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Francisco Fernández Marugán, el 'secundario' de lujo que sostuvo la política económica del PSOE de las mayorías absolutas

Históricos socialistas destacan el carácter conciliador y la bonhomía del cacereño Francisco Fernández Marugán, fallecido en Madrid a los 79 años. Su papel fue clave tanto en la administración pública como la travesía del desierto de un partido asediado por el escándalo de Filesa.

Francisco Fernández Marugán en el Congreso, en una foto de archivo

Francisco Fernández Marugán en el Congreso, en una foto de archivo / Emilio Naranjo / Efe

Marisol López

Marisol López

Pocos de su entorno más íntimo saben apuntar otras aficiones de Francisco Fernández Marugán que no fuera la política y sus desvelos por lo que todo en lo que creía firmemente tomara forma, más allá del papel o el debate político. Si acaso, apunta Francisco Virseda, otro histórico del PSOE que le acompañó como jefe de gabinete durante su etapa como Defensor del Pueblo (2017-2021), en las conversaciones, solo el cine era capaz de arrebatar protagonismo a la actualidad del momento. Y ni siquiera en el terreno de la ficción tenía arrebatos mitómanos, salvo alguno obligado, como el atractivo irresistible de Ava Gardner.

El arquitecto en la sombra

De haberse dedicado al cine, “Paquito” Marugán, como siempre fue cariñosamente conocido y nombrado entre sus compañeros de aventura vital, hubiera sido uno de esos secundarios de lujo, sobre cuyos hombros descansa el éxito de la película, aunque los focos iluminen a otros. Nunca pareció importarle demasiado al que fuera, en realidad, el verdadero arquitecto de las políticas económicas del PSOE de las mayorías absolutas de Felipe González y Alfonso Guerra. De este último, fue amigo íntimo y se sintió identificado con la corriente encabezada por el exvicepresidente del Gobierno y exvicesecretario general socialista entre los años 80-90 del pasado siglo. Tiempos de guerristas y reformadores en el que el partido agotaba su crédito ante la ciudadanía y el debate interno se centraba más sobre método y poder más que sobre concepciones ideológicas antogonistas.

De Suresnes a 1982

Pero eso fue después. En un primer “flash back”, por seguir con terminología fílmica, tenemos a Francisco Fernández Marugán nacido en plena posguerra, el 9 de octubre de 1946 en Cáceres. Dejó Extremadura para estudiar Económicas, aunque nunca olvidó su tierra por la que fue diputado en ocho legislaturas. Se afilió al PSOE aún en la clandestinidad, en 1975. Tan solo un año antes había tenido lugar el histórico XIII Congreso de Suresnes. Su papel como economista fue decisivo, porque, como explica el expresidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra, cuando los socialistas obtuvieron la victoria histórica de 1982, “nosotros no habíamos hecho nunca un presupuesto, nos ayudó a crecer porque teníamos preparación política, no de administración civil”. El cacereño se convirtió en piedra angular tanto por su preparación como por su carácter. “Nunca se levantaba de una mesa sin acuerdo”, coinciden sus dos grandes amigos.

Conciliación y Filesa

Paco Fernández Marugán compartía con su gran amigo Txiqui Benegas (diputado por el País Vasco), el mismo talante conciliador en tiempos en los que se sentaba a negociar con personajes de la talla de Arzallus (PNV) o Roca (ex de la extinta CiU).

Un hombre de números, pero ni frío ni calculador en beneficio propio: “Nunca le importó el dinero, ni buscó salida en empresas o negocios”, señala Virseda.

Bastante tarea fue ya no sólo diseñar la política económica con ministros como Miguel Boyer o Carlos Solchaga. Le tocó también hallar la brújula que recondujera al socialismo español tras los escándalos de financiación ilegal de la llamada “Operación Filesa”, la trama de corrupción que asestó el golpe mortal al PSOE de Felipe González.

Ni en los peores momentos perdió esa bonhomía que mencionan compañeros de parlamento como Demetrio Madrid (expresidente socialista de Castilla y León). Ibarra resalta el carácter conciliador que demostraba en aquellas ejecutivas entre guerristas y reformadores en las que, como miembro de la Federal, Marugán consentía la discrepancia pero “jamás las faltas de respeto, ni a Felipe González, que seguía siendo el secretario general, ni, por supuesto, a Alfonso Guerra”.

Ibarra, Virseda, Madrid, nombres propios de una generación que, pese a las dificultades y los abismos con otros partidos políticos, “buscábamos en el entendimiento, porque no había otra”. Y ahí, en la búsqueda de lugares comunes desde los que construir, estaba siempre Paco Marugán.

Extremadura, campañas y carisma

Su entrada en el Congreso se produce en esa legislatura histórica del 82. Consiguió el escaño por Sevilla en una de tantas operaciones de “cuneros” donde encabezaban listas diputados nacidos fuera de su circunscripción. Ibarra admite que, cuatro años más tarde, "lo ‘robé’ para Extremadura, porque necesitábamos a un hombre como él”. De la mano de Ibarra (y viceversa), ayudó a la construcción de la España autonómica y de la conjugación administrativa en el caso del Estatuto extremeño en particular. “Le gustaban las campañas electorales, estaba en todas. Y eso que no era un buen orador”, bromea Rodríguez Ibarra, sobre el contenido, eminentemente económico de los mítines de Marugán. Francisco Virseda define el carisma de este secundario de lujo como magnético: “Te quedabas con él enseguida”. Será eso lo que explique otra anécdota narrada por Rodríguez Ibarra. “Íbamos a Oliva de la Frontera, donde era recibido con aplausos y a poco no salía en hombros, era muy querido. Por eso ya contábamos con que, en cualquier campaña, el mitin de Oliva lo dábamos Paquito y yo”.

Defensor del Pueblo y la última escena

Tras cerrar el ciclo en el Parlamento, Francisco Fernández Marugán fue durante cinco años adjunto primero del Defensor del Pueblo y sucedió, durante cuatro años, en funciones, a Soledad Becerril cuando la exministra dejó el cargo, entre 2017 y 2021, implicándose, sobre todo, en los problemas de los inmigrantes. “Él decía: ‘no creo en el efecto llamada, sino en el efecto expulsion, los migrantes son personas expulsadas de sus tierras de origen en busca de un lugar mejor'”. Su discurso sigue todavía vigente. Su espíritu conciliador y de respeto al oponente deja un hueco, otro más, en un país que tiene como asignatura pendiente aprender de aquel periodo convulso y, sin embargo, a pesar de sus defectos, fructífero. Podría resumirse en una última anécdota narrada por Francisco Virseda. “El verano que murió Txiqui Benegas, me llamó consternado. Nos reunimos en Madrid y salimos en un mismo coche los dos hacia San Sebastián, al funeral . Yo conducía y llevaba de copiloto Juan Carlos (Rodríguez Ibarra), iban también Alfonso (Guerra) y Eduardo Martín Tobal. Nos paramos a cenar en Vitoria y entonces, nos dimos cuenta de que lo que hacíamos, cinco expolíticos alrededor de una mesa de un restaurante en el País Vasco, jamás lo hubiéramos podido hacer cuando estábamos en activo. O estaríamos rodeados de policía y escoltas por temor a un atentado de ETA”. Los grandes pensamientos, como la libertad, suelen resumirse en pequeños actos. Igual que los mejores papeles en una película no son siempre interpretados por estrellas de renombre. Ahora sí, le toca brillar para siempre a Paquito Fernández Marugán.

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