Cómo vestir sin dañar el futuro
‘Me toca la fibra’: la moda sostenible llega a Extremadura
Este movimiento busca concienciar a la población sobre el impacto del ‘fast fashion’. Una iniciativa que visibiliza algunas de las opciones que ya ofrece la región

La moda realizada de forma respetuosa no perjudica los derechos de los trabajadores y protege el medioambiente. / DIPUTACIÓN DE BADAJOZ
Carolina León
Vestirse sin dañar al planeta. Esa es la premisa del movimiento ‘Me toca la fibra’, creado por la asociación Rurex dentro del proyecto ‘Slow Fashion Next’ y subvencionado por la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Una alternativa al ‘fast fashion’, es decir, «el consumo que actualmente tenemos de comprar, tirar, sin reparar en las consecuencias que existen, tanto a niveles de derechos para las personas como del medioambiente», explica Úrsula Castillo, de Rurex.
Este proyecto, que comenzó justo después de la pandemia, tiene dos objetivos muy marcados. Por un lado, concienciar y sensibilizar a la población que consume moda para que reflexione sobre la procedencia y el impacto del ‘fast fashion’ en el planeta y en los derechos laborales. Por otro, visibilizar el sector de moda sostenible que existe en Extremadura.
Más de treinta marcas
Así, ‘Me toca la fibra’ se convierte en un «sello» para que estas empresas puedan crear una comunidad. En la actualidad, el proyecto reúne a más de treinta marcas. Sin embargo, Castillo reconoce que «es muy difícil». «No resulta fácil competir con las grandes marcas y mantener toda la producción y contratación local», expresa.
Desde Rurex organizan proyectos e iniciativas, como ferias de moda sostenible, actividades y talleres dirigidos a jóvenes, en los que enseñan el origen de las prendas, el consumo de energía y agua que conllevan, o la vulneración de los derechos humanos. También realizan intercambios de ropa, fomentan las aplicaciones de segunda mano y explican cómo arreglar prendas deterioradas para una nueva vida.
No obstante, Castillo insiste en que «al final, lo que debe cambiar es la actitud de los consumidores». En ese sentido, recuerda la medida contra el plástico, por la que se estableció un precio para frenar la contaminación. «Aparte de todas las iniciativas y proyectos, sigue siendo difícil encontrar gente que no compre en esas tiendas, siempre están llenas». Pero Castillo, a pesar de todos los obstáculos, se mantiene optimista en sus acciones y objetivos. «Hay que ir poco a poco, pero, para nosotros, ya lo rendimos».
«Quiero recuperar esa idea de la ropa como herencia»
Elena Galán abrió su marca, ‘Garrules’, por el motivo más clásico, pero también el más efectivo: «Porque siempre lo había querido» desde que era una adolescente y también durante su carrera universitaria. Galán estudió Diseño de Moda, en Sevilla, y en su último año se decantó por unasprácticas en una empresa de ropa para niños, «puesto que me gustaban mucho». Tuvo la suerte de quedarse trabajando. Más tarde se trasladó a Madrid, a otra marca de ropa infantil, y ahí es donde se dio cuenta de que «no era oro todo lo que relucía».
«Me parecía que no iba conmigo. Tampoco es que yo sea ‘superferviente’ de la sostenibilidad, pero simplemente a mí no me cuadraba del todo, o sea, no iba mucho con mis ideas». Entonces llegó el momento de montar su propia marca. Después de estar siete u ocho años trabajando para otras empresas, volvió a Extremadura y se lanzó. «Ya tenía experiencia, conocía el funcionamiento, proveedores y me lancé, siempre pensando en hacer algo en lo que yo creyera».

