Voleibol
De Arroyo a la cima del voleibol español: Bianca Polo, campeona a los 17 años
La jovencísima jugadora, que ha logrado el título de la Liga Iberdrola con 17 años con el Fundación Cajasol Andalucía, orgullosa de sus orígenes
Hija del exfutbolista Santi Polo, natural de Majadas de Tiétar, y hermana de Tiago Polo, firme valor la cantera del Betis, forma parte de una familia marcada por el deporte y la madurez competitiva
La voleibolista Bianca Polo Martínez, nacida en Murcia pero criada y formada deportivamente en Arroyo de la Luz desde muy pequeña, acaba de proclamarse campeona de la Liga Iberdrola con solo 17 años en el Fundación Cajasol Andalucía (CAV Esquimo Dos Hermanas), club que ha conquistado esta temporada su primera liga y ha firmado un doblete histórico con la Copa de la Reina. Hija del exfutbolista Santi Polo, natural de Majadas de Tiétar, y de Inma, nacida en Córdoba y vinculada desde siempre al entorno sevillano, y hermana de Tiago Polo, una de las grandes promesas de la cantera del Betis y del fútbol español, forma parte de una familia marcada por el deporte, la exigencia y la madurez competitiva.
Hablar de Biancaes hablar de una trayectoria que ha avanzado deprisa, pero que conserva un punto de partida deportivo muy claro. Nació en Murcia, porque su padre jugaba entonces allí, pero se desarrolló desde muy pequeña en Arroyo de la Luz. Antes de la Liga Iberdrola, antes del Fundación Cajasol Andalucía, antes de los grandes pabellones, del doblete y de la selección española, estuvo Arroyo. Allí, en el club y en el colegio, empezó a tocar un balón de voleibol una niña que hoy, con 17 años, ya puede decir que ha sido campeona de liga en la máxima categoría nacional.
“Para mí, hablar de Arroyo de la Luz es hablar de donde empezó todo”, resume Bianca. “Recuerdo las tardes de entrenamiento con mis primeras compañeras y esa ilusión de cuando el voley era solo un juego”. Ahora vive en Sevilla, integrada en un proyecto profesional, pero su vínculo con Arroyo sigue intacto. “Arroyo es mi base, mi infancia y el lugar que me dio la disciplina necesaria para dar el salto. Sigo sintiendo que cada punto que hago tiene un trocito de lo que aprendí allí”, cuenta a este diario.
Campeona de liga con 17 años
El salto ha sido vertiginoso. Bianca aún no ha alcanzado la mayoría de edad y ya ha participado en una temporada histórica para el Fundación Cajasol Andalucía (CAV Esquimo Dos Hermanas), culminada con el primer título de Liga Iberdrola en la historia del club. Un logro que ella vive entre la emoción, la sorpresa y la responsabilidad. “Aún estoy asimilando el ganar una liga con 17 años”, admite. “Ganar la Liga Iberdrola a esta edad es un regalo, pero también una responsabilidad. Sevilla me ha acogido de maravilla y ganar este título con este equipo ha sido una experiencia increíble”.
La palabra responsabilidad aparece de forma natural en su discurso. No hay exceso de euforia ni frases grandilocuentes. Bianca celebra, pero no se detiene. “Me siento muy afortunada de poder vivir esto tan joven, pero intento mantener los pies en el suelo y disfrutar del camino”, explica.
Ese “camino” es una de las ideas que más repite. Para ella, la meta no es un destino cerrado, sino una consecuencia del trabajo diario. “Mucha gente me pregunta cuál es mi meta o dónde quiero llegar, y la verdad es que nunca me he puesto un límite ni un objetivo final concreto. Siempre he creído más en el camino que en la meta”.
Su filosofía se apoya en una idea sencilla y exigente: mejorar cada día. “Mi filosofía es el trabajo diario, el esfuerzo y la constancia. Creo que las recompensas, como este campeonato, no llegan por obsesionarse con ganar, sino por dar el 100% en cada entrenamiento. Mi meta es simplemente seguir mejorando hoy más que ayer; lo que tenga que venir, vendrá como fruto de ese trabajo”.
