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Discriminación

Las agresiones al colectivo LGTBI se cuadriplican en Extremadura desde 2017

Los expertos señalan los discursos de odio y su difusión en las redes sociales como las principales causas para pasar de 9 a 35 denuncias en siete años

Imagen de archivo de una manifestación del orgullo LGTBI en Cáceres.

Imagen de archivo de una manifestación del orgullo LGTBI en Cáceres. / Carlos Gil

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Cáceres

La conquista de la igualdad y del respeto con el paso de los años ha de ser, en teoría, uno de los fundamentos de las sociedades avanzadas. Sin embargo, los datos sobre las agresiones a las personas LGTBI en Extremadura en los últimos años no reman en la misma dirección, pues, según la información facilitada por las dos asociaciones regionales que velan por el bienestar del colectivo, estos se han cuadriplicado en los últimos siete años, pasando de los 9 ataques de 2017, a los 35 de 2024. ¿Qué ha ocurrido? 

Los cambios políticos y los discursos de odio

Patricia Naharro, psicóloga de la Fundación Triángulo, expone las claves. "Los cambios políticos y la aparición en la escena pública de discursos de odio han facilitado la adquisición, por parte de personas en edades tempranas, de ciertas visiones muy sesgadas", explica la experta. "Notamos que hay una vuelta atrás en ciertos prejuicios y estereotipos que son muy mantenedores de estas conductas discriminatorias", añade. 

Las consecuencias de la pandemia

Pero, hay más. En la asociación registraron un pico muy alto de agresiones en 2021. Concretamente, fueron 36 las contabilizadas el año posterior a la pandemia. Conviene aclarar que en 2024 anotaron 20, pues las otras 15 corresponden a Extremadura Entiende, la otra entidad regional. 

La cuestión es que Naharro achaca al Covid-19 el despunte, como consecuencia "del mayor uso de redes sociales y de volver a socializar en la calle después de lo que supuso el confinamiento". 

Una situación crítica que aumentó las agresiones verbales, psicológicas y físicas. Es decir, que incrementó los insultos; las persecuciones por la calle; las pintadas en las casas; los ataques a la propiedad privada; o las agresiones directas y las palizas. Todo delitos de odio que recaen sobre personas que quieren ser o amar en libertad. 

Lo que entraña la LGTBIfobia

Pero la LGTBIfobia va mucho más allá. Entraña algo más profundo, cuenta la psicóloga de Fundación Triángulo. Incluye, así, el bullying o el acoso laboral, que no se encuadran en los registros mencionados pues, si no, "nos iríamos a más de 400 personas". 

Muchas veces son discriminaciones sutiles, "que ni siquiera se señalan", dice Naharro, "lo que favorece que las personas que tienen esa ideación de odio acaben cometiendo actos violentos o ejerciendo violencia estructural"

Elevada tasa de infradenuncia

Incluso, explica la experta, es complicado que una denuncia "tenga la etiqueta de delito de odio, porque están muy naturalizados los ataques al colectivo". Y eso, en el caso de que se acuda a las autoridades policiales, pues "tenemos una tasa de infradenuncia altísima", añade la profesional.  

"No es fácil, para una persona que ha sufrido un delito de odio, acercarse a denunciar lo que ha vivido". Víctimas que son, en gran medida, mujeres transexuales y hombres homosexuales y bisexuales. "Las mujeres lesbianas o bisexuales siguen estando más invisibilizadas", explica Patricia Naharro, con lo que sufren menos violencia directa, aunque no están exentas. Tanto en pueblos como en ciudades, pues la Fundación Triángulo registró ocho agresiones en los entornos rurales en 2024, y doce en los urbanos. 

Cada uno presenta, eso sí, unas características diferentes. En las ciudades, los ataques suelen provenir de sujetos desconocidos, sobre todo, en horario nocturno. En cambio, en las zonas rurales, las víctimas tienen identificados a sus agresores. "Personas que no aceptan al colectivo y no permiten que sus miembros desarrollen sus proyectos vitales", expone Naharro. 

Agresores jóvenes

Agresores que muchas veces son jóvenes que actúan en grupo. Y, por eso, desde la asociación agradecen a la Junta los programas que está emprendiendo en los centros educativos para concienciar a los estudiantes. Porque "llegar a la gente joven funciona", dice la psicóloga que, eso sí, considera que "hay que intervenir en la ciudadanía en su conjunto; trabajar en los valores democráticos, en el respeto y en el derecho a la vida. Más aún, hay que entender que la diversidad es algo que nos beneficia a todos".

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