Historias de vida
Una familia extremeña en la histórica nevada que ha paralizado Nueva York: "Nos han cancelado el vuelo, pero es impresionante ver Times Square sin coches"
La periodista Alba Baranda relata su experiencia en primera persona desde la Gran Manzana, donde la nieve declaró el domingo el estado de emergencia

@albaalajillo
La ciudad de Nueva York declaraba este domingo el estado de emergencia ante la peor tormenta de nieve en una década. El temporal obligó a prohibir el tráfico rodado, cerrar colegios y cancelar vuelos para minimizar los efectos de una nevada histórica que deja imágenes inéditas de la ciudad prácticamente paralizada.
Entre los afectados se encuentra una familia extremeña que ha viajado por turismo y que ahora permanece atrapada al otro lado del Atlántico. La periodista gastronómica Alba Baranda, su madre, el marido de ésta, y su hermana, llegaron el 18 de febrero a la Gran Manzana en un viaje que, confiesa, fue un regalo de Reyes.
"Creo que Nueva York hay que verla alguna vez en la vida. No lo elegí yo, fue un regalo porque hacía mucho que no hacíamos un plan grande juntos. Y la verdad es que me está fascinando", cuenta.

Fotogalería | Una familia extremeña en la histórica nevada de Nueva York /
Una tormenta inesperada
La familia se hospedaba en un hotel en la planta 44, en pleno Times Square, desde donde han vivido las horas más intensas del temporal. "Nos confinaron porque cortaron el tráfico y todo. Era impensable ver Times Square sin coches. Es impresionante", relata Alba. Desde las alturas, la escena era casi irreal: la nieve avanzaba en todas direcciones empujada por el viento, cubriendo por completo una de las imágenes más icónicas de la ciudad. "Era como estar dentro de una bola de nieve", describe.
"El día 22 empezaron los avisos más serios. Nos saltaron alarmas en los móviles alertando del temporal. Y por la tarde-noche prácticamente nos confinaron en el hotel porque cortaron el tráfico rodado. Era impensable ver Times Square sin coches. Impresionante", relata.
Cuando al día siguiente pudieron salir, se encontraron con cerca de medio metro acumulado en algunas zonas. "Era muy difícil andar, había muchísimos charcos, acabamos chorreando, pero también fue bonito ver otra cara de la ciudad", reconoce la comunicadora extremeña.

La periodista Alba Baranda en Nueva York / A. B.
Vuelo cancelado
El mayor contratiempo llegó antes de que la nevada alcanzara su punto álgido. El domingo por la mañana recibieron un correo electrónico de Iberia comunicando la cancelación de su vuelo de regreso, previsto para el día 23 por la tarde.
"El mensaje nos llegó mientras estábamos en un concierto de góspel que duraba dos horas. Cuando salimos ya estaba empezando a nevar, aunque todavía era soportable. Intentamos llamar para buscar alternativas y tardamos 23 horas en que alguien nos cogiera el teléfono. Las líneas estaban saturadas", explica Alba.
La respuesta fue clara: debían buscar alojamiento por su cuenta hasta una nueva reubicación. Finalmente, les han asignado plaza en otro vuelo el día 26, tres días más tarde, ante la avalancha de cancelaciones -más de 5.000 en todo el país- que ha dejado a miles de pasajeros en tierra.

Un vehículo cubierto de nieve en la Gran Manzana. / A. B.
Esta prolongación de la estancia les ha supuesto un trastorno logístico. "No teníamos ropa interior suficiente, hemos tenido que lavar como hemos podido. Tuvimos que posponer el taxi en Madrid, ampliar el seguro del coche que dejamos en el aparcamiento… Son pequeños detalles que se convierten en un problema cuando no sabes cuándo vuelves", cuenta.
A ello se suma el tema laboral. Tanto Alba como el resto de la familia tienen compromisos aquí. "Mi hermana había hecho una entrevista de trabajo antes de venir y estaba pendiente de incorporarse ya. Los demás también trabajamos. Todo se ha tenido que aplazar", resume.
Supermercados vacíos
La tormenta ha dejado estampas poco habituales en la ciudad que nunca duerme. "Ver un Starbucks cerrado o un McDonald’s cerrado en pleno Nueva York era impactante", afirma. Muchos restaurantes y tiendas bajaron la persiana y los supermercados se llenaron en cuestión de horas. "No había agua ni productos básicos. Se notaba que se estaban agotando. Tuvimos que comprar lo que encontramos para comer en el hotel y prácticamente hemos perdido un día entero encerrados".
Este martes, con el cielo despejado pero temperaturas aún más bajas -sensación térmica de hasta -9 grados, la familia intenta retomar el espíritu del viaje. "Hace muchísimo frío, pero por lo menos ha salido el sol y vamos a aprovechar para hacer actividades bien abrigados. La ciudad tiene infinitas cosas que ofrecer".
Aun así, hay incertidumbre. "Tenemos un poco de miedo de que vuelvan a cancelar el vuelo del día 26 porque parece que puede volver a nevar, aunque no tan fuerte". Pero Alba se queda con la experiencia: "Nunca había visto una tormenta de nieve así. Fue bastante impresionante. Dentro del caos, hemos vivido algo histórico", concluye la periodista extremeña.
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