Visibilidad e inclusión social
Cándido, persona con sordoceguera: "Me da mucho miedo pasear con las obras de Cáceres. Nosotros también vivimos aquí"
Aunque nació con sordera profunda y un leve resto visual, su determinación por vivir con autonomía nunca ha flaqueado. Hoy, sin embargo, la falta de señalización accesible y la escasa sensibilidad ciudadana dificultan algo tan básico como moverse por su barrio

Imagen de archivo de un bastón rojo y blanco, que identifica a las personas con sordoceguera. / iStock
Frente a un semáforo en el centro de la capital cacereña, Cándido Gómez puede aguardar de pie más de veinte minutos a la espera de que alguien se decida a ayudarle a cruzar el paso de peatones. A veces muestra una tarjeta que dice: "Soy una persona sordociega, ayúdame a pasar" y cuando aparece alguien, suele pensar "Por fin. Me sentía atrapado".
Una sensación que ha tenido de forma recurrente durante los últimos meses, desde que rodeado de zanjas y vallas, no sabe cómo continuar su camino.
Este cacereño de 61 años tiene una rutina meticulosa. Todas las mañanas se asea, se viste, desayuna y espera a que el reloj marque las diez para salir con su amigo Eduardo, que es sordo y sabe lengua de signos apoyada, una variante en la que se tocan las manos del otro para que puedan comunicarse de forma fluida. Charlan mientras avanzan por el paseo de Cánovas y sus alrededores. Cuando no hace calor, suelen sentarse en alguna terraza.
Pasadas las dos, vuelve a casa para almorzar con sus hermanos Marce y Teodoro. A veces también los acompaña su sobrina. Los lunes asiste a clases de sistemas alternativos de comunicación y de competencia lingüística para seguir ampliando su vocabulario. Los jueves participa en sesiones de tiflotecnología con la ONCE, donde aprende a usar herramientas digitales accesibles, como lectores de pantalla para móviles, que facilitan la autonomía de quienes tienen discapacidad visual.
Unas obras que excluyen la sordoceguera
Por las tardes, pasea por la misma zona. Como conserva un ligero resto visual, cuando percibe que se encienden las farolas regresa con sus hermanos. A Cándido le encanta moverse por la ciudad, pero desde que comenzaron las obras para renovar la red de saneamiento ha dejado de disfrutar de esos paseos, sobre todo cuando va solo. No hay señalización accesible para personas sordociegas, los operarios y vecinos no conocen la lengua de signos, la dirección del tráfico ha cambiado y él no puede percibirlo.
"Me da miedo caerme en una zanja o que me atropellen, yo no quiero morirme. Me asusto constantemente y camino inseguro, porque hay intersecciones que han cambiado de sitio y, sin embargo, se mantienen las baldosas guía. Eso me confunde y me siento mal porque ya soy mayor. Voy despacito para que el bastón me avise si hay algo, pero estoy rodeado".
A su juicio, hace falta mayor sensibilización e información previa. Pone el ejemplo de los semáforos y, aunque sabe que ya se están implementando los sonoros, necesita que se activen los vibratorios, que le indican cuándo puede cruzar.

