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El lado trágico de las infraestructuras ferroviarias

La historia negra del tren en Extremadura: más de 50 fallecidos en cinco accidentes graves

Los términos municipales de Villagonzalo, Baños de Montemayor, Bodonal de la Sierra, Villafranca de los Barros y Carmonita han registrado los siniestros

Video | La historia negra del tren en Extremadura

Rocío Muñoz

Mérida

El accidente ferroviario registrado el pasado 18 de enero en Adamuz, con 50 víctimas mortales y más de un centenar de heridos, ha devuelto el tren al centro de la actualidad como sinónimo de tragedia. Bastaron unos segundos, un descarrilamiento, un choque y una vía convertida en escenario de emergencia para recordar que, incluso en pleno siglo XXI, el ferrocarril sigue teniendo una cara oscura que reaparece cuando falla la seguridad o el entorno.

En Extremadura, el tren ha sido históricamente promesa y espera, pero también noticia negra. Tiene algo de columna vertebral y algo de cicatriz: atraviesa la región de norte a sur, cose comarcas, acerca ciudades y, al mismo tiempo, deja puntos marcados para siempre en la memoria. Una curva con nombre propio, un paso a nivel que todos conocen o un tramo donde “siempre se ha cruzado”, aunque no se deba.

La historia del tren en la región, tan ligada a la reivindicación y al retraso crónico de inversiones, también guarda una cara menos contada: la de los accidentes con fallecidos, desde los grandes golpes del primer tercio del siglo XX, cuando un descarrilamiento o un choque podía convertirse en tragedia colectiva, hasta la mortalidad más silenciosa del siglo XXI, hecha de arrollamientos, imprudencias y cruces peligrosos.

A través de la hemeroteca y los registros disponibles, este periódico recorre los siniestros mortales documentados en Extremadura desde el siglo XX hasta hoy, que han dejado más de medio centenar de fallecidos y decenas de heridos. No lo hace para recrearse en el drama, sino para entender cómo ha cambiado el riesgo ferroviario: de la fragilidad técnica y operativa de un tiempo en blanco y negro, a la paradoja actual de un tren más seguro pero un entorno donde sigue habiendo puntos vulnerables.

Carmonita (2010)

El 6 de septiembre de 2010, a las 12.35 horas, se produjo un accidente ferroviario en un paso a nivel provisional por obras situado en el PK 24+420 de la línea 510 Aljucén-Cáceres, entre Aldea del Cano y Aljucén, dentro del término municipal de Carmonita (Badajoz). El siniestro ocurrió en un contexto de trabajos vinculados a la infraestructura de la alta velocidad Madrid-Extremadura-frontera portuguesa, donde se habían habilitado pasos temporales para el movimiento de maquinaria.

Según la investigación técnica, el tren de viajeros 17015 (Renfe) arrolló a un camión dumper que cruzaba por un paso provisional e invadió el gálibo de la vía. El maquinista declaró que hizo señales acústicas y aplicó el freno de urgencia, pero no pudo evitar el impacto. Tras la colisión, el tren descarriló por completo. Los fallecidos fueron Olga Núñez, una joven de 19 años de Mérida que iba en el convoy, y el conductor del vehículo siniestrado Eduardo Durán, que tenía 25 años y era de La Garrovilla. También resultaron heridas 10 personas. 

El informe de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios, señaló como causa principal la invasión del gálibo por el dumper al cruzar el paso sin estar colocadas las 'cadenas' previstas como cierre en ese cruce provisional, y emitió recomendaciones para reforzar el análisis de riesgos y el control de seguridad en este tipo de pasos temporales en obras. El 16 de enero de 2023, se celebró el juicio oral. La fiscalía, acusación particular y defensa llegaron a un acuerdo por el que los cuatro acusados vieron reducida la condena a seis meses de prisión, así como a entre 18 y 34 meses de inhabilitación profesional. 

Durante la celebración de la vista, los cuatro responsables de seguridad de las obras del tren que se estaban ejecutando en el momento del accidente reconocieron los hechos y se mostraron conforme con las penas asignadas. Por otra parte, el Juzgado de lo Penal número 2 de Mérida estableció en concepto de responsabilidad civil el pago de 3.795.809 euros más los intereses legales a Renfe, los diez heridos y los familiares de los dos fallecidos. A esta cantidad, se sumarían los intereses de demora.

Villafranca de los Barros (1961)

El 16 de septiembre de año 1961, hacía las 22.45 horas, el tramo entre Los Santos de Maimona y Villafranca de los Barros (Badajoz) se convirtió en escenario de la tragedia ferroviaria más grave de Extremadura. Un tren de viajeros, el ómnibus nº 1728 de Renfe, que cubría la ruta Mérida–Sevilla, chocó de frente con cuatro vagones cargados de mineral (252 toneladas) que se habían desprendido de un tren de mercancías. El impacto ocurrió a unos cinco kilómetros de la estación villafranquesa. El balance final fue de 16 fallecidos y decenas heridos.