Elena Galán diseña prendas más allá de los patrones rígidos del mercado. / CEDIDA
Así nació ‘Garrules’, una marca tan original y peculiar como su nombre. «‘Garrules’ viene de que muchas de las marcas españolas que conocía tenían nombres, en mi opinión, muy cursis. A mí me apetecía hacer algo un poco más fuerte». Pensó en varios nombres, pero todo lo que se le ocurría era en inglés y eso le daba «mucho coraje». «Era como decir: ‘soy una tía extremeña haciendo ropa en Extremadura, que no quiere comprar nada de fuera, y voy a ponerle a la marca un nombre en inglés’. No tenía sentido».
También se le vino a la cabeza ‘encá’, «como encá tu tía», pero ‘Garrules’ le conquistó por su significado, su terminación y su fuerza. «Significa, algo así, como que viene el coco, y también me permite cumplir con una de las bases que tenía clara para mi marca, que es hacer ropa sin género». Su familia, en cambio, tiró por el significado más típico, pero Galán lo ha adoptado como suyo propio. «Me decían, te van a decir garrula, que somos extremeños, y de hecho me lo han dicho en Barcelona, por ejemplo, pero para mí es reapropiarme de lo negativo, porque no creo que sea tan negativo». ‘Garrules’ es «garrulo pero con orgullo».
«Me decían, 'te van a decir garrula', que somos extremeños, y de hecho me lo han dicho en Barcelona, por ejemplo, pero para mí es reapropiarme de lo negativo»
De otro lado, las razones por las que Galán se decantó por la moda infantil son sencillas. Primero, porque ya tenía experiencia de sus prácticas: «Los niños siempre me han parecido mucho más divertidos, son más atrevidos con los colores, con los estampados que, en general, la ropa de mujer». Además, la moda infantil le permitía defender su idea de sostenibilidad, ya que, explica, «los niños crecen muy rápido, a los pocos meses ya no les vale nada, y se consume muchísima moda infantil».
De esta forma, las prendas de ‘Garrules’ incluyen bajos muy grandes, puños o cinturas con botones, para que se puedan ir adaptando y así duren muchos más años. Una opción de ropa crecedera que cambia la mentalidad de usar y tirar. «Quiero recuperar esa idea de la ropa como herencia, es decir, que puede ser tu pantalón favorito de cuando eras niña, que lo usaras un montón y que luego se lo puedas dar a tu prima y que también sea su favorito, como hemos visto toda la vida, y que a mí, personalmente, me hacía mucha ilusión», indica Galán. Ahora, la ropa de ‘fast fashion’ «es de tan mala calidad y dura tan poco, que ya no puedes dársela a nadie».
Ropa que cuenta historias
El diseño de sus colecciones, aunque responde también a las tendencias de moda que existen en el momento, sobre todo cuenta una historia. «A mí me gusta crear colecciones con conceptos, con su historia y su mensaje». Después define la paleta de colores y los estampados de los tejidos, una parte creativa del trabajo que, desde que estaba en la universidad, le parece «importantísima».
«Al final, lo que hay en el mercado te limita. Y más si te sumas a la moda de niños, que son todo florecitas, colores pastelosos, no sueles encontrar colores fuertes ni estampados más atrevidos. De esa forma puedo personalizarlo al 100%». Le siguen el patrón, la confección y la sesión de fotos, todo el proceso regido por el mensaje de la colección.
Con respecto a la aceptación por parte del público, la diseñadora afirma que, «aunque en algunos casos pienso que es un poco atrevido para lo que la gente está acostumbrada, creo que las colecciones gustan». Sin embargo, reconoce que fuera de Extremadura le ha ido «mejor». «En Barcelona o en Madrid he estado más presente. De hecho, el año pasado estuve en París y en Florencia también, en unas ferias al por mayor para vender a tiendas». Esto se debe a que, expresa, «quizás aquí, por así decirlo, no estamos acostumbrados a pagar por lo que cuestan las cosas», ya que, como le ha ocurrido en ocasiones «siempre hay alguien que me dice que lo que vendo lo vende en otro sitio por la mitad».