Un Mundial con España y un doblete histórico
La temporada no solo ha dejado una liga. Bianca sitúa entre los momentos más felices de su vida deportiva el doblete conseguido por el Fundación Cajasol Andalucía esta campaña, con la Copa de la Reina y la Liga Iberdrola. Un doblete histórico que confirma el crecimiento del proyecto y que ha permitido a la jugadora vivir desde dentro uno de esos años que marcan una carrera.
Antes de ese éxito colectivo ya había otro recuerdo internacional que ocupa un lugar privilegiado en su memoria: la disputa de un Mundial con la selección española con solo 16 años. Fue en Croacia, con una generación que llevaba años sin ver a España en una cita de ese nivel en esa categoría. Bianca, que juega de líbero, llegó a aquella convocatoria sin haber pisado todavía el primer equipo de su club y acabó ganándose un sitio.
Su padre, Santi Polo, recuerda aquel momento como uno de los puntos de inflexión. “Mi mujer y yo lo dijimos: en el momento que la vea, cómo trabaja y lo constante que es, pasará lo que pasó”, explica. Bianca convenció al seleccionador y terminó viajando al Mundial. “La otra líbero llevaba más años en la selección, incluso era un año mayor que ella, pero Bianca le quitó el puesto”, añade.
España cayó en un grupo durísimo, con rivales como Estados Unidos y Bulgaria, pero terminó compitiendo a muy buen nivel y acabó campeona de la fase de plata. “De 24 selecciones quedaron decimoséptimas, pero dieron un nivelazo”, resume Santi.
Una familia de deportistas
La historia de Bianca también se entiende en el contexto de una familia en la que el deporte ha sido mucho más que una afición.Santi Polo, natural de Majadas de Tiétar y exfutbolista de varios equipos extremeños, entre ellos Moralo, Mérida, Arroyo y Cacereño, representa la raíz más claramente extremeña. Su madre, Inma, nació en Córdoba, aunque ha vivido desde siempre en el entorno sevillano y está muy vinculada a la zona de Dos Hermanas. Y su hermano, Tiago Polo, juega en la cantera del Betis, a donde llegó hace seis años.
La familia vive actualmente en Montequinto, muy cerca de Dos Hermanas, y esa cercanía también explica el destino deportivo de Bianca cuando llegaron a Sevilla en 2020. “Casualmente Bianca empieza en este equipo de aquí, en el Fundación Cajasol, que se conoce como el Esquimo, porque pilla al lado de casa”, cuenta Santi. “Si hubiésemos ido a otra zona, habría firmado en Tomares o donde fuera. Pero este era el primer equipo en Superliga y Bianca cayó de pie aquí”.
Desde entonces, su progresión fue rápida. La subieron de categoría, la llamó la selección andaluza y encadenó convocatorias. “Los tres años que ha podido ir ha ido con la selección andaluza”, recuerda su padre. Después llegó la selección española y, más tarde, el primer equipo. En principio, la familia pensaba que aquel año sería de aprendizaje, pero el rendimiento de Bianca aceleró el proceso. “La líbero titular se lesiona y Bianca da un rendimiento espectacular, hasta el punto de que han llegado ofertas de equipos potentes de Superliga con un proyecto importante para ella”, explica Santi.
Aun así, la decisión ha sido continuar. Bianca cursa segundo de Bachillerato, un curso especialmente exigente, y la familia ha priorizado el equilibrio. “Igual que en el deporte, en sus estudios va al cien por cien. Lleva unas notas de escándalo”, subraya su padre. El proyecto académico también encaja en Sevilla, cerca de casa. “Va a continuar, porque la carrera que quiere hacer la tiene aquí, a cinco minutos de nuestra casa, y está en un club que está en un crecimiento importante”, añade.
Tiago, nacido en 2011 en Albacete cuando Santi jugaba en La Roda, se formó en el Arroyo y en el Diocesano antes de marcharse al Betis. Ya en edad benjamín llamó la atención por una mezcla de calidad, carácter y madurez competitiva. David Gijón, que lo entrenó en el Diocesano, destacaba de él que “con seis años ya jugaba con niños dos años mayor que él”, que “llegaba el primero a los entrenamientos” y que tenía “una madurez impresionante”.