Cándido Gómez, en una entreivista con este diario. / El Periódico Extremadura
Gómez reclama que se aumenten las medidas para mejorar su inclusión social, porque en la ciudad no saben comunicarse con él y, a menudo, se siente muy solo. Comenta que en Cáceres la mayoría se conoce y le gustaría que la gente no pasara de largo, que aprendieran a reconocer que el bastón rojo y blanco indica sordoceguera.
A pesar de todas las trabas que amenazan su día a día, hace de todo: participa en viajes y excursiones organizados por la Asociación de Personas Sordas de Cáceres, asiste a todas las sesiones de mediación que le brinda la Fundación de la ONCE para la Atención a este colectivo (Foaps) y se involucra en programas específicos para personas con esta discapacidad.
La inquietud por mejorar y superar las adversidades le viene de naturaleza. Y es que la historia de Cándido Gómez es una de esas que deberían conocerse y disponer de todos los altavoces necesarios para contarse.
La infancia
Cuando era pequeño, con cinco años, se fue interno al Colegio de la Purísima, en Málaga, un centro de monjas específico para alumnado sordo. "La profesora escribía en una pizarra, porque yo aún tenía resto visual. Por aquel entonces hablaba un poquito todavía, pero es verdad que me resultaba complicado. Escribía lo que me decían y hacíamos lo que era la enseñanza típica de la época. Ahí estábamos todos mezclados, tanto niños como niñas. Yo era muy pequeñillo", relata.
Las monjas le enseñaron lengua de signos poco a poco. Al principio le costaba, pero pronto le resultó fácil y natural usarla. En el centro disfrutaba porque estaba rodeado de amigos y hacían de todo, con ayuda de profesores específicos: jugaban, practicaban deporte, estudiaban…
Estuvo allí hasta los dieciséis años, cuando se trasladó a estudiar al Centro Ponce de León, en Madrid, un colegio masculino también específico para personas sordas. Había profesores y siempre un intérprete para que las clases fueran accesibles. Les enseñaban tareas del hogar y también el deletreo, seguido del signo correspondiente. Cuatro años después, regresó a Cáceres.
"Vendía muchísimo"
"Al principio no tenía empleo, pero quería trabajar. Esa era mi ilusión. Y gracias a la ONCE pude ser vendedor de cupones. Además, yo sabía manejar las cuentas perfectamente y no tenía ningún problema para reconocer el dinero. Por aquel entonces aún usábamos pesetas, hace ya mucho tiempo. La verdad es que no llegué a trabajar con euros porque me jubilé antes de que entraran en vigor", detalla Gómez orgulloso de ese pasado.

Archivo - Imagen de recurso de un puesto de la ONCE. / E.P
En el trabajo era muy feliz. Estaba en la zona de Correos y vendía como nadie. Tenía restos visuales, así que se apañaba con los cupones gracias a unas lupas que le facilitó un técnico rehabilitador. Los organizaba siempre de la misma manera para tener ubicados los números y saber dónde estaba cada uno. Siempre de izquierda a derecha: 0, 1, 2, 3…
Cándido recuerda que estaba de pie en su puesto y, cuando venía un cliente, "le preguntaba qué número quería con gestos naturales. Le decía los números con los dedos y ellos me respondían de la misma forma. Era un trabajo que me resultaba muy gratificante. Trabajaba por la mañana y por la tarde, e intentaba vender todos los cupones que podía".
El problema visual se agravó
Al principio usaba la lengua de signos a distancia, pero poco a poco fue perdiendo la vista por una enfermedad llamada retinosis pigmentaria. Es una condición hereditaria que afecta a la retina y hace que, progresivamente, se pierda la visión.
Cuando el problema fue avanzando, tuvo que adaptar su forma de comunicarse, pasando a signos en contacto directo: "Ahora la lengua apoyada es mi sistema de comunicación, porque ya no puedo ver nada. Muchas personas sordas lo saben, me conocen, pero inicialmente fue un problema. Eso también me llevó a dejar de trabajar. Tuve que jubilarme anticipadamente, en 2001, cuando el médico me confirmó que había perdido todo el resto visual funcional. La verdad, me causó muchísimo sufrimiento".
Cuanto todo esto ocurrió, comunicarse se convirtió en su mayor barrera, y a menudo se sentía aislado. Por eso, insiste en que no es imprescindible conocer la lengua de signos, basta con tener interés por acercarse a él: "Pueden escribir en mi mano en mayúsculas", sugiere. "Aunque, por supuesto, sería fantástico que se conociera el dactilológico en palma —que es el alfabeto que usamos las personas sordociegas— o el Braille".
Porque, como recuerda con firmeza, "nosotros también vivimos, también existimos".
- Desmantelado un punto de drogas en Las Vaguadas de Badajoz: la policía interviene 15 kilos de hachís, marihuana y cocaína
- Amigos de Badajoz considera “un desastre” la gestión del hallazgo arqueológico de la avenida de Huelva
- Un vehículo arde en plena madrugada en la barriada de San Roque, Badajoz
- El viejo quiosco de La Pajarera de Badajoz, a la espera de ser rehabilitado dos años después
- CSIF urge al Ayuntamiento de Badajoz a cubrir entre '250 y 300 vacantes' ante el aumento de actividad
- Campo Maior cierra unas Festas do Povo históricas tras superar las expectativas con más de 400.000 visitantes
- Intervenidos 111 pares de zapatillas falsificadas que pretendían venderse durante las fiestas de Almendralejo
- La Junta reconoce atrasos en el pago al personal sustituto de centros de menores de Badajoz