SECTOR INMOBILIARIO
Víctor Sardá, el profesor de los nuevos promotores de viviendas: "El sector inmobiliario tiene que enamorar a la sociedad"
El director del Grado Inmobiliario destaca la importancia de la generosidad y la ética en los futuros profesionales del sector inmobiliario tras una década de formación

Víctor Sardá, director del Grado Inomobiliario, en la entrada de la facultad de Arquitectura Técnica de la Universidad Politécnica de Madrid / Andrea Martínez
Víctor Sardá (Madrid, 1971) es una de las caras más reconocidas de todo el sector inmobiliario. Extrovertido —y siempre falto de vergüenza— es un habitual de todos los eventos y actos que reúnen al 'ladrillo' patrio. Profesor titular de la Escuela Técnica Superior de Edificación, Sardá es la mente e ideólogo del Grado Inmobiliario, máster de la Universidad Politécnica de Madrid, ASPRIMA y APCE que cumple en 2026 diez años. Diez ejercicios que explican cómo ha cambiado el sector y como ha pasado de estar denigrado tras el pinchazo de la burbuja a vivir un nuevo 'boom'. El profesor atiende a El Periódico unas semanas antes de reunir a más tres centenares de directivos, exalumnos y políticos para celebrar la primera década de la formación.
PREGUNTA. En su perfil de LinkedIn afirma que en 2015 "un grupo de profesionales de los sectores de la educación e inmobiliario tuvieron un sueño". ¿Cómo nació el Grado Inmobiliario?
RESPUESTA. La primera idea surge con una llamada de teléfono de Juan Antonio (Gómez-Pintado, presidente de Vía Ágora y expresidente de la patronal madrileña y nacional) el 16 de diciembre de 2015. Me dice: “Si quieres ser arquitecto, vas a Arquitectura; si quieres ser abogado, vas a Derecho; si quieres ser inmobiliario, no hay ninguna facultad a la cual ir”. Él planteó crear un programa formativo de un año que navegase por todo el mercado con tres ideas. La primera, que el plan de estudios no lo hiciera la universidad sola, sino de la mano de las empresas. La segunda, que los profesores fueran directivos, que explicaran cosas que luego aplican en sus empresas. Y la tercera, que los alumnos que quisieran pudieran hacer prácticas. Porque lo que escuchas lo olvidas, lo que ves lo recuerdas y lo que haces lo aprendes. Y así nacemos, como el fruto de una alianza estratégica entre el sector y la universidad, con el propósito de formar a las nuevas generaciones de profesionales a través de dos programas clave, el posgrado inmobiliario y el 'bootcamp' financiero inmobiliario.
P. ¿Cuándo arrancó?
R. Se aprobó en el Consejo de Gobierno de la Universidad el 1 de julio de 2016 y el primer curso fue 2016-2017. Mi mujer me dijo: "Estás loco. Te lo aprueban el 1 de julio y quieres empezar en octubre". Pero había que empezar. Yo decía: “El año que viene, todos calvos”. Hicimos una reunión informativa un 16 de julio sin ninguna ilusión de que apareciera nadie. Y cuando abrí la sala estaba llena. ¿Por qué? Porque la situación estaba muy complicada. Los alumnos que acababan la carrera no tenían salidas laborales en el mercado y vieron el Grado Inmobiliario como una posibilidad. En septiembre teníamos 23 alumnos. Todos arquitectos técnicos.
P. ¿Cómo ha cambiado el alumnado en estos diez años?
R. Ha cambiado muchísimo. Antes eran 23 estudiantes, todos de la Escuela Técnica Superior de Edificación (arquitectos técnicos) y deseaban con todas sus ganas hacer prácticas en empresa. Este año hemos tenido 40 alumnos, la mayoría de fuera de esta escuela. La mitad quiere hacer prácticas, mientras que la otra mitad lo vive como un posgrado de dos días por semana. También ha cambiado la formación de origen: al principio eran arquitectos técnicos, luego empezaron a llegar arquitectos y después titulados de otras ramas. Cambia la titulación y cambia también la edad. Ahora el perfil medio está entre los 22 y los 32 años, pero también hay profesionales de más edad. Aquí puede venir alguien recién titulado y también una persona que lleva años trabajando en urbanismo y quiere abrir la mente. Como decía mi padre, la mente y los paracaídas solo funcionan bien si se abren.
P. El programa nació después de la crisis inmobiliaria. Ahora el sector vive un 'boom'. ¿Cómo se ha trasladado esto al aula?
R. Un amigo mío dice que lo que no son cuentas son cuentos. Y la cuenta es que ahora hay menos alumnos técnicos. Antes los técnicos eran el 100%. Ahora hemos llegado a un 55% o 60%. También ha cambiado el mercado de prácticas. En 2011, por cada oferta que se ponía en el portal de la UPM se postulaban 83 alumnos. Ahora no son 83 prácticas para un alumno, pero casi. Este año posiblemente en esta escuela superemos las 400 prácticas. Es una burrada. Y otra cosa: cuando empezamos, las empresas no querían pagar a sus becarios, pero aquí hay una ley, que la han apodado como la ley Víctor Sardá, que mis alumnos no van a trabajar gratis. Aquí se paga a todo el mundo.