Su crecimiento lo llevó hasta el Betis, club al que llegó con solo nueve años, y después a convertirse en uno de los nombres propios del Campeonato de España sub-12, donde fue elegido MVP con la selección andaluza. En aquel momento, los elogios se multiplicaron, aunque desde su entorno siempre se optó por la prudencia. “Los estudios seguirán siendo lo primero; él lo sabe; lo importante es que se divierta en el fútbol”, dijo entonces Santi Polo en este diario.
El padre admite que nunca imaginó que sus dos hijos alcanzarían esta proyección tan pronto. “No, nunca te lo hubieras imaginado”, reconoce. En el caso de Tiago, sí vio desde pequeño que tenía algo distinto. “Iba a otro ritmo que el resto”, dice. Lo de Bianca fue más progresivo: empezó con gimnasia rítmica, pero cuando la profesora se marchó a Barcelona se incorporó al voleibol en Arroyo. Ahí empezó todo.
Arroyo, el origen común
La infancia deportiva de los dos hermanos tuvo mucho de pabellón, grada y convivencia. Santi recuerda que el premio por el buen comportamiento de la semana era pasar la tarde del viernes en el pabellón. “Llegaban a las cinco y hasta que no acababa el entrenamiento del primer equipo no los recogíamos”, cuenta. A veces cenaban allí mismo, con algo preparado en casa, y después bajaban a ayudar a Adolfo Gómez ‘Tate’ a recoger balones.
También hubo referentes cercanos. Bianca convivió con jugadoras del primer equipo del Arroyo y se fijó en profesionales que tenía al lado. Santi recuerda especialmente a Beu, colocadora, por su profesionalidad, sus rutinas y su liderazgo, y también a Bea, la hija de Tate. En casa se hablaba además de jugadoras como Alba Sánchez o Johana, que formaban parte de ese imaginario del voleibol que Bianca fue absorbiendo desde niña. “Ese grupo de jugadoras tenía debilidad por Bianca y por Tiago, porque convivieron mucho con ellas”, recuerda Santi.
Quien también puede dar fe de aquellos primeros años es Adolfo Gómez, ‘Tate’, maestro de los dos en el colegio de Arroyo, además de presidente del club y extrenador. Su mirada une las dos partes de la formación: la del aula y la de la pista. Tate recuerda a Bianca y a Tiago antes de que sus nombres empezaran a sonar fuera, cuando todavía eran dos niños que crecían entre clases, entrenamientos y esa rutina del deporte de base donde se aprende casi todo.
En el caso de Bianca, Tate subraya el papel de sus primeras entrenadoras, a las que cita con nombre propio: Carmen Fernández, Judith Pérez y Carmen Castaño. Antes de los títulos nacionales, de la selección española y del salto al Fundación Cajasol Andalucía, hubo una cadena de formación diaria en Arroyo con entrenadoras decisivas para que aprendiera los gestos básicos, la disciplina y la manera de entender el voleibol desde la constancia.
Santi Polo coincide en esa idea y amplía el foco: “La base técnica que tiene Bianca es fundamental. Los entrenamientos específicos que le hacía Carmen, Judith y todo ese equipo que tenían formado ahí en Arroyo fueron fundamentales”, destaca. Y añade una valoración que ha escuchado después en Sevilla: “Aquí los entendidos del voleibol, que yo entiendo muy poco, dicen que a nivel técnico Bianca es espectacular”.
Tate conserva el recuerdo de dos hermanos distintos en el gesto deportivo, porque uno encontró su camino en el voleibol y el otro en el fútbol, pero parecidos en algo esencial: la seriedad con la que asumían el entrenamiento desde muy pequeños. En Bianca vio una niña constante, disciplinada y receptiva; en Tiago, un talento precoz con una competitividad poco frecuente. En ambos, una educación deportiva que también venía de casa.
