Proyecto europeo SenForFire,
Incendios controlados en Gata: un laboratorio a cielo abierto para probar sensores contra los grandes fuegos
Las quemas experimentales en Santibáñez el Alto permiten testar nuevas tecnologías para detectar incendios en sus primeras fases y anticipar el riesgo
Tras un verano de 2025 sin precedentes, la tecnología más previsora pide paso

Un sensor para árboles, que avisa de la presencia de humo. Ya se han instalado en distintos municipios extremeños. / Cedida
La Sierra de Gata se ha convertido en un banco de pruebas real para una de las grandes preocupaciones de Extremadura: los incendios forestales. Una dehesa boyal de Santibáñez el Alto ha acogido estos días quemas controladas dentro del proyecto europeo Sudoe SenForFire, que busca mejorar la detección temprana del fuego mediante sensores avanzados.
Durante la jornada, investigadores, técnicos y brigadas forestales han llevado a cabo diferentes quemas experimentales con el objetivo de validar tecnologías en condiciones reales. El ensayo ha consistido en la quema secuencial de nueve montones de “escoba blanca” (Cytisus multiflorus), una especie muy común en el suroeste peninsular, a lo largo de unas tres horas y con intervalos de entre 15 y 20 minutos.
Sensores en el monte
El despliegue técnico ha incluido una red de unos 30 nodos de sensores distribuidos por la zona, capaces de monitorizar gases como el monóxido de carbono (CO) y el dióxido de nitrógeno (NO2), así como compuestos orgánicos volátiles y partículas en suspensión.
Los datos obtenidos han permitido evaluar dos líneas tecnológicas. Por un lado, microsensores de alta sensibilidad desarrollados por centros de investigación del CSIC y, por otro, prototipos de bajo coste y bajo consumo diseñados por la Universidad de Extremadura, pensados para una implantación más amplia en el territorio.
Anticiparse al riesgo
De forma paralela, también se han instalado sensores para medir el estado hídrico del suelo, una variable clave para entender la humedad de la vegetación y el riesgo de ignición. Estos dispositivos registran temperatura, contenido de agua y potencial hídrico del terreno.
En el desarrollo de las pruebas han participado equipos especializados como la BRIF, el EPRIF y el EPAIF, junto a personal investigador del Instituto de Ciencias Forestales.
Tecnología frente al fuego
El proyecto SenForFire, enmarcado en el programa europeo Interreg Sudoe y con horizonte hasta 2027, trabaja en el desarrollo de una red de sensores de bajo coste capaces de medir humedad, detectar gases asociados al fuego y alertar de la presencia de humo incluso desde los árboles. La iniciativa, en la que participa la Universidad de Extremadura, incorpora además herramientas de inteligencia artificial para interpretar los datos y anticipar riesgos.

Miembros del equipo de la UEx vinculados al proyecto 'SenForFire'. / Uex
Las pruebas ya se han extendido a municipios como Jerez de los Caballeros, Coria o Cañaveral, donde se han instalado dispositivos tanto en el suelo como en altura. El sistema sigue en fase de mejora, con nuevos prototipos, mayor cobertura y soluciones energéticas autónomas, con el objetivo de consolidarse como una herramienta eficaz de prevención ante incendios cada vez más intensos.
Un verano trágico
El verano de 2025 dejó en Extremadura un balance especialmente severo de incendios forestales, con 50.089 hectáreas quemadas durante la época de peligro alto, muy por encima de la media del último decenio. Fue el ejercicio de mayor número de siniestros de la serie reciente, con 17 grandes incendios forestales y un fuerte peso de los fuegos de nivel 1. La mayor parte de la superficie afectada correspondió a pastos, dehesas y matorral, aunque también ardió una parte relevante de masa arbolada. Cáceres concentró cerca de dos tercios de la superficie calcinada.
Los incendios más graves se localizaron en Jarilla, con más de 16.500 hectáreas en el balance autonómico y una estimación posterior de 17.367 hectáreas; en Llerena, con 5.849 hectáreas; en Cáceres, con 3.703; y en Caminomorisco, con unas 2.700-2.800 hectáreas según las distintas referencias oficiales. En el caso de Jarilla, ha sido catalogado como el mayor incendio registrado en la comunidad.
En términos de daños, el golpe no fue solo ambiental. El propio decreto autonómico de ayudas describió una afectación directa sobre monte, cultivos y pastos, con destrucción de zonas de valor ecológico y productivo e impacto sobre la vida cotidiana de la población rural. También hubo serias pérdidas para el turismo rural: cancelaciones, caída de ingresos y deterioro de infraestructuras, con impacto en alojamientos rurales, restauración, guías de naturaleza y empresas de turismo activo.
Por todo ello,lLas actuaciones realizadas en Santibáñez el Alto reflejan la doble estrategia del proyecto: detectar el fuego en sus primeras fases y anticiparse a su aparición mediante el seguimiento continuo del entorno forestal. El objetivo final pasa por mejorar la gestión del riesgo de incendios en el espacio Sudoe, especialmente en territorios vulnerables como el norte de Extremadura.
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