitaban. Durante un tiempo estuvieron "en una casa de acogida de unas monjas" y también les ayudaron desde Cáritas.

Creció entre dificultades y miradas que dolían, pero también con una pelota siempre cerca. Fue un profesor de educación física de su colegio, el Pedro I de Carmona, quien descubrió que había una niña incapaz de separarse del balón y le dijo a su madre que la apuntara en el equipo de niños del pueblo. Tenía ocho años, era la única niña y, de hecho, la ponían de central. Con catorce tuvo que dejarlo porque la normativa no le permitía seguir. Primer obstáculo, primera caída.

El camino

Sin fútbol once, se pasó al fútbol sala durante tres años. Hasta que un torneo en Málaga lo cambió todo: un entrenador, Bernardo Moreno, vio en ella algo distinto y la convenció para volver al césped. Llegó al AD Nervión, luego al Málaga, y más tarde al Cacereño, donde empezó a despuntar de verdad. Trabajaba, estudiaba Animación de Actividades Físicas y Deportivas y marcaba diferencias: 25 goles en dos temporadas. Su progresión llamó la atención del Granada, que pagó su cláusula de rescisión —10.000 euros—, la única que el club ha pagado por una jugadora. Y acertó de pleno.

Edna Imade de niña junto a su madre, Floren, y su hermano, Paul

Edna Imade de niña junto a su madre, Floren, y su hermano, Paul / SPORT

En Primera, explotó. La temporada pasada firmó dieciséis goles, segunda máxima realizadora de la Liga F, y dio trece puntos a su equipo. Su impacto fue tan grande que el Bayern de Múnich pagó 75.000 euros por su fichaje este verano. Para seguir creciendo, se marchó cedida a la Real Sociedad, donde se fue también su entrenador en el Granada, Arturo Ruiz, pieza clave de su explosión, y continúa siendo la misma futbolista determinante: ocho goles en nueve partidos, tercera mejor cifra de la competición. Incluso marcó el penalti que ha supuesto la única derrota del Barça este curso.

Larga espera con los papeles

Mientras su fútbol crecía, sus papeles se estancaban. Edna lo explicaba hace un mes con sinceridad en El Diario Vasco: "Yo he vivido siempre en España y soy sevillana. No he pisado Nigeria". Pero no podía ser seleccionada. No tenía la nacionalidad. Nigeria, consciente de su potencial, presionaba para convocarla. Ella frenó cualquier intento. Quería jugar con España, pero necesitaba la nacionalidad. La espera fue larga, frustrante, injusta por momentos.

La resolución llegó por fin hace unos días: nacionalidad por carta de naturaleza. Y pocas horas después, la llamada de la selección. La noticia fue celebrada con emoción en casa. En su familia repiten que “no olvidamos de dónde venimos”, una frase que se ha convertido casi en un lema para entender la dimensión de lo que está viviendo. La convocatoria, dicen, "es mucho más que fútbol": es el "reconocimiento" a una historia de supervivencia y esfuerzo.

Una delantera diferente

España buscaba gol, profundidad y una referencia distinta en el área. Edna Imade encaja perfectamente en ese vacío: potencia, velocidad, verticalidad, intuición en el remate y con un instinto que no se aprende. Aporta algo que la campeona del mundo necesita desde hace tiempo.

Ahora, a las puertas de la final de la Nations League y con Kaiserslautern y Madrid como escenarios, Edna está lista para completar un círculo que parecía imposible. De la patera a la selección. De Carmona a Las Rozas y al Metropolitano. De un comienzo marcado por la supervivencia, a un presente donde su nombre suena como una de las grandes esperanzas ofensivas de España. Y quizá, quién sabe, en una final que puede cambiar su vida para siempre

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