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Patrimonio

En busca de los antiguos corrales de corchos para abejas en Extremadura

La Asociación Verata de Apicultura ha geolocalizado ya en torno a una decena de estas estructuras de arquitectura vernácula

Son construcciones defensivas que recuerdan que las sierras estuvieron habitadas por el rey de la fauna europea: el oso pardo

Miembros de la Asociación Verata de Apicultura, dentro de una de las estructuras halladas hasta la fecha en varios municipios de la comarca, donde se colocaban las colmenas.

Miembros de la Asociación Verata de Apicultura, dentro de una de las estructuras halladas hasta la fecha en varios municipios de la comarca, donde se colocaban las colmenas. / Asociación Verata de Apicultura

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Beatriz García

Cáceres

El sector apícola de Extremadura se encuentra a la cabeza en España, al ser la región con mayor censo de colmenas del país, responsable de la producción del 70% del polen nacional. Con una arraigada tradición en estas labores, la región conserva un valioso patrimonio inmaterial y material que se remonta a siglos pasados. Entre las manifestaciones más notables de la apicultura de antaño, se encuentran los corrales de corchos o corrales de colmenas.

«La Asociación Verata de Apicultura ha visitado y geolocalizado hasta la fecha en torno a una decena de estructuras de arquitectura vernácula en varios municipios de La Vera, conocidas como corrales de corchos», explica Enrique de San Julián, socio fundador y actual presidente de este colectivo. La mayoría se ubican en Garganta la Olla, aunque también existen en Aldeanueva, Losar o Madrigal de la Vera. «Algunos corrales de corchos están en propiedad privada y otros son de dominio público», detalla.

Un inventario también cultural

El objetivo de la asociación es «recopilar toda la información posible sobre las raíces apícolas de nuestra provincia, y realizar un inventario de colmenares antiguos y de manifestaciones culturales relacionadas con este sector en nuestros pueblos, como refranes, canciones y celebraciones que giran en torno a la apicultura», anuncia Enrique de San Julián.

En definitiva, la finalidad del proyecto consiste en preservar y poner en valor el patrimonio apícola de la provincia cacereña: «Identificar y catalogar aquellas construcciones que durante siglos han sido utilizadas para la apicultura tradicional. Un invaluable legado de nuestros antepasados», destaca el presidente.

Así se construyeron

Además, este tipo de construcción defensiva para las colmenas recuerda que, en tiempos pasados, las sierras cacereñas estuvieron habitadas por el rey de la fauna europea: el oso pardo. Son estructuras adaptadas al terreno, protegidas de los vientos dominantes y orientadas, por lo general, hacia el sur.

Dichos colmenares fueron construidos con piedra seca, muros que oscilan entre los 2,5 y los 3 metros de altura, planta circular y una estrecha puerta, lo que los distingue de otras construcciones destinadas exclusivamente al ganado menor. En su interior se observan pequeñas terrazas con asientos para las colmenas. No solo las protegían de animales salvajes o domésticos, sino que también buscaban impedir el acceso de un hábil escalador como el oso. Estos corrales se mantuvieron en uso hasta finales del siglo XX.

En una colmena de menos de medio metro cuadrado, vive una comunidad entera de pequeños, organizados y meticulosos seres no domesticados. Apenas visibles, pero presentes, sin fatiga, volando entre encinas, alcornoques, campos y olivares por los invisibles caminos del aire.

Reconocimiento internacional

Por todos estos valores, en 2017, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció oficialmente la fecha del 20 de mayo como Día Mundial de las Abejas, en honor al nacimiento del esloveno AntonJanša (1734–1773), primer maestro oficial de apicultura y pionero en la observación y el respeto por las abejas.

Este día tiene un carácter crucial para la concienciación sobre la importancia de las abejas como polinizadoras de los campos agrícolas, las amenazas a las que se enfrentan y su valiosa contribución al desarrollo sostenible.

No existe ser tan generoso con el medio ambiente como ellas: maestras de ética, arquitectura, botánica, economía y matemáticas. Nuestra supervivencia depende, en gran parte, de la suya. 

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