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21D: Elecciones en Extremadura

Expectativas y realidades: el éxito de la polarización

La encuesta anticipa que las formaciones más extremas, Vox y Unidas por Extremadura, podrían ser las que más crezcan en la próxima cita electoral regional

Los candidatos extremeños a la Presidencia de la Junta en el debate celebrado esta semana en Canal Extremadura.

Los candidatos extremeños a la Presidencia de la Junta en el debate celebrado esta semana en Canal Extremadura. / EL PERIÓDICO

Manuel Mostaza Barrios

Politólogo

No es fácil obtener una mayoría absoluta en la Asamblea de Extremadura. Tras el final del bipartidismo, solo Guillermo Fernández Vara lo consiguió en 2019. El sistema electoral, como ocurre siempre, influye también en esta dinámica: para empezar, la provincia de Cáceres está sobrerrepresentada frente a la de Badajoz. La normativa electoral extremeña fija un mínimo de veinte diputados por provincia, repartiéndose los otros 25 en función de la población. Con este esquema, en la circunscripción cacereña resulta más barato obtener un escaño que en la pacense. Si el reparto fuera estrictamente proporcional, Cáceres elegiría 24 escaños (cinco menos de los que elige en la actualidad) mientras que Badajoz se iría hasta los 41 (cinco más). No pasa nada, porque ningún sistema traduce de manera perfecta los votos en escaños; lo importante en un sistema electoral es que todos los actores que compiten lo consideren legítimo, como es el caso. Pero es que, además, al ser las dos circunscripciones muy grandes, no hay una prima clara para la fuerza más votada, como puede ocurrir en territorios como Castilla y León, Andalucía o Castilla-La Mancha, regiones en las que el ganador suele aprovechar que las circunscripciones eligen muchos menos diputados. De esta manera, es difícil que con menos del 45% de los votos se pueda obtener mayoría absoluta en la Asamblea.

Con esta realidad de partida, la encuesta que publica este diario augura una victoria agridulce para el Partido Popular de María Guardiola: los de la calle Adriano ganarían las elecciones y, por primera vez en la historia, sumarían más escaños que las fuerzas de izquierdas en la Asamblea (en 2011 el PP ganó las elecciones, pero la izquierda tenía mayoría en el legislativo). Aun así, se trata de una victoria incompleta, lejos de las expectativas del equipo de la presidenta Guardiola, una presidenta que quedaría lejos de la mayoría absoluta que le permitiría gobernar sin tener que recurrir a Vox. El problema para los populares es que, de acuerdo con la encuesta, tendrían dificultades incluso para mantener los 28 escaños que obtuvieron hace dos años. Este resultado, lejos de las expectativas de la mayoría absoluta, puede obedecer a una lectura errónea por parte del PP de la realidad sociológica de la región: su rechazo explícito a Vox y su intento de captar a votantes desencantados del PSOE fracasa de manera clara según la encuesta. Una constatación de este fracaso es que el PSOE pierde casi tantos votos a favor de Guardiola como a favor de la candidatura de Podemos. Un saldo claramente insuficiente ya que, con esta estrategia centrista, la presidenta Guardiola se deja muchos votos por la derecha: casi uno de cada cinco votantes del PP en 2023, se van ahora a la candidatura de Santiago Abascal.

El PSOE

En el lado de enfrente, los resultados son un desastre para el Partido Socialista, que podría obtener el peor resultado de su historia en unas elecciones autonómicas y conseguir así el grupo parlamentario más exiguo en el antiguo hospital de San Juan de Dios, sede de la Asamblea regional. Para entender lo que significa para el PSOE obtener en torno a veinte escaños, hay que recordar que en año 2007 Guillermo Fernández Vara obtuvo 38 y que, cuando los socialistas pasaron a la oposición en 2011 lo hicieron nada menos que con treinta diputados en su grupo parlamentario. Lastrado por peleas internas, y con un candidato imputado por prevaricación y tráfico de influencias, el escenario no parece el más propicio para los de Pedro Sánchez, tal y como señala la encuesta.

Los dos extremos

Es por eso que la encuesta anticipa que los dos ganadores de la noche electoral pueden acabar siendo los de las dos formaciones más extremas, cada una en un lado del arco político. A la derecha, la formación de Santiago Abascal, con un liderazgo autonómico anecdótico, consolida su crecimiento y dobla su porcentaje de apoyos, pudiendo llegar a los 13 diputados en la Asamblea, consolidándose como tercera fuerza política en la región. Un resultado histórico, por encima del 15% de apoyo electoral, para una formación que hasta 2023 no tenía representación en la Asamblea. Los de la calle Bambú (sede en Madrid) basan su crecimiento en los jóvenes: serían la fuerza más votada entre los menores de treinta años, con un dominio casi hegemónico entre los hombres de esa franja de edad. Hay que tener en cuenta que, de acuerdo con la encuesta, casi uno de cada tres varones jóvenes votará por Vox el próximo domingo; un porcentaje que contrasta, por ejemplo, con el apenas 6% de hombres de esa edad que votaría por la candidatura auspiciada por Pablo Iglesias en la región. A los de Abascal les vino bien salirse de todos los gobiernos regionales: es más fácil no equivocarte si no tienes ninguna responsabilidad de gobierno y todos tus análisis coinciden con los que se hacen en la barra de cualquier bar. En un mundo que gira a la derecha, no hacer nada se ha demostrado como la mejor manera de ir ganando votos poco a poco.

Al otro lado del tablero, la encuesta estima un buen resultado para Unidas por Extremadura, la coalición que, al margen de Sumar, agrupa a las fuerzas de la izquierda y de la extrema izquierda en la región, que podría pasar de cuatro a entre seis y siete diputados en la Asamblea. Una parte del éxito se deberá a su candidata, una Irene de Miguel con una imagen muy superior a la del socialista Gallardo y que genera poco rechazo entre el electorado socialista. Quizá por tratarse de una candidata poco excéntrica para los estándares habituales de la formación liderada con puño de hierro desde Galapagar; un perfil alejado de la Corte (de los milagros) que rodea a los líderes de la formación morada. De Miguel es capaz de atraer a un porcentaje de los votantes desencantados con la sucesión de escándalos en los que lleva años viéndose inmerso el Partido Socialista, tanto a nivel regional como a escala nacional.

Llegan tiempos nuevos y parece que son, como cantaban los Ilegales del recientemente fallecido Jorge Martínez, tiempos salvajes. Tras el fracaso del populismo de izquierdas, una década después es el populismo de derechas el que se prepara para tomar los cielos. A sus líderes, desde luego, con el asalto nos les ha ido nada mal. Otra cosa es el destrozo institucional que están dejando por el camino. Pero esa es otra historia y aquí estábamos hablando de encuestas...

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