Los extremeños más influyentes

Carlos Domínguez: «Desde pequeño sabes que la muerte está ahí, pero también el triunfo y la gloria»

Carlos Domínguez Cabrera (Badajoz, 2000) es torero desde la cuna. Este año está anunciado en las dos plazas más importantes del mundo: Las Ventas y La México.

CARLOS DOMÍNGUEZ

CARLOS DOMÍNGUEZ / CEDIDA

Irene Rangel

Irene Rangel

¿Cómo empieza en el mundo del toro?

En mi familia no había referentes taurinos. Pienso que un torero nace, no se hace. Yo nací. Iba con mi abuelo a la plaza y a los ocho años ya les dije a mis padres que, si aprobaba todo, me tenía que apuntar a la Escuela Taurina. Mi madre, que tenía miedo, me apuntó a tenis y a fútbol, pero acabé en la escuela. Si es que yo cuando era pequeño solo pedía a los Reyes un capote.

¿Es verdad que solo le calmaba el llanto ver corridas de toros?

Con dos años yo lloraba mucho. Un día, haciendo ‘zapping’ en la tele, salió una corrida de toros en la tele y dejé de llorar. Volvió a pasar lo mismo a los pocos días. Desde entonces en mi casa se compraban cintas de toros para que el niño no llorara.

¿Cuándo se dio cuenta de que era lo que de verdad quería hacer?

A los 13 o 14 años, que es cuando tenemos el permiso legal para torear aquí, en España. Yo cumplo años en agosto y el 20 de septiembre ya mato mi primer novillo en público en Talavera la Real. Lo tenía clarísimo.

¿Cuánto valor tiene para usted la Escuela Taurina de Badajoz?

Muy alto. Es un paso muy importante en mi vida, a la hora de ser torero, pero también en mi andadura profesional. Al final ser torero conlleva un tipo de vida y de situaciones que requieren una madurez temprana. En la escuela nos dan muchas oportunidades de crecer como toreros y como personas, nos inculcan unos valores que son muy. Superación, constancia… saber desde pequeño que la muerte está ahí, pero también el triunfo y la gloria, que es lo que uno va buscando.

En 2019 debuta en Olivenza con picadores. ¿Sueño hecho realidad?

Claro que sí. Todo el que empieza en la Escuela Taurina sueña con eso. Pude cortar dos orejas, salió todo bien.

También ha hecho el paseíllo en Las Ventas en la feria de San Isidro de 2022.

Sí. Después de Olivenza hice el paseíllo en Aguascalientes, en México, y entró el Covid. Se quedó un poco estancada mi carrera. Dios está ahí arriba y le da a cada uno lo que se merece, y después de tanta lucha apareció una persona en mi vida, Jacinto Ortiz –propietario de la plaza de toros de Olivenza-, que es una persona muy respetada. Ese año él me dio la oportunidad de volver a su plaza y de cumplir otro sueño: hacer el paseíllo en la feria de San Isidro, la más importante del mundo.

¿Quién le acompaña en las plazas?

Jacinto, que es mis pies y mis manos y me acompaña a todos lados. A pesar de la diferencia de edad, tenemos una relación de padre e hijo. También me acompañan diferentes banderilleros y picadores. Hay una persona a mi lado que va en mi cuadrilla y que daría la vida por mí. Empezó conmigo en la escuela y es una suerte que podamos cumplir sueños juntos. Él es David Merino, viene conmigo a todas mis tardes. Me siento afortunado de poder llevar a personas que uno quiere cuando te vas a jugar la vida.

¿Cómo llevan sus padres, que son ajenos a este mundo, el verle delante de un toro?

Mal. Como todos los padres. Es mucho miedo el que se pasa, pero soy una persona muy constante y a todo lo que hago en la vida le pongo el máximo empeño. Ellos ven la lucha que llevo, así que cuando llega la hora de torear lo que menos les importa es que me ponga delante del toro, lo que quieren es que triunfe porque no hay nada más bonito que ver a un hijo feliz. Al menos, ¡eso es lo que me dicen ellos!

¿Qué hace falta para triunfar en un mundo como el del toro?

Lo primero que hay que tener son condiciones, pero la preparación es lo más importante. Cuando uno vive por y para el toro, las cosas tienen más posibilidades de salir bien. También influye el factor suerte.

¿Cómo es su entrenamiento?

Intenso. Vivo para esto. Madrugo, me voy a entrenar, descanso un rato en casa y por la tarde, vuelvo. Toreo de salón y entrenamiento físico. Lo compagino con estudiar porque formarme también es importante para mí. También trabajo mucho la mente.

Y me ha hablado de sus estudios. ¿Sentía que tenía que tener red de seguridad?

Hice Técnico de Rayos y también Radioterapia. Acabé el año pasado. Ahora me he matriculado en Nutrición. El mundo del toro es duro, nunca se sabe qué te depara la vida, me pueden dar una cornada y quitarme de esto.

Un sueño por cumplir.

A corto plazo, cortar dos orejas en Madrid. A largo plazo, poder cumplir todos los deseos que tengo como persona y como torero para agradecérselo a los que han luchado por mí.