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Pobreza energética

Cáritas de Coria-Cáceres: «Muchas familias no utilizan el aire acondicionado ni los ventiladores por miedo a la factura»

El Programa de Familia cuenta la compleja situación de algunos hogares, en los que enchufar un aparto o ir a la piscina supone un lujo

Hay hogares donden combatir el calor excede del presupuesto, incuso un ventilador.

Hay hogares donden combatir el calor excede del presupuesto, incuso un ventilador. / CEDIDA

Cáceres

El Programa de Familia de Cáritas Diocesana de Coria-Cáceres acompaña a quienes viven en condiciones de alta vulnerabilidad. «Muchas de estas familias residen en viviendas sin aislamiento térmico, con ventanas que no cierran bien, techos que acumulan calor y sin climatización», explica Rafael Acha Martín-Javato, responsable del programa. «Algunas disponen de ventiladores o aire acondicionado, pero no los utilizan por miedo a no poder pagar la factura, que se dispara en los meses de calor».

Además, hay familias que no tienen otra opción que vivir en pisos compartidos, «en condiciones de hacinamiento, donde el calor se multiplica y no existe intimidad ni confort». En otros casos ni siquierapueden acceder a una vivienda estable, «lo que agrava su exposición a las altas temperaturas».

La salud, en jaque

El calor extremo afecta también al descanso. Rafael Acha Martín-Javato revela que muchas personas cuentan que no pueden conciliar el sueño, lo que repercute en su salud física y emocional. Y quienes, finalmente, optan por encender algún aparato para refrescarse en jornadas tórridas, «se ven luego con serias dificultades para hacer frente a las facturas, que en verano pueden superar con facilidad los límites de sus ingresos».

Rafael Acha, responsable del programa de Familia de Cáritas.

Rafael Acha, responsable del programa de Familia de Cáritas. / CEDIDA

Además, el calor limita su movilidad y el acceso a espacios frescos. Ir a una piscina pública, por ejemplo, parece sencillo, «pero muchas de estas familias no pueden asumir ese gasto de forma habitual». Una situación que afecta especialmente a los menores, al carecer de espacios seguros donde refrescarse o jugar.

Aislamiento social

A ello se suma que las vacaciones estivales, lejos de ser un tiempo de descanso, se convierten en una etapa de mayor estrés para estos hogares. No pueden permitirse salir de la ciudad, niactividades de ocio o respiro familiar. «Esto genera un aislamiento aún mayor, especialmente en hogares monoparentales, donde la conciliación se vuelve imposible y el agotamiento emocional se intensifica».

La ayuda integral de Cáritas

Desde el Programa de Familia trabajan para acompañar integralmente a estas personas, ofreciendo apoyo emocional, espacios comunitarios, talleres de relajación y actividades que alivian el estrés. También realizan acogidas, valoran las situaciones familiares y orientan hacia recursos disponibles. Además, ofrecen consejos para mejorar la economía doméstica y fomentar el ahorro energético.

«No podemos combatir el calor si no se combate la pobreza. Por eso, es urgente que se reconozca esta situación como una vulneración de derechos y se impulsen políticas que garanticen el acceso a una vivienda digna, segura y eficiente», concluye Rafael Acha. 

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