Pero ella no se rinde. «Yo no me bajo de mi burro de que si todos queremos tener sueldos dignos, también tenemos que pagárselos a los demás, a los que nos hacen las cosas».Porque para Galán, lo que hace especial a su marca no son sus colores fuertes ni sus estampados llamativos, sino «la idea de que las nuevas generaciones crezcan sabiendo de dónde vienen las cosas y sean más conscientes del mundo que les rodea».
«No estoy dispuesta a bajar la calidad para sacar beneficios»
Diseños de autor, sostenibilidad en su estado puro. Marta Gómez creó ‘Marinetti Project’ porque siempre le había gustado el arte. Estudió Diseño de Moda y tras una temporada trabajando en Sevilla, volvió a su casa, a Don Benito, por temas familiares. En ese impás viajó a México, donde el movimiento de la moda sostenible y tradicional estaba muy implantado. Entonces, comenzó a investigar. «Vi que era un producto que quería salir, pero seguía muy asociado a la moda hippie. Me parecía demasiado cerrado. Al final, quería aportar algo dentro de la sociedad de esta forma, que fuese moda sostenible, pero más enfocado a un diseño de autor de pasarela».

Marta Gómez y sus diseños para ‘Marinetti Project’. / CEDIDA
Y es que ‘Marinetti Project’ es eso. Piezas únicas, originales, a medida, pero sostenibles. Para ello, Gómez comenzó buscando proveedores, la mayoría holandeses, «que tienen su trazabilidad y sus sellos correspondientes» y, aunque quizás su transporte afecte a la huella de carbono, la diseñadora deja claro que no ha querido renunciar a su carrera artística. «Yo pretendo hacer prendas bonitas. Si algo no es 100% sostenible, pero es productivo o me va a dar más funcionalidad, lo voy a utilizar».Aun así, elabora sus prendas principalmente con algodón orgánico, cera de abeja y tejido reciclado.
Además, sus fuentes de inspiración proceden del mundo del arte, tanto para sus diseños como para el nombre de su marca. ‘Marinetti’ fue el precursor del manifiesto futurista, del que incorpora en sus patrones líneas muy repetitivas que dan sensación de movimiento. También prendas desmontables o transformables, sin dejar de funcionar como «fondo de armario». «Mi idea es que sean prendas como las de nuestra abuelas, atemporales y de gran calidad, para que perduren en el tiempo».
‘Marinetti’ fue el precursor del manifiesto futurista, del que Marta Gómez incorpora en sus patrones líneas muy repetitivas que dan sensación de movimiento.
Sin embargo, Gómez también se muestra realista. Aunque su creatividad y su inspiración se mantienen intactas, ‘Marinetti Project’ ya no es solo moda de autor, sino que en la actualidad realiza más diseño a medida, sobre todo vestidos de novia, invitadas y madrinas, o colecciones más «básicas» de camisetas, sudaderas o abrigos, pero a veces sigue sin ser suficiente.
Un metro: 35 euros
«Resulta muy complicado. Al final, se trata un producto superconcreto, y no me gusta decir que es caro, porque no es caro, en ocasiones se malvende. Estamos hablando de que para mis sudaderas el metro me cuesta 35 euros. Es lo que vale en cualquier tienda de ‘fash fashion’. No se puede competir contra eso».
Todas estas dificultades del sector textil le han llevado a derivar su proyecto e incluso a enfocarse en la docencia. «Es una pena, porque yo sí tenía mucha fe en la moda sostenible en Extremadura, pero en España no tenemos esa cultura de la ropa de segunda mano o de pagar más dinero».
‘Marinetti Project’ sigue siendo parte de Marta Gómez, de sus valores y sus ideales. «Es lo que he intentado siempre resaltar dentro de la marca, los valores, el cuidado, la calidad», y para ella, resulta lo más «importante». «Yo no estoy dispuesta a bajar mi calidad por sacarle más beneficio a una prenda. No voy a renunciar».
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