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Dos pueblos marcados

Día de las personas desaparecidas: los casos de Francisca Cadenas y Rosalía Cáceres siguen sin respuesta en Extremadura

Extremadura conmemora este 9 de marzo el Día de las Personas Desaparecidas sin causa aparente, mientras las familias siguen esperando avances en dos de los casos que más han conmovido a la región

Imágenes de carteles y marchas en la búsqueda de Francisca Cadenas y Rosario Cáceres.

Imágenes de carteles y marchas en la búsqueda de Francisca Cadenas y Rosario Cáceres. / El Periódico Extremadura

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Cáceres

Son dos de las desapariciones que más han marcado a la sociedad extremeña en la última década. Dos pueblos pequeños, dos mujeres conocidas por todos, dos mañanas y noches que se quebraron sin explicación. Nueve años después en Hornachos y casi seis en Bohonal de Ibor, la pregunta sigue siendo la misma, qué fue lo que ocurrió.

Con la llegada del 9 de marzo, Día de las Personas Desaparecidas sin causa aparente, los nombres de Francisca Cadenas Márquez y Rosalía Cáceres Gómez vuelven a resonar en Extremadura. El paso del tiempo no ha traído respuestas públicas que permitan cerrar la herida en sus familias ni en los municipios donde desaparecieron.

En la región sus nombres no son solo dos casos sin resolver. Son conversaciones en la puerta de casa, carteles pegados en farolas y aniversarios que se repiten sin avances.

Francisca Cadenas: un callejón de 50 metros

Es una de las desapariciones más extrañas de los últimos años. Francisca Cadenas, una mujer de 59 años, madre de tres hijos, salió con lo puesto de su casa en Hornachos (Badajoz) sobre las once de la noche del 9 de mayo de 2017. Iba a acompañar hasta el coche a unos amigos, una pareja que había dejado a su hija al cuidado de la mujer.

El trayecto, de apenas 50 metros, era tan corto que Francisca incluso dejó la puerta de su vivienda abierta y avisó a su hijo de que en cuanto volviera le prepararía la cena. Pero nunca regresó. Su rastro se pierde en un callejón a menos de veinte pasos de donde vivía, en una localidad de poco más de 3.000 habitantes.

Tras la desaparición, la Guardia Civil de Badajoz investigó en su entorno más cercano y no encontró nada inquietante. Aquella noche dejó en casa su teléfono móvil, la documentación y el monedero. La familia insistió desde el principio en que la ausencia no era voluntaria. Las pesquisas se centraron en las últimas personas que la vieron: el matrimonio al que acompañó hasta el coche, que declaró haberla dejado entrando en el callejón anexo a su vivienda, y un temporero que aseguró haberse cruzado con ella cuando regresaba a casa.

Hornachos se concentra en el octavo aniversario de la desaparición de Francisca Cadenas.

Hornachos se concentra en el octavo aniversario de la desaparición de Francisca Cadenas. / A. Castaño

Según su testimonio ante los agentes, la vio caminar por la otra acera hacia su domicilio y la saludó antes de que se adentrara en la calleja. Fue investigado en un primer momento y posteriormente descartado tras comprobarse su coartada, ya que poco después estuvo en un bar del pueblo con varios vecinos.

La familia ha sostenido durante estos años que en esos últimos minutos está la clave. También ha señalado que las tres personas que la vieron aquella noche abandonaron el municipio poco tiempo después.

La Guardia Civil indagó igualmente en la posibilidad de que alguien ajeno al pueblo pudiera estar implicado. Varios vecinos alertaron de la presencia de un vehículo sospechoso de madrugada, a unos 350 metros de la vivienda. La matrícula fue facilitada a los agentes, que comprobaron la pista y la descartaron.

Dos agentes de la UCO de la Guardia Civil en la calle Hernán Cortés de Hornachos (Badajoz) donde fue vista por última vez Francisca Cadenas.

Dos agentes de la UCO de la Guardia Civil en la calle Hernán Cortés de Hornachos (Badajoz) donde fue vista por última vez Francisca Cadenas. / Antonio Castaño

Durante meses se organizaron batidas rurales por los alrededores del municipio, ubicado en la ladera de una montaña, entre olivos y encinas. Se rastreó el monte, un pantano cercano y viviendas deshabitadas, algunas con sótano. No hubo resultado.

La causa fue archivada judicialmente en 2019. Años después, y tras la insistencia pública de la familia, el caso pasó a ser revisado por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, que anunció que analizaría de nuevo todas las pruebas para buscar posibles nuevas líneas de investigación.

Dentro de esa revisión, la UCO regresó el pasado lunes a Hornachospara recrear sobre el terreno los últimos movimientos de Francisca Cadenas la noche de su desaparición. Durante más de una hora y media, los agentes reprodujeron las escenas que se vivieron aquel 9 de mayo de 2017 en las calles donde se perdió su rastro. La familia conoció la diligencia apenas media hora antes de que comenzara y ha recibido esta actuación con esperanza, aunque sin generar expectativas tras años sin avances concluyentes.