P. Antes faltaba talento promotor, ahora muchas empresas dicen que falta gente en obra. ¿Cómo se soluciona?
R. La gente no va a ir a la obra, hay cosas que no tienen vuelta atrás. Si pagas 6.000 euros, no te preocupes, que va a ir todo el mundo. Yo vengo de la construcción y estoy muy orgulloso. Para mí es como el médico que quiere montar una clínica privada, antes debería pasar por urgencias. Pero lo importante no es lo que yo crea. Lo importante es lo que creen los jóvenes. A los jóvenes que no quieren ir a la obra no se les va a convencer. En nuestra época, el 100% iba ay además estaba orgulloso. Ahora no creo que más del 40% quiera esa salida laboral.
P. ¿Por qué no quieren ir?
R. Es un sitio muy complejo, en el que conviven personas con formaciones, orígenes, culturas, enfoques de vida muy distintas, que, incluso, no hablan el mismo idioma. Y todos tienen que ir a un lugar común. Eso no es fácil. Los alumnos saben perfectamente lo que es la obra y no quieren trabajar allí. Y no se les va a convencer con campañas de comunicación. Cuando un problema no tiene solución, siempre se dice que es un fallo de comunicación. No. Los alumnos saben lo que es la obra y no quieren.

Víctor Sardá en su despacho en la facultad de Arquitectura Técnica de la UPM / Andrea Martínez
P. España vive una crisis de acceso a la vivienda. ¿Qué deberes les pone a sus alumnos que hoy trabajan en el sector?
R. El problema de la vivienda es grave. Yo no voy a dar una fórmula mágica, porque mi aportación es repetir lo que dice la gente que sabe mucho del sector. ¿Qué pueden hacer mis alumnos? Para mí lo más importante no es que aprendan. Eso se presupone. Nosotros hacemos todo el esfuerzo para traer a los mejores, para que cuenten de la mejor manera las cosas que nuestros alumnos van a tener que utilizar en su día a día. Pero eso no es lo principal. Lo principal y por lo que yo estaría orgulloso, es que mis alumnos, cuando se vayan de aquí, sean buena gente. Lo otro sé que lo van a saber. Sé que van a saber de licencias, de derecho mercantil, de dirección financiera... Donde pongo el foco es en si se han convertido en personas generosas que piensan en los demás.
P. ¿Por qué esa idea de la generosidad aplicada al sector inmobiliario?
R. Porque los alumnos pueden aprender con el ejemplo. Si conseguimos que un estudiante interiorice que el mundo puede ser mucho mejor si todos ponemos más de nuestra parte, ese titulado actuará de mejor manera. No pensará solo en él, ni solo en sus beneficios económicos, ni solo en los de su empresa. Pensará también en la gente a la que puede ayudar. No estoy diciendo que la solución a la vivienda sea solo la generosidad de una persona. La solución es la que marca la gente que sabe mucho del sector: más suelo, licencias más rápidas, precios adecuados, colaboración, etc. Pero si mis alumnos, además de salir sabiendo lo que saben, salen con generosidad, serán mucho mejores profesionales.
P. El promotor sigue cargando con una imagen social complicada. ¿Cuál es el deber del sector con la sociedad?
R. El sector inmobiliario tiene que enamorar a la sociedad y que la sociedad esté orgullosa de su sector inmobiliario. Eso se desglosa en muchas cosas. La primera, que políticos, administración y sector vayan a una. Tiene que haber diálogo constructivo. El del año 2008 era un sector del que no hay que sentirse orgulloso. Había gente que entraba y salía de los juzgados. Y no eran precisamente jueces. También era un sector con unas formas que hoy ya no son las mismas. Ahora es un sector completamente diferente. ¿Cuándo estás orgulloso de un sector? Cuando es ejemplo de coherencia, de coordinación y de diálogo constructivo. Y la prueba del algodón es si te gustaría que tu hijo o tu hija trabajara en él.
P. ¿Cómo ve el Grado Inmobiliario dentro de diez años?
R. El Grado Inmobiliario tiene que mantener la misma inercia que ahora. Nosotros formamos a gente que aterriza en el sector inmobiliario, desarrolla su carrera y puede llegar a ser directiva. Pero hay una parte que corresponde al alumno: trabajar, trabajar y trabajar para llegar lo más alto posible. Nuestro cometido es formarles y formarles mejor. Por eso no hay ningún año en que no se haya cambiado nada en el plan formativo.
P. ¿Y quiénes deberían ser los profesores del futuro?
R. Los profesores tienen que ser los alumnos. Ese es el ciclo. El sector inmobiliario apuesta por ti de manera generosa, te forma, te ayuda a aterrizar en el sector y tú te conviertes en directivo, aplicas todo eso y vuelves. Dentro de diez años tiene que haber un porcentaje muy importante de profesores que sean titulados del Grado Inmobiliario. La dinámica tiene que ser la misma: atención, acción y superación. Estar siempre atentos, actuar y mejorar. Ahí estará el Grado Inmobiliario.
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Fuente: El Periódico
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