Según la reconstrucción del suceso, el mercancía procedente de la capital extremeña iba impulsado por una máquina a la cabeza de tracción y otra que lo empujaba por detrás, pero sin enganchar. Al coronar la cota entre Zafra y Los Santos de Maimona y retirarse la locomotora de ayuda, esos vagones sueltos comenzaron a bajar en pendiente, atravesaron Los Santos a gran velocidad y se intentó dar la alarma a Villafranca, pero el tren de viajeros ya había salido. El choque se produjo a gran velocidad, con estimaciones de hasta 100 km/h.

Entre los efectos más mortales, las crónicas señalan que el coche de segunda clase llegó a montarse sobre uno de tercera, donde viajaba la mayor parte de las víctimas. Los equipos de socorro, con apoyo de vecinos y Cruz Roja, trabajaron de madrugada entre hierros y madera astillada. El accidente ocurrió en fechas de fiestas patronales en localidades cercanas y, según la crónica local, la noticia corrió “poco antes de medianoche”, con vecinos que regresaban conmocionados y otros que intentaron acercarse a ayudar, incluso se recuerda el estruendo en Villafranca como un sonido reconocible.

Bodonal de la Sierra (1954)

En la madrugada del 2 de agosto de 1954, un tren de la línea Zafra-Huelva sufrió un grave siniestro al derrumbarse el viaducto sobre el río Pedruégano, en las inmediaciones de la estación Los Jarales-Bodonal de la Sierra. La composición, que había partido de la capital onubense la tarde anterior, venía realizando servicio con viajeros hasta Fregenal de la Sierra y continuó después hacia Zafra ya sin pasaje, llevando mercancías y una partida de ganado. Al franquear el puente, la estructura cedió y varios vehículos se precipitaron al vacío desde unos 25 metros, quedando destrozados en el cauce inferior.

Las crónicas de la época sitúan el accidente “después de las tres de la mañana” y ofrecen un balance de 13 fallecidos y un herido grave, la mayoría integrantes de la dotación ferroviaria (jefe de tren, personal de conducción y frenado, mozos y operarios vinculados a la explotación y mantenimiento de la línea), además de al menos un afectado relacionado con el transporte de ganado. El aviso y los primeros auxilios llegaron cuando personal de Vías y Obras detectó el desastre y dio la alarma a las estaciones próximas, movilizándose un tren de socorro desde Fregenal para evacuar al herido y recuperar a las víctimas.

Baños de Montemayor (1926)

El accidente ferroviario de Baños de Montemayor (fechado habitualmente el 29 de abril de 1926, aunque en algunas referencias aparece como el 26 de abril) ocurrió en el tramo de la línea Astorga-Plasencia, entre las estaciones de Baños de Montemayor y Hervás (Cáceres), cuando el tren Correo descarriló “a consecuencia de la rotura de un carril”. La composición volcó en una zona de curvas y terraplén, en las inmediaciones de Hervás, en el paraje conocido como Las Rosas, lo que agravó el impacto en los primeros coches.

La magnitud del siniestro movilizó de inmediato a médicos, vecinos y autoridades locales, mientras se organizaron trenes de socorro desde Madrid, Plasencia y Salamanca con personal facultativo y material sanitario. El balance final de víctimas varía según las fuentes: el listado de referencia más citado recoge cinco fallecidos y 26 heridos, mientras que reconstrucciones basadas en registros locales y prensa de la época hablan de cuatro muertos.

Las fuentes subrayan la confusión de las primeras horas, con recuentos contradictorios en los periódicos. Con el paso del tiempo, el accidente se ha convertido en una de las tragedias recordadas de aquella línea, hoy desaparecida: el trazado de la Ruta de la Plata entre Astorga y Plasencia acabó desmantelándose definitivamente en 1985 y muchas de sus antiguas infraestructuras, como la estación de Baños, permanecen como vestigio del ferrocarril que vertebró la zona durante décadas.

Villagonzalo (1921)

El 12 de octubre de 1921, una tarde marcada por la tormenta, el tren Correo nº 55, que cubría la ruta Badajoz–Madrid, descarriló en las inmediaciones de la estación de Villagonzalo (Badajoz). El convoy avanzaba a baja velocidad al aproximarse a la señal de entrada cuando, en plena lluvia intensa, el terreno cedió y la vía quedó comprometida por un corrimiento asociado al desbordamiento repentino de un arroyo, descrito en las crónicas como una auténtica “manga de agua”.

Aunque el descarrilamiento se produjo sin que el tren marchara rápido, el impacto fue devastador por el efecto en cadena dentro de la composición: el coche de Correos, situado tras la locomotora y el furgón de cabeza, acabó empotrándose y provocó el aplastamiento de varios coches, especialmente los de tercera clase, que eran también los más concurridos. Entre los viajeros había soldados del regimiento Segovia nº 75 que se dirigían hacia Melilla para incorporarse como refuerzo en la guerra de Marruecos, un detalle que ayuda a explicar la elevada ocupación de los vagones más castigados.

El balance oficial recogido entonces fue de 12 fallecidos y 76 heridos, con 31 de gravedad y 45 leves, una cifra que convirtió el siniestro en uno de los episodios ferroviarios más trágicos de la Extremadura de la época. Las mismas fuentes señalaron que la mayoría de las víctimas mortales viajaban en el primer coche de tercera afectado, y que los fallecidos recibieron sepultura en el municipio, mientras el resto de la composición sufrió daños comparativamente menores.

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