Rosalía Cáceres: la última señal del móvil

El 24 de mayo de 2020, a las 8.00 horas, Rosalía Cáceres Gómez, de 74 años, viuda, madre de cinco hijos y natural de Bohonal de Ibor aunque residente en Madrid, salió de su domicilio en la calle San Bartolo para pasear como hacía habitualmente. Vestía ropa cómoda, llevaba gafas, sombrero, el teléfono móvil y una mochila con agua y crema solar.

Conocía bien la zona y solía alternar dos recorridos. Uno discurría hacia el pantano de Valdecañas, en la zona conocida como el Rosal, donde había una playa en la que podía bañarse con seguridad. El otro terminaba saliendo a la carretera por distintos puntos, en un espacio delimitado por el río Ibor, el propio pantano y la vía asfaltada.

Fotografía de archivo de una marcha en recuerdo de la vecina de Bohonal de Ibor. Rosalía Cáceres, en el círculo.

Fotografía de archivo de una marcha en recuerdo de la vecina de Bohonal de Ibor. Rosalía Cáceres, en el círculo. / El Periódico

Aquella mañana introdujo una variación tras preguntar a una vecina cómo llegar a comprar el pan por otro camino. En torno a las 10.30 horas se cruzó con un ganadero en la zona del Azuche. Según relató posteriormente este vecino, la saludó con normalidad y no percibió nada extraño.

Durante la mañana mantuvo varias llamadas telefónicas con uno de sus hijos y con una prima. La cobertura en esa zona es irregular, pero en ninguna de las llamadas manifestó estar desorientada. A las 13.30 horas aseguró que estaba tranquila, con los pies en el pantano, y que regresaría a casa. Poco después volvió a hablar por teléfono y explicó que estaba subiendo una cuesta con pendiente. A las 13.55 horas el terminal dejó de dar señal. No volvió a activarse.

La alerta movilizó a centenares de vecinos y a un amplio dispositivo formado por agentes de la Guardia Civil, helicópteros, drones, perros, buceadores y voluntarios. Durante semanas se rastrearon senderos, barrancos y márgenes del río en un terreno abrupto y de difícil acceso.

La principal hipótesis policial ha apuntado a una posible desorientación en una zona peligrosa próxima al Azuche y al entorno donde el río desemboca en el pantano. La última localización del móvil, captada por antenas de la zona, sirvió como punto de partida para delimitar las búsquedas. La familia ha planteado dudas sobre esa reconstrucción y ha reclamado que se sigan explorando todas las posibilidades.

La memoria como resistencia

Nueve años después en Hornachos. Casi seis en Bohonal de Ibor. Sin pruebas concluyentes, sin cuerpo, sin una explicación oficial que cierre el círculo.

El viaje a Córdoba en la antesala del 9 de marzo tiene, para ambas familias, un sentido claro: recordar que detrás de cada estadística hay nombres propios y que la desaparición sin causa aparente no termina cuando se apagan los focos mediáticos.

En Extremadura, Francisca y Rosalía siguen siendo dos preguntas abiertas. Y mientras no haya respuestas, sus entornos insisten en lo mismo: verdad, justicia y memoria.

Qué ocurre cuando una persona desaparece

Cuando se presenta una denuncia por desaparición, no es necesario esperar 24 horas, tal y como recuerdan fuentes policiales. Desde el primer momento, la Policía Nacional activa un protocolo de búsqueda que se adapta a las circunstancias del caso.

Entre las primeras actuaciones se incluyen la recopilación de datos personales, la última localización conocida, las circunstancias de la desaparición y la revisión de cámaras de seguridad, transportes y registros hospitalarios. En función de la valoración del riesgo (edad, estado de salud, posibles situaciones de vulnerabilidad), el caso puede catalogarse como desaparición de alto riesgo, lo que intensifica los medios empleados. Además, se mantiene una coordinación constante con otras fuerzas de seguridad, servicios de emergencia y, cuando es necesario, con cuerpos especializados.

De hecho, en 2019 se aprobó una instrucción con motivo del Día de las personas desaparecidas sin causa aparente para actualizar las pautas de actuación con un nuevo protocolo. Todo ello actualiza la instrucción de 2009, que se perfeccionó con las recomendaciones que realizó la comisión del Senado. En ella se incluyó la creación de "coordinadores provinciales" de la Guardia Civil y la Policía Nacional para centralizar la información sobre las desapariciones, una de cuyas misiones es informar a las familias del avance de las investigaciones.

Al mismo tiempo, se pusieron en marcha las "valoraciones de riesgo" para los desaparecidos, de forma que, con independencia del caso, las Fuerzas de Seguridad cuentan con indicadores para ver si es necesario reforzar sus pesquisas en un determinado expediente por las características del mismo. Estos marcadores permiten a los agentes determinar los casos más urgentes por variables como si la persona a la que se busca tiene problemas psicológicos o ha sufrido malos tratos. También se lanzó la web del Centro Nacional de Desaparecidos (Cndes), en la que se incluyen fotos de las personas que en la actualidad en España están consideradas oficialmente como desaparecidas.

Junto a la labor policial, existen organizaciones especializadas que colaboran en la localización de personas desaparecidas. Entre las más conocidas se encuentran SOS Desaparecidos, ANEDES o asociaciones locales de voluntariado, que ayudan en la difusión de imágenes, la organización de batidas y el apoyo a las familias.

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