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21D: Elecciones en Extremadura

Adelantar las elecciones: ¿éxito o fracaso?

Guardiola busca consolidar el cambio de ciclo político en Extremadura, pero llamar a las urnas antes de tiempo ha sido a veces una jugada maestra y otras un salto al vacío: de las victorias de Ayuso y Moreno a los tropiezos de Susana Díaz, Mañueco o Artur Mas

Así ha sido el mitin del PP en Lobón con Feijóo y Guardiola

Así ha sido el mitin del PP en Lobón con Feijóo y Guardiola

Mérida

Si algo tienen en común todos los adelantos electorales, es que los carga el diablo. Aparentemente María Guardiola ha pulsado el botón con todo a favor: las encuestas sonríen al PP, que en estos dos años no ha sufrido un desgaste excesivo; los socialistas están atravesando su peor momento y Vox aún no ha logrado construir en Extremadura un relato propio más allá del bloqueo.

Pero en política no existe la fórmula mágica y la historia reciente demuestra que adelantar las elecciones ha sido a veces una jugada maestra y otras un salto al vacío: de las victorias rotundas de Isabel Díaz Ayuso y Juanma Moreno a los tropiezos de Susana Díaz, Alfonso Fernández Mañueco o Artur Mas.

Bloqueo parlamentario

Guardiola ha justificado su decisión de adelantar las elecciones en la necesidad de contar con una mayor estabilidad tras dos años en los que el bloqueo parlamentario ha impedido sacar adelante medidas capitales para el proyecto del PP y sobre todo, los presupuestos de 2025 y 2026.

La maniobra no solo ha colocado a Extremadura en la antesala del nuevo ciclo político que se iniciará el próximo año en España, sino que obligará al PSOE a pasar un examen inmediato con un candidato inmerso en un proceso judicial abierto y ha empujado al resto de formaciones a improvisar una campaña exprés. Pero el adelanto electoral también coloca al PP en un terreno impredecible de arenas movedizas.

El contexto autonómico

Extremadura es una comunidad donde el voto ha mostrado una notable volatilidad en los últimos ciclos, con giros significativos entre bloques y una fuerte dependencia del contexto autonómico. La alternancia entre PP y PSOE en la Junta —del cambio que supuso la victoria de José Monago en 2011 al retorno socialista en 2015 y la recuperación del poder por parte del PP tras la irrupción de Vox en 2023— refleja un electorado con comportamiento impredecible y cuanto menos, cambiante.

Una ciudadanía hastiada de la clase política y acostumbrada a interpretar estas decisiones como una estrategia podría convertir el 21D en un plebiscito no solo sobre la gobernabilidad, sino sobre la propia conveniencia de haber acelerado el calendario. Con el adelanto ya sobre la mesa, María Guardiola aspira a consolidar el cambio de ciclo político que se inició en 2023 en un feudo históricamente socialista y sobre todo, a conseguir la primera mayoría absoluta del PP en Extremadura.

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PI STUDIO

Andalucía: el cambio posible

El referente del cambio posible para Guardiola es el presidente andaluz, Juanma Moreno. Corría el año 2018: el PSOE, que había gobernado de forma ininterrumpida en Andalucía durante 36 años, perdía el poder. La presidenta Susana Díaz decidió en octubre adelantar las elecciones que debían celebrarse en marzo de 2019 al 2 de diciembre de 2018 tras perder el apoyo de Ciudadanos para aprobar los presupuestos.

La jugada no salió como ella esperaba: el PSOE ganó pero lo hizo con menos respaldo y perdió la capacidad de articular una mayoría. La suma de PP, Ciudadanos y Vox permitió entonces a Juanma Moreno alcanzar la Presidencia y abrió un ciclo político que culminaría, tres años después y tras un nuevo adelanto electoral, en la primera mayoría absoluta del PP en Andalucía.

Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, tras ganar las elecciones con mayoría absoluta en marzo de 2022.

Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, tras ganar las elecciones con mayoría absoluta en marzo de 2022. / El Periódico

El análisis es claro: el adelanto puede funcionar si el liderazgo está consolidado, la oposición atraviesa dificultades y el electorado percibe la convocatoria como una solución y no como una estrategia. Moreno lo logró porque supo interpretar el desgaste acumulado en la Junta de Andalucía y presentar el relevo como la oportunidad de iniciar una nueva etapa. En Extremadura concurren parte de esas condiciones, pero la comparación tiene matices y el escenario es más incierto: Andalucía llegaba a 2018 con un ciclo político agotado, pero Extremadura vuelve a las urnas tras una legislatura inconclusa de apenas dos años.

Madrid y Castilla y León

El caso andaluz no es el único que ilustra los riesgos y oportunidades de mover el calendario electoral. En Madrid, Isabel Díaz Ayuso adelantó al 4 de mayo de 2021 las elecciones que tenían que celebrarse dos años después. Aprovechó un momento político favorable y la debilidad de Ciudadanos, que acaba de anunciar una moción de censura en Murcia. La maniobra le permitió reforzar su liderazgo y ampliar de forma notable la representación: el PP se quedó a cuatro escaños de la mayoría absoluta en la Asamblea de Madrid, que logró finalmente en la convocatoria de las autonómicas del 28 de mayo de 2023.

Isabel Díaz Ayuso celebra su victoria electoral en Madrid.

Isabel Díaz Ayuso celebra su victoria electoral en Madrid. / Eduardo Parra

En Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco trató, sin éxito, de replicar esa fórmula. En diciembre de 2021 disolvió las Cortes y llamó a las urnas para el 13 de febrero de 2022 (tocaba en mayo de 2023, con el resto de regiones) con el objetivo de fortalecer su posición y desprenderse de la dependencia de Ciudadanos. El resultado no fue el previsto: el PP creció, pero no lo suficiente, y quedó obligado a pactar con Vox para mantener la Junta. Un ejemplo claro de cómo un adelanto puede resolver un bloqueo a la vez que generar nuevas ataduras.

Pero si hay un precedente de adelanto electoral fallido es el de Artur Mas. En noviembre de 2012, a mitad de legislatura, el expresident adelantó las elecciones con la expectativa de reforzar su liderazgo en pleno auge del debate soberanista catalán. Presentó los comicios como un plebiscito sobre la independencia de Cataluña y la operación resultó ser un error estratégico: su partido, CiU, quedó debilitado al tiempo que ERC duplicaba diputados. El error de Artur Mas fue, según los analistas, confiar en exceso en las encuestas y la popularidad momentánea.

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