Iniciativa empresarial en la extremadura rural

Un pueblo agraciado por el sol

Aldeacentenera cobija el mayor parque solar de Europa, en marcha desde 2022 tras casi dos años en obras. Ya no genera empleo, pero sí cuantiosos impuestos que el consistorio revierte en mejoras y servicios que han hecho crecer su población (alcanza los 665 vecinos) en plena crisis demográfica

Vista de una parte de la planta fotovoltaica Francisco Pizarro, propiedad de Iberdrola.

Vista de una parte de la planta fotovoltaica Francisco Pizarro, propiedad de Iberdrola. / Jorge Valiente

La guardería es gratis para los empadronados, la piscina municipal también y en el gimnasio, con una veintena de máquinas de última generación que son la envidia de los centros deportivos más modestos, se ha puesto ahora una cuota de 10 euros al mes para el mantenimiento de las instalaciones.  

Además, se está ultimando una nueva residencia de mayores que será de autoconsumo, hay jardineros municipales, un celador en el centro de salud, un conserje en el colegio y todas las semanas no faltan las actividades de zumba, pilates, gimnasia rítmica y las clases de la memoria, bastantes concurridas, para mantener activos los cuerpos y las mentes de los vecinos de Aldeacentenera.  

Pero es que en este pequeño pueblo de la provincia de Cáceres, situado en la comarca de Trujillo (unos 30 kilómetros les separan), tampoco existe ya el impuesto de la basura, el de rodaje y el del agua se ha reducido y se han eliminado las tasas que sus cuatro bares pagaban por poner terrazas en las calles. Los pocos que nacen en este municipio reciben un cheque bebé de 2.000 euros y los 26 niños y niñas que dan vida al colegio rural agrupado de la localidad (compartido con Jaraicejo y Aldea del Obispo) tienen una ayuda anual de 150 euros para la vuelta al ‘cole’ y otros 50 más para comprar material escolar, además de tablets adquiridas por el consistorio a cambio de que participen en actividades de la biblioteca.

«A los pueblos nos han salvado los próximos 30 o 40 años»

Son todo ventajas que el gobierno local ha implementado en los últimos años gracias a la inyección de fondos (y también a la suspensión temporal de las reglas fiscales por la pandemia) que ha supuesto la construcción de la mayor planta fotovoltaica de Europa, denominada Francisco Pizarro. Propiedad de Iberdrola y con una potencia instalada de 590 megavatios, el parque solar ocupa más de 1.300 hectáreas en las que puede verse desde la carretera un océano de placas solares instaladas sobre los términos municipales de Aldeacentenera y Torrecilla de la Tiesa (a escasos 11 kilómetros), donde la planta también ha inflado las arcas municipales y está permitiendo ofrecer más y mejores servicios a sus vecinos. «A los pueblos nos han salvado los próximos 30 o 40 años, el impacto de estas plantas es muy positivo», reconoce el regidor de esta última localidad, Tomás Sánchez, que además destaca su contribución a la generación de energías más limpias para frenar el calentamiento global. «Es que de eso no se habla porque no parece importante y lo es», lamenta.

Y eso que todavía los ingresos extra han llegado de forma puntual. Hasta el momento los dos pueblos han percibido los fondos correspondientes a la construcción de la planta: las tasas de licencia de obra y el ICIO (Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras), pero no será hasta el próximo año cuando empiecen los ingresos regulares mediante el IBI de categoría especial y el IAE (Impuesto de Actividades Económicas) que Iberdrola deberá abonar a ambos consistorios durante al menos 30 años. Y no son cantidades baladí. «En esos terrenos se pagaba antes un IBI rústico de 3.000 euros y ahora pasará a un IBI especial de unos 450.000 euros», detalla el alcalde de Torrecilla, donde hay otros tres proyectos de plantas solares más pequeñas en marcha.

Francisco Muñoz, alcalde de Aldeacentenera.

Francisco Muñoz, alcalde de Aldeacentenera. / Jorge Valiente

Con los pagos realizados hasta la fecha el ayuntamiento de Aldeacentenera ha pasado de un presupuesto anual de 900.000 euros a 1,5 millones de euros. «Todavía no sabemos bien qué cantidad nos ingresarán anualmente, pero tenemos unas limitaciones de gasto que cumplir», recuerda Francisco Muñoz, el alcalde aldeano, a quien no le gusta que se hable de que les ha tocado la lotería. «Es que no es así, son ingresos extra que nos están dejando hacer muchas cosas, pero con cabeza, porque el dinero se acaba». 

Lo que menos le gusta a Muñoz que es la megaplanta ya no genera empleo. Durante los casi dos años que duró su construcción dio trabajo a mucha gente de la zona y de fuera que además llenaron estos pueblos y sus casas vacías, pero ya no hay ni personal de seguridad. «Lo hemos peleado, pero se controla por videovigilancia. Sí hay gente que a partir de ahí se va moviendo para trabajar en otras plantas, pero poco más».

«De Torrecilla hay una persona contratada para el mantenimiento, pero ya no queda nada de los trabajadores que alquilaban casas aquí, aunque ahora se está reactivando de nuevo el movimiento con la nueva planta que ya ha empezado su construcción», señala el alcalde vecino. Sánchez se refiere a la fotovoltaica que Naturgy ha iniciado justo enfrente de la Francisco Pizarro, al otro lado de la carretera y que poco a poco vuelve a traer trabajadores a la zona y supondrá otra inyección más a las arcas municipales. 

Mariano, Domingo, Carmelo, Benito y Jesús charlan junto a la parada de autobús de Aldeacentenera.

