Alimentación
Sobras para llevar en el restaurante: el hábito que "todavía no es costumbre" en Extremadura
La nueva ley nacional contra el desperdicio alimentario ya obliga a los establecimientos de hostelería a facilitar a los clientes los restos de comida en envases desechables sin coste extra
Los supermercados también deberán habilitar secciones para productos ‘feos’ o poco estéticos y con fecha de caducidad próxima

Un plato de carne ibérica a la brasa en el restaurante Carnívora de Badajoz / IG Carnívora
¿Se quiere llevar las sobras? Esta pregunta impensable hace solo unos años se escuchará a partir de ahora en todos los bares y restaurantes del país, que ya tienen la obligación de entregar a sus clientes en envases desechables los restos de comida que no hayan consumido en el local. Se trata de una medida recogida en la nueva Ley de Prevención de Pérdidas y Desperdicio Alimentario impulsada por el Ministerio de Agricultura, que también regula la venta de productos «feos» o con fecha de caducidad próxima en los supermercados. El texto se publicó el pasado miércoles en el Boletín Oficial del Estado (BOE) y entró en vigor el jueves, por lo que este fin de semana será el primero de su aplicación en la hostelería.
En realidad, la mayoría de los bares y restaurantes extremeños ofrecen ya la posibilidad de llevarse a casa los restos de comida que no se han consumido en el local, un hábito muy arraigado por ejemplo en los países de Europa pero que sin embargo en Extremadura «todavía no es costumbre». Antonio Martínez, presidente de la Asociación de Empresarios de Hostelería y Turismo de Extremadura (Setex), afirma que hay quien aún «lo sigue viendo mal» y de hecho, asegura que son mayoritariamente los turistas extranjeros los que se llevan las sobras de comidas y cenas.
Del restaurante a casa
Desde la Federación Extremeña de Bares y Restaurantes (Fexbares), José Luis Mosquera añade que esta opción no siempre es lo más práctico, puesto que estamos hablando de comida cocinada que hay que mantener en ciertas condiciones por seguridad alimentaria. «Implica que el cliente vaya directo del restaurante a su casa para guardarla», comenta. Mosquera explica que lo único que cambiará ahora será el imperativo para el local, que sí estará obligado por ley a ofrecer la comida no consumida en envases para llevar.
La Unión Europea calcula que un 15% del desperdicio de alimentos se concentra en la restauración, y para combatirlo la ley plantea en el artículo 8 que «las empresas de hostelería y proveedores de servicios alimentarios tendrán la obligación de facilitar al consumidor que pueda llevarse, sin coste adicional alguno, los alimentos que no haya consumido». Advierte además que se debe informar en el local «de forma clara y visible», y a ser posible en la propia carta o menú. La norma es de aplicación a toda la restauración, salvo los bufé libre porque «la disponibilidad de comida no está limitada».
Pendiente desde 2021
Hay que recordar que la Ley de Prevención de Pérdidas y Desperdicio Alimentario comenzó su andadura en el año 2021 con la aprobación, en primera lectura, del proyecto de Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario por parte del Consejo de Ministros. Sin embargo, su tramitación en las Cortes decayó en 2023 con la convocatoria adelantada de elecciones generales el 23 de julio y no ha sido hasta ahora cuando finalmente ha entrado en vigor.
Las principales obligaciones que recoge el texto, establecidas en los artículos 6 y 7 (como por ejemplo tener un plan de prevención de desperdicio alimentario o promover convenios para donar los excedentes), no será de aplicación hasta un año después.
Productos 'feos' en el supermercado
Al margen de la hostelería, la ley también promueve la donación de alimentos sobrantes en el sector de la distribución. Asimismo, obliga a los supermercados de más de 1.300 metros cuadrados a disponer de un plan contra el desperdicio alimentario y donar excedentes a entidades sociales o bancos de alimentos.
La ley establece también medidas buenas prácticas, tanto para la administración como los distintos eslabones de la cadena. Por ejemplo, contempla que los supermercados dispongan de líneas de venta de productos como frutas y verduras considerados «feos, imperfectos o poco estéticos», y que promuevan el consumo de productos de temporada, de proximidad, ecológicos o con fecha de caducidad próxima.
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