Barcelona - Atlético (3-1)
El Barcelona piensa en grande y niega al Atlético
Los goles de Raphinha, Olmo y Torres conceden el triunfo al equipo de Flick en un partido tan sufrido como bien competido por los azulgranas

Barcelona-Atlético de Madrid, en imágenes. / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press

El Barça lleva una temporada pasando las de Caín. Los jugadores caen, se levantan, y vuelven a caer. Como el goleador Olmo. Su presidente afronta los mil y un líos de siempre. Y Hansi Flick, al que se sobreanaliza sin reparar en todo cuanto hizo, promete, y con razón, que su equipo no es un cualquiera. Sobre todo con Raphinha como líder espiritual. Lo demostró con su formidable y competido triunfo ante un equipo tan bien parido como el Atlético en un Camp Nou que lucio espléndido. La victoria, que zanja el miedo provocado por las caídas ante el Real Madrid, el PSG o el Chelsea, da derecho a los azulgrana a pensar en grande. Y a liderar con convicción esta Liga. No es poca cosa.
Y eso que son tiempos en que es fácil que la vida te pase por encima. Podemos culpar al periodista, puñetero, que va más allá de la crítica de una profesión que no es la suya; al aficionado, sobre todo al anónimo, que se resguarda tras un teléfono móvil porque jamás se reconocería diciendo según qué salvajadas; o, claro, a esta sociedad que no permite la existencia a quienes pierden.
El Barça cayó de bruces en Stamford Bridge la semana pasada, y desde entonces no ha vuelto a jugar Ronald Araujo, cuya expulsión resultó capital en el desenlace de aquel partido. Es importante que haya pedido ayuda psicológica, además de un tiempo para que los demonios se vayan a otro lugar. Se trata de ir normalizando que ni siquiera quienes parecen vivir en otra dimensión son también personas que sufren como el resto.
Sufrió también mucho en su día Raphinha. Antes de que Flick le convenciera de lo alto que podía llegar, a Raphinha incluso se le pasó por la cabeza dejar el fútbol, harto como estaba de que le vieran como un manchurrón en la inmensidad. Ahora no hay más que verlo correr, luciendo orgulloso el brazalete de capitán, besando el escudo, para entender que siempre hay nuevas oportunidades.
Es Raphinha el jugador que determina el plan de Flick, porque es el brasileño quien reinterpreta su propio caos. En la acción del 1-1, con el Atlético aparentemente ordenado, Raphinha asomó en un lugar donde nadie le esperaba. Lejos de la orilla izquierda, y tampoco en la derecha de Lamine. Él estaba donde su intuición le decía, toda una bendición para que Pedri, inmenso en su regreso a la titularidad, desgarrara la tela de araña. Ya haría el resto su capitán sentando a Oblak.
El partido, en cualquier caso, encontró en la supervivencia su gran hilo conductor. Nunca se rindió el Atlético. Siempre se mantuvo en pie el Barça, aunque acabara el partido con Christensen como tercer central y con Ferran zanjando en el crepúsculo ante la explosión de alegría del estadio.
Flick no había podido alinear al febroso De Jong, otro de los señalados en Londres. Así que tuvo que ser el enmascarado Eric el que ocupara el lugar que Flick se resiste a conceder a Casadó o Bernal. Atrás, con Gerard Martín como pareja de Cubarsí, se mejoró. Aunque fue este último quien rompió el fuera de juego que permitió al Atlético tomar el primer gol del partido. Un gran pase del recuperado Nahuel, y Baena, con su dorsal 10, exhibiendo esa clase que en el Atlético tanto le está costando lucir. No fue a más porque acabó lesionado.
Como en tantas otras ocasiones, no le sentó bien a Simeone ponerse por delante y sentir la tentación de echarse atrás. Fue en ese tramo, con los zagueros rojiblancos cada vez más atrasados y ya con Koke al frente del timón por la lesión de Johnny, cuando el Barça más se gustó. Y si no pudo cerrar ese primer acto en ventaja fue porque Lewandowski acabó las frases sin poner el punto final.
El delantero polaco volvió a mostrarse dubitativo en la suerte del penalti. Esta vez, después de que Barrios derribara a Olmo en el área, Lewandowski empeoró su error del Pizjuán. Chutó a las grúas de un Camp Nou que no pudo contener un bufido de frustración. Ya no tuvo culpa el polaco con un cabezazo académico facilitado por Lamine y que Oblak le sacó con una manopla de hierro.
Pero Olmo no quiso irse sin reclamar el foco. El remate a la media vuelta con la que derrumbó al Atlético confirmó su episódica recuperación para la causa. Porque en esa misma acción se fastidió el hombro. Esta vez, sin embargo, Sorloth no fue el antricristo del Barça. Y nadie tuvo que fijarse en lo que hacía Flick, que se marchó en paz al vestuario. Cuánta falta hacía.
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