Mariano, Domingo, Carmelo, Benito y Jesús charlan junto a la parada de autobús de Aldeacentenera. / Jorge Valiente

El movimiento comienza a apreciarse ya en la zona. «Esta semana han arrendado unos de las placas una casa al lado de donde yo vivo para trabajar en la nueva planta», cuenta Carmelo a sus compañeros de corrillo de una mañana cualquiera junto a la parada de autobús de Aldeacentenera. «Hay más dinero en el pueblo y se nota», añade, mientras asienten todos. 

El rechazo inicial

Pese a los ingresos para el municipio, los alcaldes tienen claro que este tipo de proyectos industriales no son la panacea porque, más allá de impuestos, solo supone empleo temporal que no acaba fijando población, el principal reto de la España rural. Esa fue precisamente una de las razones por las que el consistorio de Aldeacentenera se opuso inicialmente al proyecto empresarial deIberdrola, a las que sumaba una pérdida de terrenos que quitaba derechos a ganaderos y otros colectivos. «Pero el ayuntamiento al final no tiene la última palabra y aquello se hizo. Es cierto que hemos embargado muchos llanos, pero al menos las placas no se ven desde el pueblo y no han entrando en la zona de monte».  

Al final, pese al rechazo inicial, todos se han acostumbrado a convivir con el impacto visual de la planta, que aún sin desearlo ha supuesto un antes y un después en este municipio cacereño. La mayor obra que se ha hecho en estos años en el municipio es la nueva residencia de mayores con más plazas (47 en total) que se pondrá en marcha a final de año. También se ha construido una guardería, se ultiman un centro para el mayor y la reforma de la piscina municipal y están cambiando la red de tuberías de fibrocemento para mejorar el abastecimiento del agua y solventar las recurrentes averías. 

Hablan los vecinos.

Hablan los vecinos. / Jorge Valiente

A todo eso se suman que han adquirido una finca municipal de dehesa que utilizan actualmente una quincena de ganaderos de la localidad y, lo último, la puesta en marcha de una línea de ayudas para comprar y reformar viviendas en la localidad, aunque hay otras ideas sobre el papel (un centro joven, un pabellón polideportivo...). «Estamos en la primera fase y vamos a poner en marcha una segunda fase para la gente que se ha quedado en lista de espera», explica Muñoz. «Para mí ha habido un antes y un después de la planta. Coincidió con un cambio de gobierno y creo que ha venido todo de la mano. Los ingresos extra nos han venido muy bien para hacer ciertas cosas y nuestra prioridad siempre ha sido que el dinero llegara a todos los vecinos desde el principio». Desde la localidad la placas solares no se atisban en ninguno de sus horizontes, pero lo que sí se ve en el pueblo son jardines cuidados, calles limpias, obras y vecinos amables y felices. Y cada vez son más. 

Todos esos nuevos servicios unidos a una viva oferta cultural y de ocio -«no todo es dinero, también hacemos una programación cultural que está repleta de actividades durante todo el año, en la que participan todas las asociaciones y muchos vecinos», destaca el alcalde- están contribuyendo también a frenar, o al menos ralentizar, uno de los principales problemas del mundo rural: la crisis demográfica. 

Aldeacentenera, a las puertas del Geoparque Villuercas-Ibores-Jara, es uno de los pocos pueblos pequeños que no solo no pierden población, sino que están ganando habitantes. Tiene en la actualidad empadronados 665 vecinos y eran 625 en 2019. La población está muy lejos de los 3.000 habitantes que llegó a tener a principios del siglo pasado, pero ha crecido en 40 vecinos en medio de una pandemia y sin que hayan dejado de producirse fallecimientos.

Ana Bayal e Inma Mariscal, dinamizadoras sociales del municipio.

Ana Bayal e Inma Mariscal, dinamizadoras sociales del municipio. / Jorge Valiente

Nuevos habitantes aldeanos

Entre esos nuevos vecinos están Isabel Pacheco y sus dos nietos, que han cambiado su Málaga natal por este pueblo extremeño que conoció a través de una cuñada y en el que piensa terminar sus días. «Aquí tengo todo lo que necesito y si quieres, no te aburres porque hay muchísimas actividades». También Inma Mariscal, que decidió dar un cambio a su vida en plena pandemia y cambió Fuenlabrada por instalarse con sus dos hijos en el pueblo de su madre (a pesar de que toda su familia seguía viviendo en Madrid) donde ha encontrado sobre todo «calidad de vida» o Ana Bayal, que tras seis años trabajando en Cáceres dejó su empleo de dependienta y regresó al pueblo:«Me salió una oportunidad de trabajar aquí y estoy encantada; aquí me quedo». Ella, junto a Inma, son las dinamizadoras sociales del municipio y se encargan de diversas actividades, como las conocidas como clases de la memoria.

Matilde y Juan Carlos se instalaron en el pueblo en 2022.

Matilde y Juan Carlos se instalaron en el pueblo en 2022. / Jorge Valiente

El viaje de vuelta al pueblo también lo ha hecho María Nieves Rubio, maestra jubilada, que tras más de 40 años en Trujillo dice que ya no se mueve más:«Tengo la paz de vivir en un pueblo, pero no faltan cosas que hacer para mantenerse viva y con la cabeza activa». Y ese mismo trayecto vital es el que han realizado Matilde Monterroso y su marido, Juan Carlos Suero. Ella emigró a Bilbao siendo una niña y tras media vida allí se instaló en Trujillo, donde puso en marcha un negocio, pero llegada la jubilación regresó a Aldeacentenera, ahora sí, para quedarse. «Nos vinimos definitivamente hace dos años y estamos encantados. El pueblo ha dado un avance muy grande, está precioso y hay de todo, tenemos calma pero también marcha», cuenta Matilde, que forma parte de una de las dos compañías de teatro que tiene la localidad. «Aquí no nos falta de nada».