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Falta de relevo generacional

Cuatro de cada diez trabajadores de la construcción pasan ya de los 50 años en Extremadura

Más de una cuarta parte del total supera los 55

La patronal del sector estima en unos 10.000 empleados las necesidades actuales de mano de obra

Un albañil.

Un albañil.

Lejos de solventarse, la foto que los datos del mercado laboral arrojan sobre la construcción muestran que el problema de falta de relevo generacional en estas ocupaciones va camino de cronificarse. De los 31.400 ocupados en este sector que recogía la última Encuesta de Población activa (EPA), la del tercer trimestre de 2025, 8.100 (casi un 26%) habían cumplido ya los 55 años. Durante los últimos dos ejercicios, en ninguna de las sucesivas ediciones de esta encuesta del INE el peso de este segmento de edad ha bajado del 25% en la construcción, y llegó a rozar el 33% del total en la primera del año.

Es cierto que en este mismo intervalo el total de ocupados extremeños que se mueven en este tramo de edad se ha movido también en unos niveles elevados, muestra del progresivo envejecimiento de la fuerza laboral, pero siempre ha quedado por debajo de este sector, oscilando entre el 22% y el 24%.

Desde la patronal de la construcción CNC Extremadura se viene estimando en unos diez mil trabajadores las necesidades de mano de obra de este sector en la región. Una carencia que se acentúa por la falta de relevo generacional y que afecta a todas las categorías profesionales, si bien tiene una especial incidencia entre perfiles más cualificados, como «los oficiales de primera y los encargados de obra», puntualiza Joaquín Sánchez Chamorro, secretario general de esta organización.

Los trabajadores que se jubilan «suelen tener, obviamente, mucha experiencia, y los nuevos que entran no tienen esas capacidades todavía. Así que, realmente, estamos sustituyendo gente muy formada y muy cualificada por peones», resume. A juicio de Sánchez Chamorro, hay «una necesidad imperiosa» de incorporar trabajadores extranjeros al sector, ya sea «en origen», viniendo desde sus países ya contratados e «incluso formados»; o bien preparando a quienes llegan aquí para que entren a trabajar.

Otro hándicap añadido que menciona este responsable de la CNC en la región es el de la diferencia de salarios con otras comunidades, que hace que «muchos de los que formamos se marchen». Algunos son residentes en la región, que durante la semana van a trabajar fuera, fundamentalmente Madrid. Otros, matiza, son extranjeros que reciben aquí los cursos de formación y que luego acaban yéndose en busca de mejores remuneraciones. «En general, los que ya están aquí establecidos con la familia se quedan, pero otros que vienen más de paso, trabajan un cierto tiempo y después se van a Madrid o incluso a otros países europeos», esgrime.

Un ámbito salarial en el que, arguye, las empresas extremeñas no tienen mucho margen. En la obra privada, subir las nóminas «obligaría a encarecer» la vivienda, al aumentar el coste del proceso constructivo. «Y lo mismo pasa con las licitaciones públicas», donde se tiene la limitación de los costes salariales que se contemplan en estos procesos. Algo que contribuye, asegura, a que «muchísimas licitaciones estén quedando desiertas».

Más al detalle, los datos de la última EPA revelan que, de 31.400 ocupados en el sector de la construcción, 9.000 tienen entre 16 y 39 años; otros tantos de 40 a 49; 8.700 de 50 a 59; y 4.800 han cumplido ya los 60. Es decir, un 43% del total tiene 50 o más años. Ricardo Salaya, secretario general de la Federación de Industria, Construcción y Agro de UGT (UGT FICA) Extremadura, reconoce que el dato es «muy preocupante», al tiempo que recuerda que buena parte de este déficit tiene su origen en la expulsión de trabajadores que se produjo durante la crisis inmobiliaria que arrancó en 2008. Ese año, los menores de 30 superaban el 25% de los ocupados en la construcción en España. El pasado, eran poco más del 10%. Y eso tras haber experimentado un repunte respecto al anterior del 21,2%.

A juicio de Salaya, el problema de que siga sin compensarse este déficit una década después del fin de la gran recesión tiene mucho que ver «con el modelo de formación de los trabajadores en este sector», que ha venido siendo tradicionalmente de aprendizaje. «En el momento en el que se produjo una interrupción, este modelo se rompió y está costando que el de formación reglada se consolide», alega. En cualquier caso, este responsable sindical recuerda que el problema de falta de relevo generacional está muy extendido en otros sectores, especialmente en ocupaciones de este tipo, «que tienen el estigma de ser especialmente duras».

Salaya también hace hincapié el impacto que puede tener este envejecimiento en la siniestralidad y salud laborales. «Nuestro sindicato está reivindicando que se apliquen coeficientes reductores [que permiten jubilarse antes] a la gente que tiene largas carreras profesionales en la construcción, porque en muchos casos padecen secuelas muy duras», arguye.

Pedro Pérez Francés fue gerente de la Fundación Laboral de la Construcción durante cerca de dos décadas (ya jubilado de este cargo, ahora es profesor tutor de Psicología del Trabajo en la Uned). El objetivo de esta entidad, en la que tienen presencia empresas y sindicatos, es profesionalizar el sector y mejorar la seguridad laboral en él.

Como elementos que dificultan la llegada de jóvenes menciona los «estereotipos y expectativas» que genera este sector entre ellos. De un lado, sostiene, lo ven solo como trabajos «duros» y «muy sometidos a las crisis económicas». De otro, lo conocen con muy poco detalle. «Cuando se les pide que enumeren los puestos que conocen en la construcción, citan cuatro o cinco: albañil, fontanero, arquitecto y aparejador. Y ahí se ha acabado, a pesar de que el sector de la construcción actualmente es uno de los más amplios en cuanto a especialidades. Entonces, si no conoces algo, no lo puedes elegir». A eso hay que agregarle que estas empresas «suelen ser pequeñas y las posibilidades de ascenso son limitadas», lo que resta atractivo a incorporarse a ellas.

Sea como fuere, resalta que esto no es una cuestión regional, ni siquiera nacional, sino de ámbito «europeo», lo que hace que se esté presionando muy fuerte hacia una industrialización del sector de la construcción porque no va a quedar más remedio que hacer cada vez más cosas prefabricadas».

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