“Bianca ya tenía algo especial por la forma de entrenar, de escuchar y de tomarse las cosas. Y Tiago era igual: muy competitivo, pero con una madurez que no era normal para su edad”, recuerda Tate.
Sacrificios, hábitos y apoyo entre hermanos
En casa de los Polo, el talento no parece presentarse solo como una virtud, sino como algo que debe acompañarse de disciplina, estudios, humildad, alimentación, descanso y trabajo. Santi lo explica desde la experiencia de padre y de deportista. “Sabemos que son niños y tienen que disfrutar como cualquier niño, por supuesto, pero el tema de la alimentación lo hemos tenido siempre muy en cuenta”, señala. En casa había margen para los premios, pero también hábitos. “Tenían un día a la semana para comer chuches, y ellos lo sabían y lo entendían perfectamente”, recuerda.
También hubo sacrificio logístico, especialmente de Inma, en una rutina marcada por los entrenamientos de los dos hermanos. “Mi mujer a las cuatro o cuatro y media se monta en el coche, lleva a Bianca a entrenar, vuelve, tiene que llevar a Tiago a la ciudad deportiva, vuelve, le llama Bianca porque está acabando, vuelve a recogerla…”, relata Santi. Una cadena de viajes y esperas que explica la parte menos visible del éxito.
La temporada del Fundación Cajasol Andalucía ha sido histórica: primera Liga Iberdrola del club y doblete con la Copa de la Reina. “Han hecho algo histórico”, resume Santi, que recuerda también el ambiente del pabellón en los días decisivos. “Tres días antes se agotaron las entradas. Fue algo especial”.
Pero en casa las emociones no llegan solo por Bianca. Tiago también sigue acumulando experiencias en el Betis y con la selección. “Cada mes nos traen una emoción. Si no es Bianca, es Tiago”, cuenta Santi. Entre los dos hermanos hay una relación de apoyo constante. “Mi hija, cuando ve los éxitos de Tiago, es su fan número uno. Pero al contrario también”, explica. “Se apoyan muchísimo. Tienen una relación muy sana”.
La cuestión de la identidad familiar aparece con naturalidad. Santi es el único de los cuatro nacido en Extremadura, en Majadas de Tiétar. Bianca nació en Murcia porque él jugaba en el antiguo Ciudad de Murcia. Tiago nació en Albacete porque Santi estaba en La Roda. Inma nació en Córdoba y ha vivido vinculada al entorno sevillano. Pero la raíz extremeña está muy presente. “Yo soy extremeño de pura cepa”, reivindica Santi. “Mis hijos tienen sangre extremeña, como es normal, y también sangre andaluza”.
Pies en el suelo
Bianca Polo ya tiene en su currículum una Liga Iberdrola, una Copa de la Reina, un Mundial con España y una trayectoria que avanza con velocidad. Pero su discurso no mira tanto al escaparate como al entrenamiento siguiente. No habla de techo ni de destino. Habla de proceso.
Quizá por eso su frase sobre Arroyo resume mejor que ninguna otra el sentido de esta historia: cada punto que hace Bianca Polo lleva todavía “un trocito” de lo que aprendió allí. Lo dicen sus recuerdos y lo confirma la mirada de quienes la vieron crecer, como Adolfo Gómez ‘Tate’, maestro, presidente y extrenador en Arroyo, que también reivindica el papel de Carmen Fernández, Judith Pérez y Carmen Castaño en sus primeros pasos.
Nacida en Murcia, formada en Arroyo y campeona en un club de raíz nazarena, Bianca ha ido uniendo en su camino las distintas geografías familiares: la Extremadura deportiva de su padre, Santi Polo, natural de Majadas de Tiétar; la Córdoba natal y la vida sevillana de su madre y el presente familiar en Montequinto; y una casa acostumbrada a entender el deporte con los pies en el suelo.
Un camino que empezó como un juego en Arroyo y que ya la ha llevado a ser campeona con el Fundación Cajasol Andalucía, protagonista de una temporada histórica: primera Liga Iberdrola para el club y doblete con la Copa de la Reina.
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